Tíbet: Las alturas

Agua de mar

Mar Gómez Fornés.
20 de mayo de 2026 a las 18:34h
Actualizado: 20 de mayo de 2026 a las 18:34h

Curiosamente esta mañana mientras hacía mi hora de estudio de filosofía tibetana y meditación en las enseñanzas orientales, tropecé con el origen de la palabra Tíbet. Acababa de apagar la radio y desayunar un té con limón como cada día. Pensé que ya me enteraría a lo largo del día del asunto ZP y sus lacayos. Conecté mis cascos y me puse en modo silencio ante una nueva sesión de meditación en la vacuidad, la antigua sabiduría budista. Se trata de huir de las distracciones, de la euforia, como si echáramos agua bien fría por la cara de la mente. 

Se trata de imaginar la mente como una gota de luz blanca que desciende hasta el corazón. En pocas palabras: disolver el ego. De vez en cuando me llegaba una imagen de ZP pero enseguida respiraba hondo y volvía a mi respiración pausada. Me centro ahora en una flor en el cielo. Inhalo, exhalo. No hay mente ni cuerpo, sólo agua fresca vertida en agua fresca. Inhalo, exhalo.... 

Estaba a punto de entrar en un estado de paz profunda cuando de repente ¡zas! Sucede la iluminación. El lama al que escuchaba en ese momento me dio la pista que buscaba:relajamos brazos, piernas, tronco, entrecejo... ¿Cejas? Vaya hombre ya me he descentrado, otra vez ZP y no sé qué de Operación Tíbet. 

 Tíbet viene a significar el techo del mundo, tierras altas, para simplificar ALTURAS. 

Y aquí es donde entiendo por qué la UDEF ha decidido usar la palabra Tíbet para una de las piezas en las que se investiga a ZP: las ALTURAS. O sea, debemos entender que han dado con lo más alto, más allá no hay nada, al igual que el significado de Plus Ultra. 

En efecto, el Tíbet es una tierra que desafía cualquier frontera, su esencia está entre lo terrenal y lo sagrado, justo a lo que ha jugado ZP en estos últimos años: a creerse dios en medio de una panda de mediocres comisionistas que le querían comer parte del pastel. Y no. A dios nadie le toca una ceja en sus alturas, en la tierra alta de su codicia, donde el “bamby” socialista hacía el milagro de la multiplicación de brotes verdes. 

Mi sesión de meditación ha sido providencial para llegar al fondo del Tíbet socialista, hoy sí que he alcanzado el Nirvana, porque además el Tíbet no es una mera coordenada cartográfica sino que durante años ha representado un emblema de lucha y pertenencia dado su anhelo de autonomía. 

Entre el cielo y la tierra lo primero que uno se encuentra es el Tíbet, lo más alto, una zona de penumbra y nebulosa, oscura a la vez que espiritual e iluminada por la belleza absoluta de la espiritualidad que irradia. 

Por lo que sea ya ni me enfado ni me altero, nada me sorprende ni me espanta, será esta permanencia en la calma y este cultivar la vacuidad. 

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Mar Gómez Fornés

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