Se puede creer en la sanidad pública y contratar un seguro privado

Contradicciones

Elvira bn

(Periodista)

03 de julio de 2026 a las 08:58h
Actualizado: 03 de julio de 2026 a las 08:58h

Hay contradicciones que caben en una cartera.

En una ranura está la tarjeta sanitaria. En otra, la del seguro privado. Las dos conviven sin molestarse demasiado. Quien las lleva suele sentirse incómodo cuando alguien le pregunta por qué.

Porque sí, se puede creer en la sanidad pública y contratar un seguro privado.

Se puede defender que la salud no debería depender del tamaño de la cuenta corriente y, al mismo tiempo, buscar una cita más rápida cuando el dolor no entiende de listas de espera. Se puede pagar impuestos convencido de que sostienen uno de los mayores logros de nuestra democracia y, sin embargo, sacar la tarjeta del seguro cuando la incertidumbre aprieta.

¿Es incoherencia? Quizá. ¿O quizá sea miedo?

Es fácil ser fiel a los principios cuando la vida no nos pone a prueba. Lo difícil llega cuando una madre espera el resultado de una prueba, cuando un padre necesita ver a un especialista o cuando un hijo lleva meses con un diagnóstico que no termina de llegar. En esos momentos, las convicciones siguen ahí, pero aparece otra fuerza más poderosa: la urgencia.

Nadie presume de contratar un seguro privado porque le entusiasme pagar dos veces por algo que ya financia con sus impuestos. Lo hace porque busca tranquilidad. Y la tranquilidad, aunque no debería, también cotiza.

Eso no convierte en irrelevante el deterioro de la sanidad pública. Al contrario. Cada póliza contratada por necesidad es también una pregunta incómoda. ¿Qué está fallando para que quien cree en un sistema público sienta que necesita otro paralelo?

Defender la sanidad pública no consiste en utilizarla siempre. Consiste en querer que funcione para todos. También para quien no puede permitirse una alternativa.

Quizá el error sea exigir una pureza que la realidad no concede. Como si las personas tuviéramos la obligación de elegir entre los principios y la protección de quienes queremos. Como si cuidar de los nuestros invalidara automáticamente nuestras ideas.

Las contradicciones rara vez nacen de la hipocresía. Casi siempre nacen del conflicto entre lo que creemos justo y lo que tememos perder.

La verdadera contradicción no está en quien lleva dos tarjetas en la cartera.

Está en una sociedad que se siente orgullosa de su sanidad pública y, al mismo tiempo, acepta con resignación que cada vez más ciudadanos busquen fuera la seguridad que esperan encontrar dentro.

Y quizá esa sea la única contradicción que no deberíamos normalizar.

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Elvira Galvache

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