No solo es el AVE. Ni las autovías. Ni las telecomunicaciones (ver información en este mismo medio en este enlace). También la red eléctrica: un informe de PwC encargado por AELEC, publicado hace unos días, revela que la mitad de las infraestructuras planificadas para atender la nueva demanda eléctrica acumula retrasos de casi seis años de media. Extremadura, gran productora de energía, sigue sin la red que necesita para atraer industria.
La región extremeña genera grandes excedentes de energía, sobre todo renovable y nuclear. Por otro lado, hay en el horizonte grandes proyectos industriales que pueden romper la estacionalidad del empleo y dar un fuerte impulso al desarrollo. Pero carece de una infraestructura eléctrica adecuada para afrontar esa demanda en ciernes.
Y no es fruto de la casualidad: el informe de PwC apunta conclusiones demoledoras.
Yendo a lo concreto, el estudio encargado por AELEC señala que el borrador de la Planificación Eléctrica 2025-2030 para toda España contempla atender 27,7 GW de nueva demanda desde la red de transporte, mediante la puesta en servicio de 659 posiciones en 254 subestaciones, con una inversión prevista de 1.342 millones de euros.
El primer problema es que una parte sustancial de esas actuaciones no son nuevas: ya figuraban en planes anteriores. De las 659 posiciones analizadas, 402 provienen de planificaciones anteriores: 294 de la Planificación 2021-2026, 67 de la Planificación 2015-2020 y 41 de la Planificación 2008-2016. Es decir, seis de cada diez actuaciones ya figuraban en planes anteriores.
El retraso medio por posición (el conjunto de equipos que conectan o desconectan una línea al sistema) asciende a 5,7 años, con un 54% de las posiciones acumulando algún retraso. En el caso de las subestaciones, el retraso medio se eleva a 7,07 años. Y hay casos extremos: 49 subestaciones acumulan más de diez años de espera. Cuarenta y una instalaciones llevan planificadas desde el año 2008 sin que nadie las haya construido. Quince años de retraso medio.

¿Y Extremadura, qué?
Pues vea usted el vaso medio lleno o medio vacío: no somos los peores (salvo en un parámetro), pero eso no quiere decir que estemos bien.
Extremadura aparece en el informe en una posición intermedia. El retraso medio de sus posiciones se sitúa en 5,0 años, ligeramente por debajo de la media nacional de 5,7 años, lo que la coloca en el décimo tercer puesto del ranking por comunidades autónomas, cerca de Canarias y Cataluña. En subestaciones, el retraso sube a 5,8 años, también por debajo de la media nacional de 7,07 años.
Estos datos podrían leerse como una relativa buena noticia. Pero no lo son. La media nacional en sí misma es un fracaso, y que Extremadura esté "en la media" o ligeramente por debajo no implica que sus necesidades estén siendo atendidas.
Al contrario: el informe detalla que en Extremadura hay 20 posiciones con retrasos analizados y 11 subestaciones incluidas en el estudio, con un CAPEX (inversiones duraderas planificadas y presupuestadas) asociado de 26 millones de euros pendiente de ejecutar. Además, cuando se analiza el retraso en líneas y cables, Extremadura aparece como la comunidad autónoma con mayor demora de toda España: 6 años de retraso medio en capacidad de líneas, frente a una media nacional de 4,4 años.
Dicho de otra manera: las infraestructuras extremeñas de transporte —las líneas que conectan la energía generada en la región con los puntos de consumo y con el resto del país— son las que más retraso acumulan de toda España.

Un retraso que cuesta caro
El impacto de estos retrasos no es meramente técnico. Es económico y social. Extremadura es, según señaló el propio Gobierno en un informe, una región que necesita infraestructura para conectar sus renovables y atraer consumidores industriales de gran demanda. La Junta de Extremadura ha denunciado que la región es un importante productor de energía renovable, pero carece de infraestructura suficiente para sostener proyectos industriales y económicos y ha exigido que se incluyan sus necesidades energéticas en la planificación para garantizar un crecimiento equitativo con el resto de España.
Todo ello con la vista puesta en los proyectos de centros de datos y baterías, que necesitan de esas garantías de suministro para cuajar.
Mal de muchos
El informe de PwC deja muy claro cuál es el diagnóstico: no falta planificación, sino cumplimiento de lo planificado. El documento recoge que los retrasos se reparten de forma uniforme: la mayor parte de los territorios se encuentran muy cerca de la media de retrasos nacional, tanto de posiciones como de subestaciones. Esto significa que el problema no es exclusivo de ninguna región, sino que es sistémico.
Las causas son múltiples y complejas: trámites administrativos interminables, conflictos de competencias, dificultades en la obtención de permisos ambientales, disputas con propietarios de terrenos y, según denuncia AELEC, un marco retributivo que no incentiva suficientemente la inversión. La patronal eléctrica urge a realizar un seguimiento efectivo de la ejecución de la planificación y pide una respuesta estructural importante, señalando además la necesidad de adecuar el marco retributivo al ciclo inversor que se presenta.
La presentación del informe coincide además con el primer aniversario del gran apagón del 28 de abril de 2025, que ha puesto de nuevo sobre la mesa la fragilidad de un sistema eléctrico que crece en generación renovable pero no al mismo ritmo en infraestructura de transporte. A la presión de las renovables se suman grandes consumidores industriales que también quieren conectarse —centros de datos, infraestructura de recarga para vehículos eléctricos, proyectos de hidrógeno verde—, con una demanda potencial que la red, tal como está hoy, no puede asumir sin retrasos ni bloqueos.

Del dicho al hecho
El informe de PwC y AELEC no señala responsables directos, aunque sí apunta a REE como gestor de la red y responsable de que se ejecuten los planes. Los datos hablan por sí solos: el borrador de la Planificación 2025-2030 contempla que el 43% de la inversión prevista en posiciones y líneas con afección a demanda corresponde a actuaciones que ya debían haberse ejecutado en planificaciones anteriores.
La situación la explicó nítidamente Marta Castro, directora de Regulación de AELEC: si las infraestructuras previstas se hubiesen ejecutado en tiempo y forma, gran parte de los problemas de saturación de la red se habrían minimizado.
“Si no hubiese tanto retraso, el panorama sería distinto”, explicó, añadiendo que muchas de las infraestructuras no ejecutadas son ampliaciones de subestaciones que permiten a la red conectar miles de nuevos consumidores o proyectos de la industria: “en lugar de saturaciones del 80% hablaríamos de problemas puntuales, no de problemas estructurales y generalizados”.
Y el precio que se paga es alto. Según se explicó en la presentación del informe, el retraso lastra la electrificación de sectores industriales estratégicos, reduce la capacidad de aprovechar una energía renovable barata y dificulta la soberanía energética.
Aprovechando la presentación del informe, desde AELEC se reclamó una planificación más flexible, que responda a los cambios ágilmente, monitorización de las inversiones y una estrategia de anticipación, no de reacción ante un problema.
Sin enchufe disponible
El efecto cascada de este retraso inversor es nítido, y reconocido por la propia REE. En su último mapa de capacidad, publicado el pasado día 4 de mayo, la gestora de la red revela que buena parte de los grandes nodos de transporte eléctrico de la región están saturados o bloqueados para la demanda, lo que frena la llegada de empresas e inversiones.
Así, cuando una empresa quiere instalarse en un polígono industrial, construir una planta de hidrógeno verde o ampliar una fábrica en Extremadura, uno de los primeros obstáculos que encuentra no es el suelo ni la burocracia urbanística: es la red eléctrica. Concretamente, la capacidad de acceso disponible en el nudo de la red de transporte más próximo. Si ese nudo está saturado —es decir, si no tiene margen para admitir nuevos consumidores— el proyecto puede demorarse años o directamente quedar bloqueado.
El análisis de los nudos de 220 kV y 400 kV ubicados en la región extremeña —los niveles de tensión a los que se conectan grandes industrias, centros de datos o instalaciones de almacenamiento energético— arroja un balance muy preocupante.
De los 34 nudos de alta tensión identificados en Extremadura en la documentación de REE, al menos 9 presentan capacidad disponible cero para nuevas conexiones de demanda (instalaciones de consumo no CEP), es decir, están técnicamente saturados. Otros 8 nudos se encuentran en situación de bloqueo funcional porque el gestor de distribución y REE no han acordado todavía el "valor de referencia" de consumo en red de distribución, lo que impide otorgar nuevas capacidades mientras esa negociación técnica no se resuelve.
En total, entre nudos saturados y bloqueados, el 50% de los nodos de alta tensión de Extremadura no están disponibles para atender nuevas solicitudes de acceso de demanda en la red de transporte en condiciones normales.

Y esto, como decimos, es lo referido a los grandes nodos. Si bajamos un escalón y examinamos el resto de la red, la de media y baja, el 87% de los nodos está saturado, es decir, no admite nuevas conexiones.
Por tanto, sólo puede afrontarse el 10% de las solicitudes de conexión. Para la Confederación Regional Empresarial Extremeña (CREEX) el daño potencial es inasumible: frenazo al desarrollo económico y al cambio de modelo productivo y riesgo para los proyectos de inversión en industria electrointensiva, que buscarán otra ubicación donde no haya problemas de conexión.
De rebote, el crecimiento poblacional en una región amenazada por la despoblación quedaría cercenado al no poderse conectar a la red nuevos proyectos residenciales.
Y todo ello en una región que produce cinco veces más electricidad de la que consume, que responde a un modelo de electrificación libre de dependencia de las energías fósiles que se proclama como el único futuro posible y que vuelve a ver cómo pasa el tiempo y vuelan las oportunidades; cómo la historia se repite una y otra vez.
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