Se puede ser madre y preguntarse si volvería a hacerlo

Contradicciones

Elvira bn

(Periodista)

18 de junio de 2026 a las 22:19h
Actualizado: 18 de junio de 2026 a las 22:19h

Llevamos décadas defendiendo una idea sencilla: que la maternidad debe ser una decisión libre. Que ninguna mujer está obligada a ser madre, que nadie debería empujarla ni adornarla, que tener hijos es una elección y no un destino. Incluso admitimos que criar a un hijo es una de las tareas más exigentes que existen. 

Pero cuando una madre dice en voz alta que, algunos días, se pregunta si volvería a hacerlo, la comprensión se acaba. De pronto aparecen las preguntas de siempre: «¿Y entonces para qué los tuvo?», «Pues haberlo pensado antes» o «Eso será que no quiere a sus hijos». La confesión deja de ser una muestra de agotamiento y se convierte en una acusación contra ella misma. 

La contradicción es curiosa. Decimos que ser madre es una decisión libre, pero parece que, una vez tomada, ya no se permite ninguna duda. Como si la libertad consistiera en elegir una vez y guardar silencio para siempre. Como si una madre tuviera que vivir su decisión sin grietas, sin cansancio y sin preguntas. 

Porque una cosa es abandonar a un hijo o desentenderse de él, y otra muy distinta quererlo profundamente y reconocer en voz alta lo que cuesta. El amor y el agotamiento no se excluyen. La entrega no borra las renuncias. Y la felicidad tampoco elimina los días en que una piensa cómo habría sido otra vida. 

Hay decisiones que cambian para siempre el rumbo de una existencia. Tener un hijo es una de ellas

Hay decisiones que cambian para siempre el rumbo de una existencia. Tener un hijo es una de ellas. Precisamente por eso resulta extraño exigir que quien la tomó no pueda sentirse desbordada, echar de menos partes de sí misma o preguntarse, en algunos momentos, qué habría ocurrido de haber elegido otro camino. 

Defendimos que la maternidad era una elección humana. Y las personas dudan. Se cansan. Se hacen preguntas incómodas. Imaginan vidas alternativas sin dejar por ello de amar la que tienen. 

Se puede ser madre y preguntarse algunos días si volvería a hacerlo. Eso no convierte a nadie en una mala madre. La convierte en una persona. Porque querer a un hijo no obliga a interpretar una felicidad permanente. Obliga a cuidarlo. Y entre una cosa y otra hay una diferencia enorme. 

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Elvira Galvache

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