Tiene mérito. Una fotografía basta. La fotografía taurina también tiene sus muletazos de ensueño. A veces basta una sola fotografía para retratar a un torero por dentro. Rafael Cerro, por dentro, está hecho de granito. Hay toreros que aletean, otros, como Cerro, tienen aire de fortaleza. Supongo que algo tendrán que ver las hechuras de cada cual. Ahora que lo pienso, las hechuras en esto del toreo alcanzan a ser el uno por ciento de casi todo, lo demás, lo que no son las hechuras, lo que va por dentro, el otro noventa y nueve por ciento. O más.
Padezco, entre otras enfermedades, Diógenes de fotografías taurinas. En papel y en digital. Hay fotos que no me canso de ver. Así, entre nosotros, y si no se lo cuentan a nadie, que no me canso de rezar. No hay vestido de luces que esconda el alma del torero. La tapa solo hasta que el torilero abre la puerta de toriles. Nada más. Nada menos. Cerro va vestido de paisano, con polo, vaquero y deportivas. Pudiera ser cualquiera. Quizá como usted. Como cualquiera que tuviera juventud y buena planta. Y, sin embargo, cuando le retratan con un toro metiendo el hocico asoma el torero que lleva dentro. Torería. Granito.
Tengo devoción por los sanjuanes de Coria. He ido menos de lo que hubiera querido pero cuando he ido el toro me ha salvado la vida. Primero me la ha perdonado, que para bobo, yo. Tengo en la memoria una esquina frente a la Catedral. Y dos pitones. Y que no me mató porque no quiso. Coria, en momentos de despiste, me ha salvado la vida. Hubo un tiempo en que estaba yo en lo oscuro cuando el toro me iluminó. En Coria, por San Juan, pasan cosas, algunas tan íntimas que no se cuentan. A solas, entre el gentío, con el toro.
Rafael Cerro es, además de matador de toros, director de lidia en los festejos populares del norte de Cáceres. Lo es porque le pagan, pero en las fotos se nota que está en torero… y eso no se paga. Esa es una condición del alma. Mitad torero, mitad ángel de la guarda. ¡Coria! La gente le quiere. Le aplauden con aplausos de pureza, hondos y reventones. Como torero llegó a tomar la alternativa y poco más. Esto es un laberinto. El escalafón es un laberinto. Como él otros muchos. Buenos toreros que acaban en vía muerta. De ellos decimos que prometían, pero yo, cuando veo las fotos de Cerro en Coria digo, cumple. En Coria, en Torrejoncillo, donde se tercie. En torero. Atornillado al piso, la mano baja... ¡Qué foto, Dios! ¿Granito? ¡Bronce!
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