El rey de los jardines de Moncloa

Agua de mar

Mar Gómez Fornés.
19 de marzo de 2026 a las 18:26h
Actualizado: 19 de marzo de 2026 a las 18:26h

En los altos ventanos se adivina ya el verano. Por encima de la raya viene el salitre bebiendo en los jardines desde Elvas hasta mi puerta falsa. Aquí le espero, en el cuartito de estar sentada en el frailuno que tanto mis huesos protege.

El paisaje es amplio, es ella, Extremadura forrada de cerezos, pasillo y habitación de grullas, un estanque para almas cansadas. Una flora de brazos con arañazos, nada la detiene salvo el verano, que ya viene asomando sobre apocalípticas soledades.

Y ahora dicen que hay que pedir perdón. Un séquito que salió de Medellín, otro de Trujillo más todos esos fortachones con piel de pimentón... todos al paredón de la Historia. Vamos, arrodillados por cada hombre conquistado. ¿Y quién nos pide perdón a nosotros por estos aljibes sentimentales? Las morerías, las higueras y alcuzas de los patios, las alforjas y los almendrados. La belleza de las alamedas. Ay, poeta rey Mutawakkil, el último de Badajoz.

Nuestro rey agacha también su hermoso espinazo señoril. México lindo y querido. Los hombres de bronce, las niñas Guadalupe, los Hernán y los Donosos. Alcántara, espina dorsal sobre el agua.

Ya viene asomando el cálido verano. Sobre la planicie se dibujan las jiras, los cristos crucificados, las cestas de perrunillas y hornazos. Un skiline de espárragos trigueros. La clarísima paz en los semblantes gregorianos de Zurbarán. Viene un tiempo de ermita y romería por los caminos. Introducción al claustro para redimir los pecadillos, las crisis y por la noche lluvia de cirios entre los muros. Apenas quedan pecados originales.

Los puentes sobre el Tajo, los túmulos, los empedrados romanos, los pórticos llenos de almas, el despreocupado silencio, ese tapete en la mesita de la siesta...

Pero ¿por qué saldrían de estas tierras con su nariz aguileña, sus brazos de criar cerdos? ¿quién les mandó clavar encinas como sables en el solaz americano? Llevar allí los llanos, plantar las zapatillas, las cruces, los yugos episcopales... ¿Quién?

El rey se ha metido en un jardín de Moncloa. Una nueva fantasía está en marcha: revisar los bajos de Cortés, las enaguas de Malinche. La maquinaria monclovita se arremanga de nuevo para poner en las ventanas de nuestra casa sucesivas cortinas de humo. La leña arde sobre la campiña dilatada mientras Cáceres arde de alegrías, Badajoz es la ciudad sin, Mérida duerme sobre la tarde.

Va haciendo calor y cae el sol como moneda de oro mexicano. Guardiola anda negociando y luce ya bonitos pendientes de aro, a Irene de Miguel se la rifan los zurdos patrios y el PSOE busca su patria entre los mirtos inmóviles.

El rey mientras tanto juega a doblar tallos en los jardines de Moncloa, dulcísimo él, con ademanes de arrepentimiento. ¡Qué se le va a hacer! La escueta bellota nos guarde.

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