Responsabilidad o parálisis: la encrucijada de Extremadura

La trastienda

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20 de enero de 2026 a las 18:21h
Actualizado: 20 de enero de 2026 a las 18:21h

Extremadura no puede permitirse más tiempo en suspenso ni convertirse en un tablero de ensayo donde los partidos midan fuerzas, estrategias o calendarios ajenos. La constitución de la Asamblea sin un acuerdo de gobernabilidad no es solo una fotografía política: es una advertencia. La región necesita un gobierno cuanto antes y no puede quedar atrapada en un pulso partidista que nadie dice querer.

Ni el PP ni Vox desean una repetición electoral. Sin embargo, el simple hecho de que ese escenario siga sobre la mesa debería hacer reflexionar a todos. Una nueva convocatoria a las urnas difícilmente sería entendida por los ciudadanos, que no solo se preguntarían por qué no se ha sido capaz de alcanzar un acuerdo, sino también por qué se forzó un adelanto electoral previo si el resultado iba a conducir de nuevo al bloqueo.

La aritmética parlamentaria es la que es y no admite lecturas interesadas. Los extremeños votaron cambio hacia la derecha, pero también equilibrio. Ninguna fuerza tiene mayoría suficiente para imponer su programa completo ni para gobernar sola. Eso obliga a pactar, a ceder y, sobre todo, a asumir que la política autonómica no puede quedar subordinada a batallas nacionales ni a estrategias diseñadas lejos de esta tierra.

Extremadura no es un laboratorio. Tampoco puede ser una sucursal de lo que convenga en Madrid. Y menos aún un banco de pruebas para acuerdos, vetos o escenificaciones pensadas para otros territorios donde también se han convocado elecciones, como Aragón o Castilla y León. Aquí no se están ensayando futuros gobiernos autonómicos ni se dirimen equilibrios internos de los partidos a escala nacional. Aquí está en juego la gobernabilidad de Extremadura.

Cada semana perdida es una oportunidad menos para abordar problemas estructurales que no admiten más dilaciones: empleo, despoblación, inversiones, ejecución de fondos y servicios públicos. La parálisis institucional tiene consecuencias reales y medibles, y no entiende de tácticas ni de relatos.

La responsabilidad no es un concepto abstracto ni un arma arrojadiza. Tiene nombres y apellidos y se ejerce tomando decisiones, aunque sean incómodas. Gobernar implica aceptar que el resultado de las urnas obliga a acuerdos imperfectos, pero necesarios. Bloquearlos por cálculos tácticos o por maximalismos solo conduce a un desgaste que los ciudadanos difícilmente perdonarían.

El PP, como fuerza más votada, tiene la obligación de liderar el entendimiento y demostrar que su apuesta por la estabilidad es real. Vox, como actor decisivo o interlocutor preferente, debe decidir si quiere formar parte de la solución o instalarse en una posición de presión permanente. Ambos están llamados a entenderse no por afinidad, sino por responsabilidad.

La política no consiste en ganar tiempo ni en preparar el siguiente movimiento. Consiste en gobernar y plasmar políticas que permitan avanzar a un determinado territorio. Extremadura necesita un gobierno ya. No después de otra campaña, no tras otro bloqueo, no como consecuencia de intereses ajenos. Ahora. Porque Extremadura es lo importante y porque los ciudadanos no votaron para volver a empezar.

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Antonio Cid de Rivera
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