No se cuál es la alternativa a Trump. Ni siquiera sé cuál es la alternativa a Estados Unidos dentro del mundo libre. Para lo segundo no venden esperanza, para lo primero quisiera comprarla. Escribo un tanto revuelto. Son unas galletas para el desayuno que compré en mala hora. Como soy de esa generación que no tira comida no las tiro, que es lo que debería hacer. Me estropean la leche, como Trump. Trump me provoca malestar. Habiendo en el mundo de casi todo al alcance de la mano para desayunar cómo es posible que me vea condenado a desayunar semejante baratija culinaria (y moral). Se me quedan a mitad de camino y, desde dentro, me recuerdan que no se llevan bien con mis tripas. Las compré en un arrebato de gula. No siempre está uno lo suficientemente despierto, a veces compramos por impulso lo que no debemos. A Trump lo compramos por impulso. Trump visto frente a Biden… medio engaña. Ahora que lo pienso, no recuerdo dos candidatos peores entre los que elegir. A cual peor.
Trump debería dimitir. Ahora tiene la excusa perfecta: la voluntad manifiesta del pueblo. No, no lo hará, para eso es necesaria una gota de nobleza en la sangre. Nos queda confiar en las monedas y hasta en los billetes, esos en los que se lee “In God we trust”, nos queda poco más que el milagro. No se irá. Y cuando lo echen las urnas, dentro de un par de años, pataleará. ¡Cuánto daño ha hecho este hombre! No sé si otros, en las sombras, lo habrán hecho peor, pero así, a cara descubierta, con semejante descaro, no ha habido nadie que nos haya atracado tanto. Lo ha hecho hasta agotar la confianza en que frente a la barbarie se alza la civilización. Al menos ha resquebrajado gravemente esa confianza.
Trump abochorna en cada palabra y en cada obra. Lo peor es que nos avergüenza de nosotros mismos. Tanto nos ametralla que hasta me abochorna militar en el mismo bando. Me avergüenza Occidente en manos de semejante aventurero. Occidente, hoy es poco más que un faro averiado de libertad y progreso. Occidente entre tinieblas. Y todo por el comportamiento, por la falta de decoro, de quien debería ser espejo de sus virtudes. Trump, desde que se despierta hasta que se acuesta, es deplorable. Venenoso para la convivencia dentro y fuera de su país… y hasta indigesto. A mí me provoca, como las galletas que desayuno, el retortijón que anuncia el vómito. No sé qué desayunará Trump, estoy por enviarle mis galletas.
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