Finalmente, los portugueses optaron por ensanchar el campo de juego en donde elegir al próximo presidente de la República. Volvemos al clásico. Tal y como pronosticó cualquier análisis previo, por primera vez en veinte años -diez del socialista Jorge Sampâio y otros tantos del democratacristiano, Marcelo Rebelo de Sousa- la elección de la Jefatura del Estado se dirimirá el próximo 8 de febrero, coincidiendo con las elecciones autonómicas aragonesas en España, entre el socialista Antonio José Seguro, con un 31’11% de los apoyos y el ultraderechista André Ventura, con el 23’9 % en la primera ronda. Siempre se dirimió así en Europa un duelo: Izquierda; en el caso de José Seguro, una centroizquierda moderada, jugando por donde le gustaba a Mario Coluna; y a la Derecha, André Ventura, más extremista y bullicioso, un provocador Luis Figo si no fuese porque el candidato profesa una devoción enfermiza por su rival en Lisboa, el Benfica.
Nadie apostaba ni un haba por José Seguro a principios de diciembre. Los sondeos le otorgaban el 16%. El socialismo luso había recurrido a un hombre gris como José Luis Carneiro, ex ministro de Administración Interna con Antonio Costa, como secretario general interino del partido, después de la hecatombe en las legislativas del pasado mayo que se zanjó con la dimisión de Pedro Nuno Santos. El PS se convirtió en la tercera fuerza, por detrás del populista Ventura (60 a 58 escaños, veinte menos que en los anteriores comicios, y un 22’83% de votos) quien les derrotó en feudos históricos como los distritos de Portalegre, Leiría, Coimbra o Santarém. Como tantas otras veces (Calvo Sotelo con Adolfo Suárez, Almunia con González, Rajoy con Aznar…) las crisis internas las suturan hombres oscuros, subordinados, con la seguridad para quien se marcha de que ese sucesor le hará poca sombra y poco ruido hasta que llegue una nueva etapa, otro líder.
Y un poco eso representaba el candidato socialista, un Seguro interno, hasta para el ala más próxima a la derecha socialdemócrata del PSD: Votar Seguro, sin mucha alquimia, para mantener el tipo, sin recelos en la derecha social, ni odios en la ultra. Antonio José Seguro Martins presidió el Consejo Nacional de la Juventude lusa desde 1985 a 1990. Como líder de las Juventudes Socialistas se convirtió en diputado nacional y colaborador estrecho de Antonio Guterres en la estrategia que le llevaría a la Presidencia del Gobierno en 1995, donde ostentó la Secretaría de Estado de Juventud; luego, ejerció como secretario adjunto al Presidente hasta que emigró a Bruselas, cuatro años después, como vicepresidente del grupo parlamentario socialista, y mas tarde retornar a Lisboa como ministro hasta 2002.
Redactor del Tratado de Niza, delegado en la Organización Mundial de Comercio, y de los socialistas portugueses para las relaciones con América Central, México y Cuba, es Seguro un “hombre de partido” desde los 22 años en Lisboa. Llegó con su Diplomatura en la Escola Industrial e Comercial de Castelo Branco hasta que alcanzó la Secretaría General del PS, de 2011 a 2014, sucediendo a Sócrates, tras liderar la bancada parlamentaria en 2004-2005 desde las comisiones de Educación y Ciencia (X Legislatura) Asuntos Económicos, Innovación y Energía (XI Legislatura) y el Gabinete de Estudios del PS. El hombre gris, encargado de digerir la derrota, la intervención de la hacienda lusa y escándalos con la Operación Marqués que llevaron a prisión en Évora al ex-primer ministro, José Sócrates. Se impuso a Francisco Assis, y lo envió a Bruselas como cabeza de lista. Aquello provocó que el entonces alcalde de Lisboa, Antonio Costa, le disputara y le arrebatara el liderazgo del partido en 2014, azuzado porque tomó la decisión de que el PS se abstuviera en el debate del Presupuesto del Estado para 2012, durante el gobierno conservador de Passos Coelho, que tantos derechos recortó a los trabajadores: “Una abstención violenta, pero constructiva -afirmó Seguro“ que le granjeó toda crítica interna y su derrota en las primarias el 28 de septiembre, renunciando tanto al mandato de Consejero de la República, como al de Diputado en la Asamblea Nacional.
José Seguro alternaría estos últimos años un puesto como profesor asociado de Relaciones Internacionales en la Universidad Autónoma de Lisboa, en el Instituto de Ciencias Sociales y Políticas y el de Comunicación Empresarial, con rentas en alguna de las farmacias. “Vote por lo Seguro” les decía a antiguos coetáneos en organizaciones juveniles, políticas, scouts, sociales, católicas, que le elevaron hasta presidir el Fórum Europeo de la Juventud. “Vote Seguro, con la que está cayendo”, les repetía a los empresarios y sindicatos que convivieron con él en su etapa docente. “Vóte-me, Esteja Seguro” expandía por el interior, por el Alentejo, el Ribatejo, y se hacía valer como el único nacido ahí, en Penamacor, vivía en Caldas de Rainha, trabajaba en Lisboa y veraneara en Figueira da Foz.
Y adoptó esa estrategia propia de los sosos, que están sin hacerse notar en exceso, dejando que André Ventura y el Almirante Gouveia e Melo se disputaran quién añoraba más las guerras coloniales y la defensa patria; que entre Mendes Marques y Cotrim de Figueredo se acusaran de a quién escondía más prácticas lobistas y conflictos de intereses; que entre este liberal con melena plateada y el bizarro Ventura guiñaran a las mujeres que sólo un hombre tan viril como ellos les podría asegurar un futuro estable, señora. Hasta en eso, el voto femenino, les derrotó: Un hombre casado, con dos hijos adolescentes, aburridamente comprometido desde el siglo anterior con la farmacéutica Margarida Maldonado, propietaria de tres despachos, convencido de que la única candidata fémina -Catarina Martins, del Bloque de Izquierdas, una actriz y cofundadora de la compañía Visôes Úteis- estaba tan obsesionada con derribar el gobierno, que jamás representaría ese concepto de madre emprendedora de familia media. De hecho, el 38% de los votos de Seguro proceden de las mujeres y el 28% de hombres. El lunes, Margarida se apresuró a reclamar que ella seguirá trabajando, aunque sea la primera dama en Belém… Al bajito Mendes y al almirante Gouveia les votaron el 11% de las lusas que ejercieron ese derecho el pasado 18 de enero. A André Ventura el 19%. Y en la metropolitana Lisboa, el candidato socialista, que jugó al personaje de Antonio Lopes en “Cónta-me cómo foi” (el Antonio Alcántara, en versión portuguesa) no sólo obtuvo el 35’2% de ese voto urbano, por encima del liberal Joâo Cotrim con un 22’8%, de André Ventura (14’4%) y del Almirante Gouveia, con el 11’3%, si no que obtuvo 300.000 votos más que su antecesor socialista Pedro Nuno Santos, quien perdió el año antes hasta en su ciudad Aveiro, y recuperando los principales centros urbanos del interior: “Yo no doy voces -dijo Seguro- ni me hago notar con aspavientos. Me gustan las conversaciones de frente, sin ruido ni teatro, donde se escucha, se piensa y se responde. Soy un hombre educado -lo reconozco- pero firme en valores”. João Cotrim de Figueredo le ganó entre los emigrados a España, Seguro, en Alemania y el Reino Unido; Gouveia e Melo, en Rusia; el insípido Luis Márques Méndes en China y André Ventura en Francia, Suiza, Brasil y Estados Unidos, disparando para sí el voto masculinizado y nacionalista. Revelador.
PSD y Chega - como PP y Vox en España- compiten por el mismo elector
Frente al rol de hombre serio, presidenciable, su oponente, André Ventura enfermó porque tanto fue el exceso de ego que reprodujo su reflujo esofágico. Encargó a una empresa demoscópica un sondeo a principios de la campaña que se desvió tanto del resultado real que parece ridículo: seis puntos más del 23’9% que obtuvo; y a José Seguro, ocho menos del 31’11% con el que le venció. Pero el gran fallo de Ventura, obcecado con ese hiperliderazgo unipersonal, consiste en querer ser el novio en la boda, el niño en el bautizo y el muerto del entierro. En mayo, se presentó ante los portugueses como gran alternativa a la centroderecha del PSD y a Luis Montenegro para presidir el Gobierno; y siete meses después, los hizo para ser presidente de una República en la que le sobran inmigrantes, extranjeros, gitanos -a quienes les acusa de no querer trabajar y vivir de los subsidios- que habla en el cuerpo a cuerpo como quien está comentando un encuentro de fútbol: Castración química para los violadores, lucha contra la corrupción, bajada de impuestos y cadena perpetua para los asesinos. Ha doblado en número de votos al otro candidato de la derecha lusa, el moderado Luis Márques Méndes, un comentarista político en la televisión, el gran derrotado el domingo pese a contar con todo el soporte institucional.
André utiliza esa comunicación directa en el conflicto y exprime el malestar social como un nuevo patriotismo, desde las listas de espera en la sanidad hasta el precio de la vivienda. Casado con la discreta fisioterapeuta infantil Dina Nunes, el 18 de junio de 2016 en la Iglesia de San Nicolás, en pleno corazón de Lisboa, sufren aún por la ausencia de hijos, que le limita mensajes en el plano familiar o educativo. Abogado, inspector fiscal, asesor tributario, hincha futbolero, comentarista deportivo, fue concejal del PSD en Loures (Lisboa) hasta 2018. Ha llevado al terreno político ese lema benfiquista del “nosotros contra ellos” que identificó la época dorada de Las Águilas. Es más populista que extremista ideológico, aunque tan incómodo y venenoso como una urticaria para quienes saben que compite para representar al Estado luso en las cumbres internacionales, pese a que ejerció como profesor universitario. Una bomba de relojería que escuece a la élite lusa, tan anglófila y ceremoniosa, y enardece a policías, obreros, a los hosteleros del Algarve y Madeira, y a los agricultores de Elvas y Campomaior hasta proclamarse “el mecánico de Portugal” para ponerla a funcionar y “el nuevo líder de la derecha lusa”.
De momento, varios líderes de Iniciativa Liberal, del CDS-PP, del PSD como el alcalde de Oporto, el propio Marques Mendes, asesorado por Aníbal Cavaco Silva, el PAN, Livre, el Bloque de Izquierdas y la CDU (Partido Comunista) ya han adelantado que van a Votar Seguro, a quien le atribuyen la única vitola demócrata; mientras tanto, el primer ministro Luis Montenegro, como Marcelo Rebelo de Sousa, el presidente de la República cesante y la coalición de gobierno PSD-CDS-PP guardan silencio. Se niegan a avalar a candidato alguno, preocupados tanto por el devenir de la legislatura vigente, sin mayoría absoluta, como de la competitividad por el mismo elector que se disputan en Portugal el PSD y Chega, tal y como en España compiten el Partido Popular y Vox por él. En esa penumbra ideológica, se mantienen igualmente callados tanto el liberal Cotrim de Figueredo (la derecha económica) como el almirante Gouveia e Melo (la vía militar, tan relevante para la historia contemporánea portuguesa) a la espera de una oferta de integración, o de cómo va evolucionando la definitiva campaña, que confrontarán en el debate televisado el próximo martes por tres cadenas: Entre un candidato clásico del sistema emanado con el 25 de abril; y quien quiere dinamitar el bipartidismo tradicional a base de trallazos desde fuera del área.
Votar Seguro, cualquiera diría que se tratara del lema para un candidato de centro derecha. Se enfrenta a un militar y a un candidato que justifica la violencia policial contra la delincuencia y la inmigración ilegal, tras los sucesos en la plaza lisboeta de Martim Móniz y en Almada, como una bandera de candidatura; a sus propios compañeros del PS y a los viejos adversarios del PSD con la certeza de que jamás daría piruetas en un circo para buscar el voto. Ahora, hasta le vale Votar Seguro a la propia izquierda alternativa y al comunismo, que sólo obtuvieron el 4´83% de votos en total, como opción más coherente para que derrote al outsider André Ventura que duda no sólo del 25 de abril: Reclama para sí la vuelta de Los Tres Salazares (“Justicia, Verdad y Responsabilidad”, los tres valores del Estado Novo) y Las Tres Efes (“Fado, Fútbol y Fátima”) enfrentando al pobre contra el aún más pobre como solución a todos los males… Votar Seguro, Votar José Seguro, o regatear por la banda diestra hacia el interior: Dios, Patria, Familia y Trabajo. Tampoco era difícil tal controversia; ni en Lisboa, ni en Badajoz, Mérida o en Madrid. Sólo hay que acertar con alguien que cumpla con las exigencias del cargo: Tener educación, respeto en el trato y un trabajo donde regresar después de la política, saber algo del campo y mucho de la ciudad… Y nada en las costas (en las espaldas) sin lastre alguno para que alguien te hunda durante semejante travesía ¿Seguro qué será tan fácil, José? ¿No vació ya Ventura la hemeroteca con las noticias de Costa y Sócrates? El 8 será el día. Buen número, ya saben, Tengo un octavo de sangre lusa… Lisboeta, no de Caldas de Rainha, aunque tire de pastillas cada vez que pierde mi equipo, Margarida. La farmacia donde siempre acudo en Lisboa, la de Almeida Dias, está en Largo de Graça, 38. ¡Ya sabes, cosas de familia!
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