Rosalía y la lux de Santa Eulalia

Desde mi atalaya

rafa Angulo

(Periodista)

20 de noviembre de 2025 a las 11:51h
Actualizado: 05 de diciembre de 2025 a las 10:08h
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En este tiempo de setas de seda, níscalos rojizos, castañas reposadas y granadas explosivas anda Pelín enfadado porque Rosalía no ha citado a Santa Eulalia en su Lux. Dice que hubiera sido la guinda para convertir en obra maestra, magistral, histórica y eterna la última melodía de la cantante catalana y por ende española. ¿Y tú no vas a decir nada en La Portada de Extremadura de tu amigo Antonio?, me inquiere con retintín, como si este cérrimo fuera uno de los miles de críticos musicales que han surgido de golpe y de la nada opinando sobre Rosalía y lo suyo. Anda que no hay gente que sabe de música. Pero el disco que, dicho sea de paso, no es fácil de entender tampoco acierto a calificar: ¿Espiritual?, ¿Cinematográfico?, ¿Sacro?, ¿Políglota? Para ponerme en posición adecuada me tomé un vaso de leche con miel y una copa de coñac y, a continuación, pulsé la tecla de youtube. Sonaba Magnolias y no sé por qué me retumbaba a María Dolores Pradera, háganse una idea de cómo tengo el oído de fino. Después saltó Mio Cristo Piange Diamanti, y sentí unas ganas imperiosas de llorar, hecho que solo me ocurre delante de la tumba de mis padres y todas las Navidades viendo “Que bello es vivir”. Dice:

“Sei l´uragano piú bello, che io abbia mai visto, il migliore dei dolmen, si alzerebbe per te, fai tremare la terra, e si innalzi al tuo fianco…”.

A estas alturas tuve que tomarme otro copazo, por la emoción más que por nada. Y, mientras sonaba Porcelana, tuve que ajustar el sonido porque pensé que tenía interferencias, pero no, es que la canción es así, mira tú que aparente es Rosalía. Después venía Perla y, al tipo a quien entre vocecitas se lo dedica, lo pone de chúpate domine (cabrón incluido); puede que sea la letra manifiestamente graciosa o que los efectos del coñac se empezaban a sentir en mi orondo cuerpo, pero me puse a llorar otra vez, en esta ocasión de risa. La canción sigue la larga tradición de mujeres despechadas, que cuando se ponen a largar, tela: qué sé yo, Paquita la del barrio (Rata de dos patas), María Jiménez (Se acabó), Rocío Jurado (Ese hombre) y aquí lo dejo porque la nómina es larguísima, nunca he entendido cómo grandes cantantes se dejan embaucar por golfantes. Algo falla ahí (sutil ironía).

Tan impresionado estaba que apuré el culín de coñac que quedaba en la botella y, no sin cierta dificultad, me puse a reflexionar sobre lo bueno que significa que gente joven y con talento pongan a Dios de moda. Bueno, de moda siempre estará por mas que pasen los siglos, pero tanto Rosalía como Alauda Ruiz de Azua en “Los Domingos” han puesto sobre el tapete para los neófitos de lo divino (por ignorancia, pereza, tontuna o mala leche) los sacramentos, las letanías, las indulgencias y las lenguas de fuego. Ahora, vais y los buscáis en la IA parecen decir a estos descolocados en el más allá; ahora, volvéis a repasar la catequesis que os dieron en la primera Comunión (y para muchos la última). Los designios de Dios son inescrutables y, mira tú por donde, ha decidido de manera suave, como lluvia fina que, a través de la música y el cine, de la cultura, y de personas nada sospechosas de capillitas (Alauda dice: “Soy atea, pero todos necesitamos creer en algo”) se ponga a Dios en la cima de las actividades terrenas (otra cosa es si es algo superficial o profundo) y entre personas de toda raza, sexo, edad, credo o condición (y no digamos nada de lenguas).

Por cierto, no se priven de escuchar Into my arms, de Nick Cave, en la banda musical de Los Domingos y ya seguiremos hablando de música, de cine y de Dios. No pararemos, Pelín y este juntaletras, hasta que Rosalía cite a Santa Eulalia.

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Rafael Angulo

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