Yo, ferrerista

Al Paso

valbuena ok bn
01 de junio de 2026 a las 09:03h
Actualizado: 01 de junio de 2026 a las 09:03h

Un tanto ferrerista. Me confieso a mí mismo ferrerista. En el amor y en el toro caben muchas maneras excelsas de ser y de estar. No sé si lo mío tendrá algo de desviado, pero viendo torear a ese tal Antonio Ferrera se me despierta el ansia de telas y de hierros, el ansia de toro. Yo me confieso ferrerista. No al modo en que me confieso roblista. Robles sigue anidadando más dentro aún, con otra efímera eternidad. Pero también ferrerista. Por si a ustedes les valiera para calibrar mi desequilibrio les diré que la lista de mis toreros es larga. Entre la admiración y la devoción. Entre la persona y el torero. Ayer, sin ir más lejos, Ureña. Otro titán con el alma herida. Calculen ustedes mi tara y póngame la penitencia que tengan por conveniente por querer tanto a tantos. A Perera. A Emilio de Justo. A Morante. Cada torero torea con lo que lleva dentro, a veces son ángeles y a veces son demonios. Ferrera es más de demonios. Ferrera es un tormento interior que torea. Y le miro y me pasma. Y le admiro.

Lo de ayer en Las Ventas fue, dicen, histórico. Tal vez. Fue, al menos para mí, un calambre de emoción. Un chispazo en mis carnes de una pasión ajena. Se torea con la mirada. La tele te regala las miradas de los toreros, miradas que desde el tendido, las más de las veces, se nos escapan. ¿Cuál entre todas me ha impresionado más en lo que va de feria? Sin duda, la de Urdiales. Y, a milímetros, la de Ferrera. Las dos venidas a este mundo de albero y cal para pasmo de cuantos amamos el toreo. Las dos, encendidas, vinieron a preludiar puertas grandes. Las dos en los ojos de dos toreros que rondan el medio siglo de vida y el medio centenar cornadas. Cuarenta y dos tiene Ferrera. Cuarenta y dos cornadas y cuarenta y ocho tacos.

Digo -porque es una verdad que me asedia- que tengo amigos -maestros que saben mucho más de toros que yo- que abominan de Ferrera. Yo les llamo maestros, mis maestros porque es lo que son y, sin embargo, Ferrera me sigue atolondrando el alma. El toreo como alta expresión de vida interior tiene bula para arrebatar sin tener siquiera los papeles en regla, sin geometrías ni ordenanzas. Y ayer Ferrera arrebató. Al menos a los suficientes como para que se le abriera la Puerta Grande de Las Ventas.

 Ferrera es un torero poliédrico. Aquel primero, allá por los albores del siglo, el torero bullanguero, no era torero de mi devoción. Era, al menos para mí, torero de relleno para públicos facilones. Aún así, bullanguero y todo, mereció la única medalla de Extremadura de la que puede presumir un torero extremeño. De momento… Luego vinieron otros. Otros ferreras quiero decir. El que me dejó turulato fue el de finales de los diez, el de las dos puertas grandes. Entre su primera puerta grande, la del carriquiri, y estas otras mediaba un abismo. Toreaba con lo de adentro, como quien escribe con las tripas en la mano, desatado. Esos años fueron, al menos para mí, repito, los mejores de su carrera. Luego se fue liando y los ojos de tormenta acabaron siendo ojos de caos. Y me refiero a estos últimos años, los últimos cinco o seis. Los del capote azulón, los de picar, los de matar a la carrera… De todo eso hubo y, además, oficio y conocimiento del toro a espuertas. Ayer, por ejemplo. Ayer los naturales con la derecha a su segundo fueron una de las mejores tandas de la feria. Uno de esos amigos a los que tengo por maestros dice que de Ferrera no hay foto buena porque torea mal. Así de simple. Y yo veo esa tanda y me vengo arriba y doy por bien echada la tarde. Y hoy, que ya no es ayer, sigo viéndola. A eso le llamo gloria. Hay que ser y saber mucho para torear así a semejante adolfo. ¡Bendito arrebato que torea! Lo otro es lo de menos. Que si picó, que si no banderilleó por enfado… desperdicios como dijo aquel con el ojo en la mano. ¡Desperdicios! Más de un ciento critica lo de picar. Yo, partidario de la lidia total de Ferrera, solo lamento que picara mal. Y que matara mal a su tercero. Y que pinchara a su segundo. Y hasta que necesitara de tres toros para abrir la grande cuando con uno solo le hubiera bastado. Yo, que soy ferrerista, que no pretendo que nadie comparta conmigo esta herejía proclamada en el templo venteño, yo… le dedico estas letras a Paco Ureña.

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Fernando Valbuena
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