A día de hoy resulta impensable concebir un Badajoz sin su Casco Antiguo. Se ha convertido en un auténtico imán que atrae a personas tanto de la ciudad como de fuera de ella, gracias a una agenda que nutre con frecuencia el ocio de sus visitantes a través del entretenimiento, la cultura o la gastronomía. Sin embargo, si existiera la posibilidad de viajar en el tiempo poco más de treinta años atrás, el panorama sería radicalmente distinto. Por aquel entonces, el Casco Antiguo era un lugar señalado, de dudosa reputación, más recomendable de evitar que de visitar. Así lo corroboran vecinos que han pasado allí toda su vida.
«Antes de poner la comisaría nadie quería subir a San Juan. Me daba miedo pasar por allí. Y eso que antes era una de las calles más bonitas de Badajoz», recuerda Ana Isabel González, vecina que ha vivido gran parte de su vida en la calle Bravo Murillo. En la misma línea se expresa Sergio Pereira, propietario de Casa Espada: «Yo tenía amigos que no habían pisado el Casco Antiguo en su vida. Ni siquiera la Plaza Alta».

El punto de inflexión llegó a mediados de los años noventa con la llegada de los fondos europeos —el conocido Plan Urban—, que el Ayuntamiento de Badajoz, junto a aportaciones de la Junta de Extremadura y de la propia administración local, destinó a una profunda transformación urbana. Un barrio que entonces se encontraba prácticamente en ruinas comenzó a cambiar su fisonomía hasta alcanzar un aspecto radicalmente distinto. «Una de las zonas donde más se notó el cambio fue la Plaza Alta. Eso permitió atraer mucho turismo. Antes nadie subía a la Alcazaba y ahora es habitual», rememora Fernando López, vecino del corazón del Casco Antiguo.

Conservación y mantenimiento
Fue en 1995 cuando comenzaron las obras que marcarían un antes y un después en el Casco Antiguo de Badajoz. Tras las distintas fases del Plan Urban, que se consolidaron a comienzos del nuevo milenio, la labor de las administraciones se ha centrado en conservar las infraestructuras existentes y en buscar nuevas fórmulas de inversión. «Los espacios ya regenerados se mantienen con los servicios propios del Ayuntamiento. Se realizan obras de mantenimiento periódicas. Recientemente se han licitado actuaciones en Vasco Núñez y Muñoz Torrero, que, tras muchos años, necesitaban una nueva intervención. Cada vez que actuamos en una calle, también renovamos saneamiento y abastecimiento. Si se hace una inversión importante y luego se abandona, todo acaba deteriorándose», explica el concejal de Urbanismo, Carlos Urueña.
Nuevas ayudas y actuaciones
Tras el primer Urban, hubo que esperar cerca de dos décadas para la llegada de nuevos fondos europeos. «En los últimos años se ha invertido muchísimo en el Casco Antiguo. Gracias a los fondos EDUSI se han realizado actuaciones clave, como la rehabilitación del Palacio de Godoy, la iluminación integral de la Alcazaba o la intervención en San Pedro de Alcántara. También la calle Estadium, aunque esté en el límite del barrio, ha cambiado por completo la fisonomía de la zona», añade Urueña.
Uno de los cambios más visibles de esta última etapa ha sido la implantación progresiva de la plataforma única en numerosas calles del barrio. «Desde 2019 hemos invertido más de diez millones de euros en prácticamente todo el Casco Antiguo. Basta con pasear por él para comprobar que no tiene nada que ver con lo que era antes. Queríamos devolver el espacio al peatón y crear calles accesibles que faciliten la vida a personas mayores, familias con carritos o con problemas de movilidad», señala el edil.

A pesar de los beneficios en accesibilidad, algunos comerciantes reconocen verse perjudicados por la reducción de plazas de aparcamiento. «La plataforma única me parece una maravilla, pero la eliminación del estacionamiento se está convirtiendo en un problema serio. Hay negocios a los que les cuesta salir adelante», advierte Sergio Pereira, desde su establecimiento en la calle Francisco Pizarro. Una preocupación que ya ha llegado al Ayuntamiento. «Con fondos propios se va a construir un aparcamiento para paliar la falta de estacionamiento, uno de los principales problemas del Casco Antiguo debido a la estrechez de sus calles. Buscamos constantemente soluciones para que vivir y acceder a esta zona sea lo más sencillo posible», responde Urueña.
El concejal, que subraya la importancia de «escuchar siempre las demandas y reivindicaciones de todos los colectivos que forman parte del Casco Antiguo», también se refirió a uno de los proyectos más esperados por los vecinos: la regeneración del Campillo. «Será la mayor intervención de regeneración urbana realizada en Extremadura. Afectará a unas 70 viviendas y dará lugar a una de las zonas más atractivas del Casco Antiguo, junto a la Alcazaba, la Plaza Alta y la Plaza de San José», asegura.

Vivienda y nuevos recursos
Tras los grandes programas europeos como el Plan Urban y los fondos EDUSI, el Casco Antiguo se prepara para recibir nuevas inversiones ya adjudicadas de forma provisional. «Con los fondos EDIL se actuará en el Convento de Bravo Murillo, con cinco millones de euros que se sumarán a otros cinco aportados por el Ayuntamiento, alcanzando una inversión total de diez millones de euros para su rehabilitación», detalla el concejal de Urbanismo.
Más allá de la rehabilitación y el mantenimiento, tanto desde el Ayuntamiento como desde el vecindario coinciden en que el futuro del Casco Antiguo pasa por volver a llenarlo de vida. «Hay que facilitar el acceso a la vivienda. Si llega gente nueva, el barrio crecerá y atraerá más movimiento. Es necesario reducir la burocracia y ofrecer más facilidades», sostiene Fernando López.
«Estamos impulsando vivienda protegida, libre pero a precios asequibles. Eso anima a la gente a instalarse y a hacer ciudad. La administración puede hacer mucho, pero si la ciudadanía no quiere vivir aquí, es muy difícil que el barrio se recupere por completo», concluye Urueña.

Patrocinado por el Ayuntamiento de Badajoz.
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