Voy a ser abuelo otra vez, una nueva caricia de Dios que me recuerda que me estoy haciendo mayor (viejo es otra cosa). Ese es uno de los motivos por los que la otra noche me acerqué a la cerámica de las puertas de mi Hermandad para darle las gracias a Jesús del Amor, pedirle perdón y rezarle para que me ayude más (que falta me hace). Me dio la impresión de que la Virgen del Patrocinio salía de los azulejos, rompiendo el molde de tanto como la miraba. Y silencio. En mi bulliciosa, Sacramental, Penitencial y Cofradía de barrio (sin ningún complejo), los sonidos tienen una gama de matices esplendorosos, pero, el mejor y más fastuoso sonido, es el silencio. El sonido del silencio de La Cena. Y eso que de sonidos vamos bien aviados:
Las cornetas y tambores haciendo el pasacalle de llegada
El runrún de los costaleros poniéndose la faja y el costal
La sonrisa de mis nietos en el tramo de los pequeños nazarenos el Domingo de Ramos. Que el Amor entra por la mirada. Y los niños no pueden faltar en la Semana Santa
El Domingo de Ramos es la infancia, la luz, el estreno, la memoria, la nostalgia. Y al final, ya de noche, el silencio.
La voz de Pepe Romero pidiendo la venia
El cancel de la Hermandad cuando se abren las puertas
El luminoso silencio del primer rayo de sol sobre la mesa del misterio de La Cena
El sonido del vaivén de las bambalinas cuando el Palio de la Virgen del Patrocinio está a punto de salir
El ¡pam! del llamador que conlleva un silencio roto por una voz que levanta el paso al cielo
El silencio del incienso perfumado delante del Paso, si el humo hablara…
Los mirlos revoloteando por encima del Palio. Y una cigüeña mirando desde lo alto. Y nosotros mirando desde los respiraderos, abajo, hacia el cielo
El rachear de los pies de las costaleras del Patrocinio bajando la rampa
El siseo del pavero de los más pequeños, tras la Cruz de Guía
El leve tintineo de varales y candelería
El tambor y la corneta de la banda de música
El murmullo de la gente cuando La Cena se gira a las puertas de San José
El racheo de los costaleros en la silenciosa calle
La voz del capataz llamando a los costaleros para una levantá: Arriba el Hijo de Dios, al cielo Jesús del Amor
El toque del martillo de Rafael Navarrete arengando a los nazarenos
La voz de las mujeres, entrada la noche, lanzando piropos a la Virgen del Patrocinio embocando su entrada. Y qué rápido pasa todo.
El crepitar de las velas, que no se escucha
El silencio, que no es ausencia de sonido, frente al Sagrario de nuestra parroquia, cumpliendo la estación de Penitencia; ese sonido imprescindible, ese silencio que detiene el tiempo en la eternidad; ese silencio que estremece y que invita a la compasión, el perdón, al amor. Todo se detiene
El tiempo sin tiempo de Jesús del Amor. Dicen que solo le falta respirar, pero, a mí, me quita la respiración
El silencio más elocuente de estar hablando con Dios.
Posdata: Dice Pelín que no se estila, que no se estila escribir de Cofradías, Hermandades y Semana Santa en junio, pero, a mí plim, creo que somos nazarenos todo el año. Ocurre que el Domingo de Ramos lo que hacemos es sacar a Dios a la calle, poner a Jesús del Amor en toda su bimilenaria ciudad
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