El retablo de las maravillas

Agua de mar

Mar Gómez Fornés.
03 de diciembre de 2025 a las 17:49h
Actualizado: 05 de diciembre de 2025 a las 10:03h

No es nuevo que el lenguaje político se inventó para que las mentiras sonaran a verdad, Orwell sic, pero hasta eso se ha vuelto líquido viendo la última representación de Pedro Sánchez cuya integridad personal es también desconocida para el gran público, tal y como dijo él mismo de su copiloto Ábalos. Pura fantasía verle agachado recogiendo del suelo la porcelana rota de sus principios.

Por inclinación natural el gobierno actual debería haber implosionado, si bien ya no esperamos una caída digna sino estruendosa, de impredecibles magnitudes. ¿No sería mejor dejar ir? ¿Por qué un político es esa persona que en vez de emprender el camino hacia la paz, se aferra al estrés de no soltar el cargo? ¿Por qué ha de preferir siempre un cielo enmarañado a un horizonte despejado y tranquilizador? Véase el caso Mazón, otro que tal... Parece que vivimos en una estafa constante teniendo que soportar alucinados a estos hooligans de lo público.

Es extraordinario cómo dejamos pasar ante nosotros al político, sea éste el que sea, con los oídos entorpecidos y el pensamiento adormecido. Habría que plantearse si en esa hora final de cada etapa política, al personaje le pesa más el “no quiero” que el “no puedo”.

En el caso de Sánchez sería tan fácil como aplicar la técnica del dejar ir, es decir, eliminar de su mente los apegos emocionales que tan enganchados le mantienen a la piedra preciosa del poder. Claro que para eso es necesaria una expansión exhaustiva de la conciencia y requiere venir de casa con la moral incorporada.

Dejar ir sería precioso porque de inmediato se libera la presión y uno deja de estar enfadado. Sánchez recuperaría el tono fresco y jovial de su antaño aroma Brumell; relajados sus hilos tensores, los pómulos volverían a ser mejillas de melocotón, rosadas, de terciopelo, sin esa ofuscación que recorre su rostro.

De no hacerlo, el presidente del gobierno, estaría abocado a necesitar abogados que le iluminen y le ayuden a defender la pureza de su gestión dado que la profundidad sonora de sus mentiras le llevan a una dimensión desconocida donde el tiempo puede detenerse en cualquier momento. Maravilla de retablo.

Se trata de un extravío político y temerario tan primordial que su salida de la política se antoja un espacio en blanco. ¡He ahí al hombre, manchado con lirios blancos las rosas de sus manos!

Y mientras en Moncloa caen nueces, en Extremadura Guardiola se la juega perseguida de cerca por un VOX desencadenado. Un manual electoral, el extremeño, que tiene algo de esperpento anticipado con esa catarata de votante ofuscado y hambriento de urna que ya no quiere tibiezas ni moderación ni centro que valga.

El profundo impacto de VOX que auguran las encuestas deja a María Guardiola en una cuerda tambaleante donde ya puede estar ensayando porque tendrá que pasar si quiere gobernar por el aro de Abascal.

Este matonismo chantajista instalado en la política española vino del Norte y se ha extendido pandémico hacia el Sur. No sin asombro ni decoro vemos a unos y a otros agacharse a recoger los pedazos de uno mismo; vimos a Sánchez convertido en alfombra para Junts y veremos a Guadiola recogiendo del suelo los preceptos de Vox. Una macedonia de siglas disparatada que convierte a la política actual en retablo de las maravillas.

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Mar Gómez Fornés

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