Quiero quedarme mirando las flores

Agua de mar

Mar Gómez Fornés.
26 de marzo de 2026 a las 18:17h
Actualizado: 26 de marzo de 2026 a las 18:17h

¿Cómo hacer un elogio del horizonte si la vista tropieza cada día con un paisaje de monolitos y voladizos, esqueletos metálicos y fronteras macizas de pensamiento? Hay una sensación de hormigón en todo, hasta en el respirar. El hormigón se erige sobre la tierra y es de tierra, se oxida como la tierra y envejece como la tierra, va perdiendo blancura.

Las noticias hoy son de hormigón, me parecen vigas como huesos, tengo la piel como una carpintería...hasta la reverberación del viento no suena a caracola colosal.

La corrosión ambiental, los corazones rotos expuestos a la lluvia, los desprendimientos, los sustratos de sabor metálico; ese eje vertical de la pena atravesando los acantilados del cuerpo. El dolor entrando hasta la cocina, enraizando en la roca.

No hay enlucido que suavice este desconchón en la pared del alma que se ha quedado sin su acostumbrada transparencia.

¿Qué jerarquía seguir, lo útil, lo posible o lo bello? Tengo cajas en los altillos llenas de suspiros y renglones. Me figuro el mundo hecho de buena gente...Y no. Los malos siempre vuelven a crecer, llegan con los pies húmedos de los barrizales sin haber leído a san Agustín. O a Kant que dijo que el tiempo es una forma pura de sensibilidad.

Una mirada profunda al peristilo de las noticias me produce melancolía, me parece como si todo estuviera congelado en el tiempo, una especie de ocaso de cobalto como un día completo sin sol. Nunca como ahora es aire cargado, lleno de veladuras, más negro que el abismo. Negro no como tópico de desánimo sino literal, porque el color negro es la ausencia total de luz; el blanco y el negro son los no colores, lo que viene siendo la nada. Es como si los periodistas escribiéramos con tizón negro quemado en una superficie de hormigón y al lector le llegara olor a hollín. Coger el periódico es cargar una pasta de cemento, puro material pétreo.

Quiero la alegría de un día cualquiera, el aumento ebulloscópico de la risa, el gránulo de las pequeñas cosas, llorar sólo por culpa de la cebolla, ponerte laurel como horquillas, calentar el aceite de oliva mientras te sientas de nuevo en la mesa. Quiero que a lo picante le siga lo agridulce, que el estómago deje de estar encogido. Y quiero quedarme mirando las flores.

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Mar Gómez Fornés.
Mar Gómez Fornés

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