La venezolana

Al Paso

valbuena ok bn
02 de julio de 2026 a las 08:57h
Actualizado: 02 de julio de 2026 a las 08:57h

La venezolana tiene nombre pero no lo diré porque nos conocemos de poco. Del desayuno. Antes el barecito lo llevaba un salmantino, como casi todos los salmantinos, con cara de frío en invierno y en verano. De tanto bajar a desayunar a su barecito ya medio nos decíamos hola y adiós. Yo, a los charros de palo les tengo simpatía. Al farinato menos. A la casquería más. En esta calma de siglos desayunaba yo hasta que mi barman tuvo la peregrina idea, a sus muchos años, de jubilarse. Un cartelito de se traspasa y otro adiós. Un adiós cargado, como el café del desayuno.

 Meses después, cuando volví a Salamanca, mi barecito estrecho, con sus maderas trepando por las paredes, había vuelto a la vida. Lo lleva una venezolana. Ha cambiado los cuadros y poco más. Ahora sirve lo de antes y unas tortillas de zanahoria que, como ella, son venezolanas. En la tele suena música de por allí. Joropos y demás. Reinaldo Armas y Tío Simón. Siempre me gustó la música llanera… Mi tuna cantaba también Alma Llanera. Eso fue hace mucho, en esta misma orilla del Tormes.

 La venezolana, como el charro, es más bien callada. Le he dado mis condolencias por lo ocurrido en su patria. Yo a Venezuela, de joven, la tenía por rica. Quizá por la lectura de La Casa de los Espíritus de Isabel Allende. O quizá por aquello de los muchos canarios que emigraron a Venezuela. O por los toreros. En los cuarenta, en los cincuenta, en los sesenta los toreros españoles se compraban la finca en España con el dinero de América. Venezuela incluida. De eso hablamos, de toros y toreros. La venezolana recuerda haber ido a los toros de niña con su madre. Eso fue en los ochenta. Como todos, españoles y venezolanos, idealiza los años en que fuimos felices. De los que corren, en cambio, abomina. Abomina a poquitos mientras tuerce el gesto y recuerda la obra de Marcos Pérez Jiménez.

La venezolana se queja de que en su país la policía roba, de que la gente se muere porque faltan medios y sobran ladrones. Ella, por lo general callada, está habladora. Le pido otra tortilla. Están ricas las tortillas.

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Fernando Valbuena
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