La cobertura 5G real para Extremadura, la peor de España, a 22 puntos de la media

El Gobierno habla de una cobertura 99,27% pero en las poblaciones extremeñas de menos de 3.000 habitantes la media cae al 51,55% si hablamos de 5G en 3,5 GHz (banda prioritaria para la UE y que es el 5G real)

09 de mayo de 2026 a las 17:41h
La cobertura 5G para Extremadura es la tercera peor de España, 22 puntos por debajo de la media. / LP
La cobertura 5G para Extremadura es la tercera peor de España, 22 puntos por debajo de la media. / LP

Hace unos años, en la localidad cacereña de Valdelacasa del Tajo (comarca de La Jara, 338 habitantes) era usual ver una peregrinación de vecinos hacia la piscina municipal, ya fuese invierno o verano. No, no era un aquelarre, ni sus brazos extendidos al cielo una ofrenda a los dioses. Simplemente, buscaban cobertura para su móvil. Cierto es que hoy la situación es radicalmente distinta, y los habitantes de esta localidad son unos ‘privilegiados’ dentro de la Extremadura rural, con cobertura adecuada, no sólo de móvil, también de 5G y 5G de 3,5 GHz (luego lo explicamos). 

No tienen tanta suerte los vecinos de Guijo de Galisteo, por ejemplo, que hoy día tienen que peregrinar hacia la iglesia, y no por fe, sino para lograr una ansiada línea en su pantalla que le indique que sí, que hay cobertura. Y eso que la cifra oficial les da un 79% de cobertura 5G (será en el entorno del templo), pero un 0% si hablamos de 5G a 3,5 GHz. 

Hay otras localidades en la misma situación pues, si bien es cierto que ahora mismo pocas zonas pueden considerarse de cobertura nula, hay muchas en las que la red es tan precaria que lo habitual son cortes intermitentes o una calidad de conexión bajísima. 

¿Casos aislados? Así podría interpretarse si se atiende al tono triunfalista con el que el 7 de mayo el ministro para la Transformación Digital, Óscar López, presentó el Informe de Cobertura de Banda Ancha en España 2025. Se jactaba López de que gracias a sus esfuerzos (y a los fondos Next Generation, todo hay que decirlo), España estaba en la Champions de cobertura de población: el 99,27% para 5G y el 98,1% para 5G en la banda prioritaria de 3,5 GHz. 

Además, aseguraba el ministro, nuestro país es el segundo de la UE en despliegue de fibra óptica y el primero que ha completado el apagado de la red de cobre. 

Estupendo… si no fuera porque los propios datos del anexo del informe, publicados por la Secretaría de Estado de Telecomunicaciones e Infraestructuras Digitales-SETELECO (no es mi culpa, se llama así), donde figuran los porcentajes de cobertura de 8.132 municipios españoles, cuentan otra historia para Extremadura. 

Cuentan, por ejemplo, que, en términos globales, la cobertura 5G para Extremadura es la tercera peor de España, dos puntos por debajo de la media, y si nos vamos a 5G a 3,5 GHz (insistimos, el 5G real), la brecha España-Extremadura es de 22 puntos (98,1% frente a 75,9%), y nuestra región está a la cola del país. 

50 peor cobertura

La Extremadura rural, apagada o fuera de cobertura 

Pero cuenta otra historia más dura aún. Un análisis de esos registros de SETELECO centrado en los 330 municipios extremeños de menos de 3.000 habitantes, revela una brecha que el discurso gubernamental apenas menciona: la cobertura media de 5G se queda en el 90,47%, casi nueve puntos por debajo de la media nacional, y a seis puntos de la media nacional en zonas rurales, que el informe cifra en el 96,13%. En la banda de 3,5 GHz —la que Europa ha designado como prioritaria para el despliegue de los servicios 5G de nueva generación— el desplome es aún más llamativo: los pequeños municipios extremeños presentan una media del 51,55%, frente al 89,99% que presume el informe a escala nacional. 

Cuatro pueblos cacereños —Mata de Alcántara (286 habitantes), Cedillo (434), Piedras Albas (125) y Valdemorales (215)— tienen, sencillamente, cobertura 5G del 0%. Cero. En Navas del Madroño, con 1.259 vecinos, apenas el 0,51% de la población tiene acceso a esa tecnología. En Salvatierra de los Barros, en Badajoz, el porcentaje es del 0,69%. Son municipios que no aparecen en los discursos de presentación, pero sí en los datos desglosados. 

Y, ojo, que esto no sólo sucede en los pueblos pequeños. Ciudades como Coria, con más de 12.000 habitantes, tienen cero patatero en cobertura 5G en la banda de 3,5 GHz (siga leyendo y sabrá porqué esto es superimportante). 

El informe oficial, elaborado con datos a 30 de junio de 2025, reconoce en sus páginas que la brecha digital entre el ámbito rural y el conjunto del territorio nacional se sitúa "en torno a 3 puntos porcentuales" para el 5G global. Lo presenta como un logro: "Este reducido diferencial evidencia un alto grado de convergencia", afirma el documento. Sin embargo, esa media nacional rural oculta disparidades regionales muy significativas. Cuando se desagrega la información al nivel municipal y se filtra por las comunidades de la llamada España vaciada, la foto cambia radicalmente. Extremadura, con una de las densidades de población más bajas de España y un tejido de pequeños municipios dispersos, es uno de los territorios donde la distancia entre el dato oficial y la realidad es mayor. 

infografia 5g extremadura (1)
Infografia 5g extremadura.

El propio informe reconoce que la cobertura 5G en la banda de 3,5 GHz en el ámbito rural nacional se sitúa en el 64,70%. Ese dato ya es, por sí mismo, revelador: significa que más de un tercio de la población rural española carece de acceso a la banda que se considera esencial para los servicios avanzados de quinta generación. Pero incluso ese 64,70% se convierte en un horizonte lejano para los municipios pequeños extremeños, donde la media apenas supera el 51%. La mitad de esos pueblos —158 de 330— tiene cobertura inferior al 50% en esta banda. Y en 74 de ellos, el porcentaje es directamente cero. 

El ministro López subrayó en la presentación que "ningún país que crea en la cohesión territorial puede obviar la brecha tecnológica que separa a poblaciones como Patones (a donde fue a presentar el informe, para destacar los avances en cobertura rural) de urbes como Madrid". La frase es significativa: el escenario elegido para la presentación fue precisamente un pequeño municipio, y el argumento, la necesidad de cerrar la brecha. Pero los datos propios del ministerio muestran que, mientras se anuncia la victoria, muchas zonas rurales, entre ellas decenas de pueblos extremeños, siguen esperando. Aquello de que los fondos Next Generation servirían para activar medidas contra la despoblación, llevando las conexiones adecuadas a todos los rincones ha resultado una falacia. 

(De hecho, el municipio elegido para la presentación, próximo a Madrid, tiene una cobertura del 0% en 5G a 3,5 GHz, algo en lo que seguramente no cayeron sus asesores, porque de haber trascendido el dato es posible que López saliese de su exhibición ‘con la cara colorá’) 

Los programas públicos de inversión —el UNICO-Banda Ancha, el UNICO-5G Redes Activas, el UNICO-Demanda Rural, todos financiados con fondos Next Generation— han tenido, según el propio informe, un "efecto tractor" decisivo en la expansión del 5G SA y de la fibra óptica. Es cierto: los datos muestran avances indiscutibles en los últimos cuatro años. En junio de 2021, la cobertura 5G rural nacional era del 26,14%; hoy supera el 96%. Es un salto enorme. Pero el ritmo de mejora no ha sido homogéneo, y las zonas de menor densidad de población —precisamente las que más necesitan la conectividad para fijar población y dinamizar la economía— siguen acumulando retraso. 

El informe de 2025 tampoco oculta que la cobertura 5G SA —la versión más avanzada, con red propia de quinta generación y no apoyada en infraestructura 4G (insisto, siga leyendo y sabrá qué es)— ha crecido de forma espectacular a escala nacional: de un 44% en junio de 2024 a un 98,10% en junio de 2025, un incremento de 54 puntos porcentuales en un solo año. Ese dato impresionante es el que domina los titulares. En las zonas rurales, el 5G SA alcanza el 89,99% de la población. En Extremadura, como se ha indicado, no se llega al 76%. 

La comparación más incómoda para el relato oficial la ofrece, sin embargo, la propia base de datos ministerial. En la banda de 3,5 GHz, que el Ejecutivo y la Comisión Europea consideran el pilar del 5G real —no el simulado con DSS sobre espectro 4G—, prácticamente la mitad de los municipios extremeños de menos de 3.000 habitantes está por debajo del umbral del 50%. Eso significa que, en esos pueblos, el tipo de 5G que debería habilitar servicios como la telemedicina avanzada, la agricultura de precisión o el transporte conectado —palancas todas ellas del desarrollo rural que el Gobierno menciona en sus documentos estratégicos— es todavía una promesa. 

El informe señala que "el acceso a la red fomenta el derecho a la igualdad de oportunidades recogido en la Constitución", en palabras del ministro. Es difícil discrepar de ese principio. Pero los datos que acompañan al mismo informe muestran que, para decenas de municipios de Cáceres y Badajoz, ese derecho sigue siendo teórico. La España digital que celebra el Gobierno y la España rural que recoge su propia estadística son, todavía, dos países diferentes. 

infografia 5g nsa vs sa (1)

Pero, ¿qué es 5G y qué es 5G en la banda de 3,5 GHz y por qué la diferencia es crucial? 

Trataremos de explicarlo en términos sencillos. El 5G es, sobre el papel, una tecnología que promete velocidad de descarga muy superior al actual 4G, con respuesta casi instantánea (la llamada latencia baja) y capacidad para conectar a la vez millones de dispositivos. 

Se supone que será la base sobre la que se levantará la nueva economía digital, muy relevante en el entorno rural al permitir la telemedicina, la incorporación de tecnologías agrarias conectadas, los vehículos autónomos, la gestión de los recursos, etcétera. 

Pero, aquí viene la trampa, no todo lo que se llama 5G es igual. 

Está el 5G a secas o 5G NSA (No-Stand Alone, o ‘no autónomo’) que es aquel del que se jacta el Gobierno en su cobertura del 99%. Pero este es un 5G que funciona como parche sobre la red 4G que ya existe, sin construir una red nueva por parte de los operadores. 

¿Es algo mejor que el 4G? Sí, pero ni de lejos la ‘revolución’ que se anuncia. Usted compra un coche nuevo, y va mejor, pero la mejora es relativa si la carretera por la que circula es el mismo camino de cabras de siempre. Eso sí, es barato, porque usa las mismas antenas que el 4G, pero, como decimos, sus prestaciones ni se acercan a lo prometido. 

¿Y el 5 G en la banda de 3,5 GHz? Aquí, amigo hablamos de algo totalmente distinto. Si 5G NSA es un coche circulando por un camino de cabras, aquí es el mismo coche, pero por una autopista. 

La diferencia es crucial para las zonas rurales, porque es precisamente en esta banda donde se están jugando las oportunidades reales de desarrollo. Un médico rural que quiera hacer una consulta por videoconferencia de alta calidad, un agricultor que quiera gestionar drones o sensores de riego en tiempo real, o un teletrabajador que necesite subir archivos pesados desde un pequeño pueblo, todos ellos necesitan el 5G de verdad, no el de etiqueta. 

Las zonas rurales son, paradójicamente, donde más importa tener buena conectividad y donde más difícil es conseguirla. La baja densidad de población hace que los operadores privados no encuentren negocio suficiente para invertir en nuevas infraestructuras. Instalar antenas de 3,5 GHz —que tienen menos alcance que las frecuencias bajas del 4G y necesitan más emplazamientos para cubrir el mismo territorio— es caro y poco rentable en municipios de 300 habitantes. Por eso los fondos públicos deberían haber servido para equilibrar, en lugar de agrandar la brecha. 

El resultado es el que muestran los datos del propio Ministerio: mientras España presume de liderar Europa en cobertura 5G, casi la mitad de los municipios extremeños de menos de 3.000 habitantes no llega al 50% de cobertura en la banda de 3,5 GHz. Y hay decenas de pueblos donde ese porcentaje es cero. Tienen "5G" en el papel —el de etiqueta, el que se apoya en el 4G—, pero no tienen acceso al tipo de conectividad que transformaría su realidad cotidiana. 

Por supuesto, olvídense de atraer nómadas digitales para afrontar el reto demográfico. Aquella promesa de que con la epidemia del COVID muchos profesionales que trabajan en remoto optarían por irse a vivir a los pueblos, dinamizando la vida rural, se esfuma. 

Nadie se imagina a un programador informático, un arquitecto o cualquier otro profesional que pueda teletrabajar, yendo hasta la iglesia de Guijo de Galisteo a ver si coge una rayita de cobertura en su portátil para cargar o descargar archivos o esperando a ver si algún día le ponen cerca una antenita que dé el 5G real. 

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Sobre el autor

Juan Carlos Zambrano

Periodista

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