El pasado sábado, cincuenta alumnos de portugués en la EOI de Badajoz recorrimos la ruta literaria “Levantado do Chão (Alzado del suelo)” basada en el libro del premio Nobel luso, José Saramago, que relató la evolución de las cuatro generaciones Mau-Tempo, trabajadores agrícolas en el Alentejo, entre 1975 y 1977, pocos meses después de que estallara la revolución del 25 de abril que puso fin a la Dictadura salazarista: “Mi vida está ligada a cuatro puntos cardinales -manifestó el escritor antes de que el siglo acabó a la Hoja local: Azinhaga de Ribatejo, donde nací; Lisboa, donde viví; Lavre, donde me encontré como escritor y Lanzarote, la isla donde resido”. Recién despedido del Diario de Noticias como periodista, José Saramago regresó a la vivienda expropiada para la cooperativa de consumo Vento de Leste, compraba avíos en los ultramarinos de María Graniza, o comía con Mariana y João Besuga; y comenzó a construir su imaginario rural, tan relevante en su trayectoria como para Lisboa ideó la vuelta del refugiado Ricardo Reis desde Brasil, el año de la muerte del poeta Fernando Pessoa y la llegada de los primeros exiliados españoles que adivinaron la guerra civil.
En la freguesía de Lavre, 740 habitantes, restaurada como tal el año pasado y el municipio de Montemor-O-Novo, que no llega a dieciséis mil, a treinta minutos en coche desde Évora, que será el próximo año Capital Europea de la Cultura, se han levantado un relato para atraer al turista. Disponen de un Centro de Interpretación en el Terreiro São João de Deus; una casa para la lectura en Lavre con una exposición permanente de los meses que el autor vivió allí; y desde ahí te invitan a continuar hacia Évora, para conocer luchas del proletariado agrícola en las vidas de João y Domingos Mau-Tempo; y a Lisboa desde la plaza de toros, el museo local y el Castillo de Montemor-o-Novo, o viceversa, y saber como reprimió la policía del régimen a Germano Vidigal y José Adelino dos Santos, asesinados por oponerse a Salazar. Han reconvertido la historia reciente en un recurso turístico que les une al Museo de Aljibe en Lisboa, y a la reforma agraria fracasada del Alentejo, y elevan el aceite, el vino, el cerdo y el corcho de su dieta tradicional a una experiencia inusual para el que viene de lejos.
La Escuela Oficial de Idiomas en Badajoz oferta actividades para profundizar en Portugal, como a los alumnos de español les organiza rutas anuales por las murallas de la ciudad. En 2024 se cumplía el cincuenta aniversario de la Revolución de los Claveles y el ochenta de José Fernando Salgueiro Maia, el triste Capitán de Abril nacido en Castelo da Vide, y organizó algún trayecto similar por su vida. Es la manera que tienen los pueblos de situarse en el mapa, y casi obligado si por ellos pasa alguna vía internacional como Lisboa-Évora-Badajoz-Madrid. En España, las rutas literarias alrededor de Miguel Delibes por Valladolid y los vinos de Ribera del Duero; la de El Quijote por Campo de Criptana y sus quesos olorosos; la de Hemingway por Pamplona; de Miguel Hernández por Orihuela; El Viaje a la Alcarria, de Camilo José Cela; hasta la del Cantar del Mío Cid, la más vasta por Castilla y León, Aragón, La Rioja y Valencia… suponen una fuente permanente para el gasto del turista de interior, alejado del mar y de la nieve de altura.
En pocos meses, Cáceres se juega la capitalidad cultural europea para 2031. Le toca al sur de España. Las últimas ciudades escogidas del norte, San Sebastián y Santiago de Compostela, equilibraron a las primeras, Madrid y Salamanca. Y me preocupa que compitamos contra Granada sin disponer de recursos similares al de Washington Irving, desde La Rábida a Sevilla, y de ahí a La Alhambra de Granada. Nuestros escritores, casi estuvieron de paso: José de Espronceda, finalmente exiliado en Londres; Carolina Coronado, más viuda del embajador norteamericano en Lisboa, Justo Horacio Perry, porque desde el Palacio de Mitra organizó el apoyo a Isabel II. Y los regionalistas José Mª Gabriel y Galán (en Cáceres), Felipe Trigo y Luis Chamizo (en Badajoz) unen su acento castúo a un regionalismo de escasa proyección… Sí tenemos a Cervantes en Trujillo, con “La Gitanilla”; a Zorrilla en Guadalupe con “El puñal del Godo”; dicen que a Valle-Inclán en Alcántara; a Pérez Galdós en Coria y la inspiración para “Doña Perfecta”; y a Onetti, Carmen Laforet o Dickens, que pasaron por Miajadas, pero nada de provecho, la verdad. Si acaso, las hazañas de los conquistadores aunque ya sabemos que últimamente hasta en eso tiene el Reino que pedir disculpas.
Cáceres va a exponer su medievo recuperado y la reminiscencia reciente del set de rodaje para la séptima temporada de la serie “Juego de Tronos” de la HBO, reconocida por los jóvenes europeos desde Estonia a Chipre. Sin duda, una gastronomía y bagaje cultural que puede conectarla con Mérida y Évora o Elvas, patrimonio de la Humanidad… Son innumerables los méritos. A su alrededor, el resto de Extremadura se empeña en dotarse de identidad: Las rutas del contrabando rayano entre Cedillo y Montalvão, entre Oliva de la Frontera y Barrancos, La Codosera, Cheles, Villanueva del Fresno y Cheles con Mourão, Alburquerque y Valencia de Alcántara con Marvão, Zarza la Mayor y Salvaterra do Extremo, la Ruta del Trueque en Valverde del Fresno, hasta llegar al Museo do Café de Delta y el tráfico entre Campomaior, Elvas, Olivenza y Badajoz; la biografía de Luis de Morales, que nos llevaría desde Badajoz a San Martín de Trevejo, Aldeanueva de la Vera, Plasencia, Arroyo de la Luz, Valencia de Alcántara, Villanueva de la Serena, Barcarrota hasta el Museo del Prado en Madrid y la Hispanic Society en Nueva York… Hervás se quiere unir a la fama de la serie “El Cuco de Cristal” que emite Netflix, sobre la novela de Javier Castillo.
Pero sigo creyendo que nos falta darle la vuelta a aquello que nos hirió en el orgullo: en “Los Santos Inocentes”, en las Hurdes filmadas por Buñuel, con el tremendismo trágico de Cela en “La Familia de Pascual Duarte”, la misma Memoria Histórica para una tierra tan castigada desde la misma Guerra de la Independencia… Siempre reconocerá esta tierra a quien la defendió de una imagen tan despreciable y maldita para la región que comenzaba a caminar, aunque al ver este Roteiro por el libro de Saramago, la obsesión pasa ya más por colocarnos en el mapa de la notoriedad, infelizmente cada vez más dibujado por superficiales Influencers.
O quizás, todo sea más simple: Necesitamos un premio Nobel, o al menos a uno que viva por aquí… Porque ni siquiera Vargas Llosa, en paz descanse, cumplía esa condición que le ofrece el aura de Saramago al distrito de Évora.
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