Sándwich frito de cacahuete de plátano

valbuena ok bn
06 de noviembre de 2026 a las 08:34h
Actualizado: 06 de noviembre de 2026 a las 13:09h

Elvis nunca dejó de comer como el niño pobre que había sido. No quiso ser un sibarita. A lo más, con los años, alcanzó a ser un pobre niño rico. Quizá no sepamos nunca quién fue en realidad, pero sí qué y cuánto comía. No era hombre de dietas ligeras sino más bien de copiosos y sencillos ranchos sureños. Mucha chatarra de feria. Hamburguesas rebosantes de queso, perritos, helados y cosas por el estilo. Según contara Mary Jenkins, la que fuera cocinera en su casa, su postre favorito era el pastel de banana, todo un clásico de Tennessee. En su desayuno no faltaban ni los huevos, ni la panceta, ni las salchichas… ni los bollos. Tenía pasión por las armas, por el kárate, por los cadillacs… y por la comida sureña. La de batalla: albóndigas envueltas en tocino, pollo crujiente rebozado, ardilla de caza frita y un sándwich al que acabó dando nombre. Un bocado por el que sentía predilección desde que, siendo niño, su madre se lo preparara envuelto en cariño, que suele ser con lo que se envuelve la merienda en casa del pobre. Al fin y al cabo la gastronomía es el eterno retorno a la niñez. Volver al pan. Abominar del pitiminí. Pan de sándwich, por supuesto. Estamos hablando del sándwich frito de mantequilla de cacahuete con plátano. Ya por siempre santo y seña de todo diner que se precie de serlo en cualquier confín del globo.

Por si quieren honrar en sus casas la memoria de Elvis les recuerdo cómo prepararlo. En dos rebanadas de pan de molde previamente tostado se unta mantequilla de cacahuete sin miserias, luego se rellena con un plátano entero cortado en rodajas, o machacado, según prefieran. En su versión más ortodoxa se remata el mezclete con tocino carbonizado en lonchas y un chorrito de miel. Lo del tocino carbonizado no es negociable. Se juntan ambas rebanadas y se fríen en mantequilla a cascoporro. Dorado y crujiente como un rocanrol. Dulce y salado a la vez. Se sirve caliente y se come con cuchillo y tenedor solo si el comensal está acompañado de gente remilgada, en cualquier otro caso lo propio es pringarse. El sándwich frito de cacahuete y plátano es un gatuperio de sabores capaz de levantar el ánimo al más triste de los huérfanos. Vivir en Graceland no es garantía de felicidad… ¿Quién no se ha sentido huérfano y solo alguna vez en su vida?

Sí, tienen razón, es tremendamente calórico, pero no me negarán que es también tremendamente sabroso. Si quieren desayunar, almorzar, merendar y hasta cenar como Elvis no lo duden. Pídanlo por su nombre. Solo Elvis. Así de sencillo. En las mejores barras del profundo Sur. Esas en las que las camareras sirven café aguado y paños de lágrimas a pie de gasolinera. No se arrepentirán ni siquiera cuando el corazón les falle, que les acabará fallando. Heartbreak Hotel. Y si no les gusta a la primera… insistan; todo un rey no puede estar equivocado. Menos aún el rey de reyes: Elvis Presley. Burning love… Ah, y, mientras saborean este sartenazo, escuchen con arrobo It’s now or never, será miel, más miel, en sus oídos minutos antes del infarto. Morirán contentos. Y mientras, fuera suena, Kentucky rain… Por si resucitan. Que también resucita.

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Fernando Valbuena
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