Sin nota de selectividad por el computador

O Cais das Colunas

José Luis Lucas.

(Politólogo y periodista)

17 de julio de 2026 a las 08:23h
Actualizado: 17 de julio de 2026 a las 08:23h

Una educación pública, laica y gratuita se convirtió en el mantra regenerador para la República portuguesa que tomó el poder del Estado desde 1913. Nada ajeno a los principios ilustrados que alumbraron la francesa y tímidamente asomaron en España, bajo el primer intento federal. En Lisboa, sabedores del legado eclesiástico y del profundo catolicismo en la sociedad, optaron por prohibir las órdenes religiosas que copaban la enseñanza y hacerse cargo de las pensiones de los párrocos, como si de funcionarios municipales se tratara, lo que les aseguró un clero nacionalista y una extensión más del régimen a partir de 1933, con el Estado Novo. Por eso, la apertura del curso escolar y universitario en septiembre, y los Exámenes Nacionales, en junio, datan cada año un motivo para recordar esa unidad republicana que también mantuvo la dictadura.

El pasado 16 y 17 de junio, se realizaron por primera vez digitalizadas las evaluaciones de ciento sesenta mil alumnos. Cinco mil policías en todo el país custodiaron las más de 350.000 pruebas para estudiantes del noveno año que deben acceder a Secundaria y los del doceavo que avalan el pase a la Universidad. Los exámenes, iguales para todos los portugueses como seña de igualdad y unidad de una República que se niega a descentralizarse en regiones, a excepción de las islas, debían estar calificados entre el seis y el diez de julio, y homologadas las notas el pasado día 13 para que alumnos y sus familias comenzaran a buscar alojamiento en las ciudades universitarias, formalizar las inscripciones en los Institutos o simplemente planificar vacaciones de verano si todo hubiera discurrido bien. Sin embargo, al menos hasta hoy viernes, 17 de julio, el Ministerio de Educación, Ciencia e innovación (MECI) que dirige Fernando Alexandre las calificaciones no serán fijadas, si las evaluaciones a mano por parte de profesores pagados con horas extra llegan al total de los ejercicios de portugués, matemáticas y español o alemán. Aseguraba ayer que esta tarde finalmente estarán publicadas, pocas horas después de que se conociera el empate técnico entre el Partido Socialista y la coalición del Gobierno, Alianza Democrática, en intención de voto (29%), la peor calificación obtenida, mientras que Chega llega al 21% y la Iniciativa Liberal al 8%, según el sondeo de la Universidad Católica de Lisboa.

La segunda fase de estos Exámenes Nacionales se ha retrasado, entre el 20 y el 24 de julio, después de que el empeño de digitalización se haya convertido en un escándalo sin precedentes, con familias anulando las reservas hoteleras, cancelando agendas, ataques de ansiedad entre alumnos, profesores llamados a corregir bajo la orden y aprobación de una “emergencia nacional”, denuncias contra el MECI en la Fiscalía, propuesta de la oposición de que modificarán calendario para la enseñanza secundaria al mes de septiembre… y una incertidumbre en la preparación logística, emocional y financiera entre miles de familias lusas que ha inundado de dudas y riesgos la confianza en el Estado. El fiasco de los Exámenes Nacionales ha puesto a los portugueses contra el Gobierno de Luis Montenegro, y los funcionarios de la empresa Eduqa encargada del proceso, con la misma unanimidad que el resto de países contra el odioso juego de la selección argentina en este Mundial de fútbol, algo que les huele tan mal a los conservadores y liberales, europeos y árabes, alentejanos o lisboetas, ingleses, egipcios, campesinos o abogados; coinciden en que la cara del ministro Alexandre, como la de Infantino, el mandatario de la FIFA, reflejaban el malestar de sus propósitos según se les iba complicando el partido a Argentina o el cumplimiento de los plazos previstos al Ministerio.

El fiasco de los Exámenes Nacionales puso a los portugueses contra el Gobierno, tan unánimes como el resto de países contra el odioso juego de la selección argentina en este Mundial de fútbol, algo huele mal

El nerviosismo se apoderó del Gobierno hasta el punto que fuera el portavoz del partido político mayoritario (PSD), Sebastião Bugalho, quien anunció la llamada a profesores para que evaluaran las pruebas. El Gobierno se había enrocado en un ataque a los profesores, a quienes acusa de resistirse a la digitalización del sistema. El Partido Socialista y el Comunista han pedido la dimisión del ministro, pese al respeto intelectual que extiende a la comunidad. Igualmente, el Bloque de Izquierdas, espera que aumente brutalmente el número de estudiantes que pedirán la revisión de las pruebas, aumentando el trabajo de los profesores porque hay decenas de ejercicios donde se han traspapelado las hojas que debían ser desgrapadas para su digitalización. Iniciativa Liberal se limita a una Comisión de Investigación en la Asamblea de la República. La Federación Nacional de Profesores (FenProf), así como El Movimiento MEP (Misión Escuela Pública) consideran “un ataque inadmisible” a los profesores y una “inaceptable tentativa de desviar las responsabilidades políticas del Gobierno al caos instalado”. Una crítica de la que no eximen al propio Ministro Alexandre, que justificó la súbita convocatoria de los profesores clasificadores, encerrados en las naves de la Eduqa en Lisboa, donde se agolpaban los miles de exámenes en cajas de cartón. Las declaraciones del Gobierno las sentimos como “una patada en el estómago”, se lamentaba el presidente de la Asociación de Directores de Agrupamientos y Escuelas Públicas (ANDAEP), Filinto Lima, quien consideró igualmente “alguna resistencia” de los profesores a la digitalización en los procesos.

La plataforma tecnológica funcionó tan deficitariamente que algunos de ellos tuvieron que corregir la misma prueba tres veces. Los fallos técnicos para una adjudicación que ha costado al erario público siete millones de euros han provocado ya la orden de una auditoría interna: “La plataforma ha estado funcionando -afirmó el ministro ayer en el Encuentro de Ciencia e Innovación 2026, que se realiza en el Centro de Congresos de Lisboa (CCL). Siempre se corren riesgos en un nuevo proceso de gran dimensión nacional -había sostenido el Ministerio- un conjunto de desafíos en el área logística, así como en la vertiente tecnológica”, que jamas le ha evitado las críticas del líder socialista, José Luis Carneiro: “El Estado no tiene capacidad de garantizar una Escuela Pública de calidad, capaz de responder con competencia, rigor y confianza las necesidades de los alumnos”, afirmó el pasado semana en Portalegre durante la clausura del Congreso en la Federación de ese distrito. El PS les acusa de desmantelar la Dirección General de Educación y de fallarle a los jóvenes en la evaluación de las pruebas como en la vivienda, como ya les hizo a sus padres en la asignación de médicos de familia en 2025 y la rebaja de las listas de espera en la sanidad pública.

El fracaso en el plan previsto ha devuelto a Portugal el estigma de la impuntualidad, falta de rigor y la encomienda a una capacidad de improvisación como quien recurre a la Virgen de Fátima para que resuelva aquello que estaba en sus manos. Hay quienes aseguran que el programa permitía la captura de pantalla desde una tablet para después corregirlo por un profesor y difundido por las redes sociales. Otros, que la Operación Digital ha terminado con miles de hojas de papel en un almacén, ochenta mil sólo en portugués. El periodista Nuno Correia da Silva sentenció esta semana el desaguisado: “Las pruebas nacionales, una buena idea transformadora que terminó en una pesadilla” y que ha extendido la desconfianza al resto de reformas pendientes en el Estado.

Las estrategias y agendas para la Digitalización de la Economía, junto con la transición en los procesos energéticos, cimentan las dos columnas que sostienen los fondos Next Generation con que Europa ha regado de inversión la superación de la crisis post-covid. Esta semana, el Gobierno de España sellaba en el BOE su compromiso hasta 2030 para cofinanciar tanto el Barcelona Mobile World, con coste anual de 24 millones de € y cientos de regreso, que agrupa a las primeras empresas mundiales en conectividad, ciberseguridad, Inteligencia Artificial y 5G en marzo; como del South Summit España en Madrid, un impacto de 39 millones en junio para exponer aquellas empresas Start Up que demuestran el éxito de esa digitalización y la innovación. Sin embargo, ayer en Lisboa se anunciaba una vigilia para reclamar que se paralice esa digitalización, el nuevo ludismo que resurgió en 1996 en Ohio para luchar contra el consumismo y que se opone a las múltiples formas de la tecnología.

En 1813, los artesanos ingleses liderados por Nedd Ludd -que vivía en el bosque como Robin Hood- comenzaron a destruir telares industriales y las maquinas introducidas en Nottinghamshire, West Riding of Yorkshire y Lancashire. Lo atribuyen como una táctica, “una negociación colectiva por disturbios” -en palabras de Eric Hobsbawn- ante la destrucción de puestos de trabajo y el aumento de los precios de los alimentos. En España se extendió a Alcoy, a la fábrica de tabacos de La Coruña y quemaron la de Bonaplata en Barcelona, aprovechando las guerras napoleónicas. Tan imposible parece fijarle puertas al campo como frenar la evolución de la tecnología. Pese a ello, reconozcan que alguna vez pensaron en arrojar el computador, golpear el refrigerador o quemar el móvil cuando les condujo a algún callejón sin salida. Imaginen el miedo con el que se resisten quienes jamás tuvieron conocimiento ni vivieron en esta revolución del PDF, los envíos por e-mail y las descargas de texto. ¿No estarían ustedes rezándole a la Virgen de Fátima para que todo esto pare?

La tarea formativa y educativa al respecto es aún oceánica, tan vasta como el Atlántico, como escanear y corregir trescientos mil exámenes en una semana porque la máquina te falló.

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