Cuando el corazón de Badajoz volvió a latir

Las intervenciones realizadas a partir de 1995 en el Casco Antiguo gracias al Plan Urban llenó de nuevos habitantes, comerciantes y estudiantes una zona que parecía condenada al ostracismo y que ahora es referente de toda una ciudad

02 de enero de 2026 a las 18:07h
Puerta del Capitel, con arco de herradura de la época almohade,  que da acceso a la Alcazaba árabe de Badajoz. / CM
Puerta del Capitel, con arco de herradura de la época almohade, que da acceso a la Alcazaba árabe de Badajoz. / CM

Es posible que el término ‘Urban’ no esté demasiado extendido dentro del glosario que resuena en el imaginario colectivo de los pacenses. Especialmente, si se apela a la ciudadanía de corta edad –y también a una buena parte de los que ya hace tiempo que entraron en la adultez–.Lo que sí que resulta casi imposible es no haber oído alguna vez una de esas historias del pasado sobre el Casco Antiguo de Badajoz en las que se compara el antes y el después mientras se pasea por algunas de las principales calles y plazas de esta zona. Y es que ahora se cumplen 30 años de ese término nombrado al principio, el Plan Urban, que sirvió para cambiar este icónico barrio de los pies a la cabeza y de darle una oportunidad a una nutrida parte de la población le resultaría impensable. 

Fue en 1995 cuando comenzaron las primeras intervenciones en el Casco Antiguo gracias a los más de 2.000 millones de pesetas –en torno a 14 millones de euros– que llegaron procedentes de una subvención europea. Este montante, unido a los otros cuatro millones reunidos por el Ayuntamiento de Badajoz, sirvieron para que el que muchos consideraban el corazón de Badajoz pudiera volver a latir. «Las obras más recordadas de ese Plan Urban fueron la rehabilitación de la Plaza Alta o la construcción de la vía rápida que permitía llegar también a esa misma zona desde San Roque. A eso hay que añadir el parking de Santa María y el museo. También se hicieron el edificio de servicios sociales, una rehabilitación de fachadas y se iluminaron las murallas», recuerda el ahora titular de Urbanismo del Ayuntamiento de Badajoz, Carlos Urueña.

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Plaza Alta de Badajoz antes de la intervención del Plan Urban a partir de 1995. / JOSÉ Mª BALLESTER (AFE)

«Fue un punto de inflexión»

Y es que estas intervenciones provocaron, de forma paulatina, un efecto dominó que sirvió para que nuevos vecinos se instalaran en la zona. «Se hicieron unas grandes inversiones para arreglar unas calles que estaban muy abandonadas. Fue un punto de inflexión porque el barrio tenía un problema importante de droga y todo lo que lleva alrededor. Era incompatible convivir con esa forma de vida», destaca Sergio Pereira, propietario de Casa Espada, un negocio que tiene una estrechisima vinculación con el Casco Antiguo, tanto en sus anteriores localizaciones en la calle San Juan, como en su actual ubicación, situada en Francisco Pizarro. «El barrio estaba destrozado. Veías casas derrumbadas o paredes pintadas. Ahora te da otra sensación y se respira más tranquilidad», añade.

A pocos metros de Casa Espada hoy en día se encuentra La Cubana, otro de los lugares más emblemáticos del Casco Antiguo que cuenta su historia desde 1890. «Yo era uno de los que pensaba que este barrio no tenía solución. Gracias a lo que hicieron, se revitalizó mucho la zona», relata Antonio Martínez, actual gerente de este establecimiento. El propio Martínez no oculta que hubo un antes y un después de las obras del ‘Urban’. «Si hay gente por la calle, hay negocio. Se notó un gran cambio a raíz de las actuaciones que hicieron. Empezó a venir gente a consumir. Poco a poco se hacía más rentable estar en el Casco Antiguo», apunta.

Plaza Soledad
Plaza de la Soledad en Badajoz, con el edificio de La Giralda al fondo. / CM

El papel de vecinos y comerciantes

Y es que si hay alguien que conoce de primera mano la evolución que tuvo el vecindario a partir de 1995 son los propios comerciantes. Quique Nogales, que trabaja en la Mercería Juan Pedro, situada en la parte alta de la calle Virgen de la Soledad, rememora con alivio las actuaciones del Plan Urban. «Hubo un puñado de locos a los que se les metió algo en la cabeza. Se les ocurrió decir que este barrio iba a salir adelante pasara lo que pasara. Afortunadamente, llegó ese dinero que se pudo emplear en mejorar una zona a la que le hacía mucha falta», comenta. Pese a haber transcurrido ya más de 30 años, Nogales tiene aún muy presente en su mente el estado anterior del Casco Antiguo y todo lo que el Plan Urban supuso. «Yo he vivido toda la vida en este barrio. El estado de la Plaza Alta presentaba un acentuado deterioro y le dio una vida a los edificios e infraestructuras más emblemáticas que antes, desde luego, no tenían», asegura.

Pero dentro de esa dinámica reformista y rehabilitadora, los comerciantes no son los únicos actores protagonistas, ya que en numerosas ocasiones también son los propios vecinos que residen en el Casco Antiguo los que participan en este lavado de cara con reformas integrales de sus casas. Y es que no es solo el interior de las viviendas el que se cambia, también las fachadas que conforman parte del amplio mosaico de las calles de la barriada. «Una vez que se rehabilitan las calles, también los dueños de las viviendas buscan hacer lo propio. A la gente le gusta mucho su Casco Antiguo. Le gusta mucho vivir aquí. Era necesario el empujón de las administraciones para que la vida pudiera volver a rodar», argumenta Carlos Urueña.

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Interior de la Alcazaba, con la escalera de acceso a la Facultad de Documentación y Comunicación. / CM

Una Alcazaba universitaria: el balón de oxígeno definitivo

Pero el cambio en el Casco Antiguo no puede entenderse sin el nuevo papel que vivió La Alcazaba como inesperado escenario universitario, acogiendo la facultad de Ciencias de la Documentación y la Comunicación de la Universidad de Extremadura en la Plazuela Ibn Marwan. «La facultad tuvo un papel fundamental en el Casco Antiguo. A día de hoy creo que lo sigue teniendo. Antes la gente no pasaba del ayuntamiento para adentrarse en el barrio. Subir a la Plaza Alta era una quimera. La gente tenía miedo a venir al centro neurálgico de la ciudad», declara Daniel Martínez, antiguo alumno y profesor y actual decano de esta facultad. «Poner aquí la facultad fue una estrategia arriesgada, pero con el tiempo se vio que fue una decisión acertada. Se sacó a una titulación del campus para ponerla en la alcazaba. Se ha visto con el tiempo que ha llenado de vida el Casco Antiguo», añade.

Pero además de los propios profesores, estudiantes y demás usuarios de la facultad, son los propios vecinos los que agradecen la presencia de esta titulación en el corazón de la capital pacense. «Los estudiantes nos dan mucho al barrio. Menos mal que al final no la quitaron. Se ve movimiento de gente. Alquileres. Es una juventud que aporta mucho movimiento», asevera Fernando López, vecino del Casco Antiguo. Y es que hubo durante varios años un debate que podría haber dejado sin universidad y sin estudiantes al barrio para llevarse las carreras al campus universitario. Finalmente, sí que hubo obras en el propio edificio universitario, en el que se prescindió del famoso ‘cubo’, pero finalmente pudieron quedarse. «La gente se movilizó para que la facultad se quedara en el Casco Antiguo. Sentía que ya éramos parte del barrio y pensaba que si nos marchábamos, la zona iba a volver a decaer», declara Daniel Martín, decano de la facultad. 

Y es que el hecho de acoger a estudiantes tiene, no solo la intención de acercar a personas y dar vida a la zona, si no también de intentar reducir la marginalidad que reinaba en el Casco Antiguo. «La facultad le terminó de dar vida al barrio. Es gente que sube y que baja. Que se toma un café. Al final, eso se traduce en mucha gente en la calle en el día a día y esto ayudó también a ver menos escenas de trapicheos de droga por la calle. Porque la gente que hace eso busca esconderse un poco y no ser vistos por nadie. Al pasar tantas personas por la calle y llegar los turistas, hace que todo se vaya rehabilitando poco a poco», indica Carlos Urueña, concejal de Urbanismo pacense.

Vida, cultura y ocio

A día de hoy, el Casco Antiguo es un actor protagonista en buena parte de las celebraciones de Badajoz. Desde sus luminosas calles durante casi mes y medio en la época navideña, hasta el colorido diverso que se vive en los días de los festejos en Los Palomos. A finales de septiembre, la Plaza Alta y las calles colindantes recuerdan su pasado árabe con la celebración de la Almossassa, una fiesta ya más que consolidada. Son tan solo algunos ejemplos de los muchos que tienen lugar en esta zona, en la que a día de hoy se respira una atmósfera muy diferente a la de finales de los 80 y principios de los 90. Aquí hay que añadir a otros importantes propulsores de vida en el Casco Antiguo, como es la Fundación CB, que se muestra enérgica y comprometida con la zona, llegando incluso a trasladar su sede a la calle Montesinos, y que este pasado verano puso rúbrica a un convenio junto con el Círculo Pacense de Badajoz con el objetivo de «incrementar la organización de eventos culturales que permitan a los ciudadanos acercarse a la historia local a través de la cultura».

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Plaza Alta de Badajoz en la celebración de la fiesta de Almossassa. / CM

Los vecinos del barrio, al igual que los comerciantes, o los estudiantes de la facultad o algunas de estas entidades y asociaciones saben que queda aún mucho trabajo por hacer en una extensa zona en la que residen más de 10.000 personas. Pero, al mismo tiempo, admiten que, sin el Plan Urban, probablemente la actual perspectiva del Casco Antiguo no sería posible.


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Luis Rollano
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