El blasón de los Almeida -tres círculos a la izquierda y tres a la derecha, separados por dos cruces que les encierran en seis celdas como una colmena- es aún uno de los 32 que circundan la fuente de piedra en la Praça do Imperio en Belém (Lisboa). Se reabrió el 14 de febrero de 2023, después de que el Gobierno decidiera suprimirlos tanto como adornos del jardín, que obligaban a podar cada seto semanalmente, como pavimentó el suelo donde dibujaron los escudos de los antiguos distritos, las provincias ultramarinas, y de las órdenes de Avis y de Cristo, con el arte de la calzadinha decorada. Se añadió al proyecto original del arquitecto Cottinelli Telmo que inauguró la Exposición del Mundo Portugués en 1940, para conmemorar del V Centenario de la muerte del infante D. Henrique El Navegante veintiún años después, ese año que el Benfica ganó la Copa de Europa al Barça por 3-2: un autogol de Antoni Ramallets Simón, portero internacional del barrio de Gracia; otros dos del angoleño José Àguas y el mozambiqueño Mario Coluna. Superaron aquel 31 de mayo de 1961 en Berna, goles de los húngaros Koscis y Czibor, huidos en Viena del Honved, el equipo del ejército magiar, para reunirse en Barcelona con Ladislao Kubala como una muestra internacional de la aversión al sistema comunista del Telón de Acero.
El sueño colonial del Régimen se apoyó en el reformismo lusotropicalista. El antropólogo Gilberto Freyre, descendiente de portugueses y brasileños, promovió crear una comunidad lusófona entre América, Europa y África, en las obras Casa Grande a Senzala o Sobrados e Mocambos. Salazar se encargaría de influir en Getulio Vargas para que también creara un Estado Novo autárquico en Brasil; el patriarca lisboeta Gonçales Cerejeira de invitar a los cardenales de Río de Janeiro y Lourenço Marques –hoy Maputo- a la inauguración del Santuario de Cristo Rey que se levantó en Almada; y Gilberto Freire y el ministro Marcelo Caetano de integrar las provincias de ultramar en ese Imperio imaginario, aboliendo el Estatuto del Indiano o con la creación de las universidades de Angola y Mozambique. Y por supuesto, que en la delantera de Benfica y la selección lusa jugaran Eusebio, Mario Coluna y José Àguas, el “cabeça de ouro". Freyre acabó por defender una actitud conciliadora entre los países de lengua española y portuguesa, promoviendo el bilingüismo para que ese iberismo ilustrado pudiera diluir las sospechas que el portugués siempre muestra ante el “peligro español” de la anexión, agravada desde que el 12 de octubre de 1918 el rey Alfonso XIII acuñara el Día de la Raza, recuperada 40 años después por Franco como el Día de la Hispanidad. Freyre falleció el 18 de julio de 1987. Cuatro años más tarde, ese día se constituía la Comunidad Iberoamericana de Naciones.
En España viven 49´5 millones de personas. Diez millones, nacidos fuera. De éstos, 7.243.561 son extranjeros. Suponen el 14’6% de la población total. En Portugal, vivían en enero del pasado año 10.749.635 personas, un millón y medio de inmigrantes, el doble que hace tres años: 484.596 de Brasil, 98.616 de India y 92.348 angoleños, como José Águas. Aunque el ultraderechista André Ventura cifró a la inmigración hindú y pakistaní como la gran amenaza para el país, después de un par de asesinatos entre gitanos en Almada y de asiáticos en la plaza Martín Moniz, sólo cincuenta y cinco mil oriundos de Bangladesh viven en Portugal, cuarenta mil italianos, treinta mil chinos y 22.130 españoles. Eso sí, de fuera u oriundos, el Sistema Nacional de Salud estuvo al borde del colapso por la tardanza excesiva en las listas de espera y la saturación de las urgencias y centros de salud, especialmente en la Grande Lisboa, donde viven tres millones y medio de personas.
La incorporación de la fuerza laboral extranjera ha supuesto casi la mitad del crecimiento del PIB desde 2022, según el estudio La inmigración en España: retos, impacto y políticas que ha editado Funcas. Creció el pasado año un 2’8%, la más alta de Europa y Portugal un 1’9%, saliendo así del pozo, poco a poco, desde 2018. Desde ese año, la población activa en España ha subido un 7’8%, lo que equivale a 1’8 millones de nuevos trabajadores, en su práctica totalidad de origen extranjero; ha ensanchado el potencial productivo, desplazando la fuerza laboral nacional hacia ocupaciones de más productividad y mejor remuneradas. Eso, explica en parte la acogida que, tanto Chega como Vox, reciben entre portugueses y españoles con altos índices de fracaso escolar, quienes se ven obligados a competir con los inmigrantes por el mismo empleo, disputar un especialista desde los centros de salud y sus hijos compartir el de enseñanza; a veces. con distinta cultura y religión.
El Producto Interior Bruto contempla tres variables, tanto para la izquierda como a la derecha: la productividad, donde una mayor presencia de la inmigración en esos sectores redunda en su descenso del -0’8% (hostelería, tareas domésticas, asistencia a dependiente, agricultura y construcción) La tasa de ocupación, que ha crecido un 0’3%. Y crecimiento de la población activa, un 4’7%. En España, sólo el 4’2% de la población en edad laboral había nacido en el extranjero al empezar el siglo XXI, inferior a la contabilizada en Francia (12’3%), Alemania (19’5%) o la misma Portugal (5’3%). En dos décadas, España gozó de un crecimiento tan acelerado como sostenido, alcanzando en 2023 un 21’3%, superando a Francia (14’2%) y acercándose a Alemania (23’3%). Además, los inmigrantes ibéricos presentan tasas de actividad más altas que los nativos, mientras que en Alemania y Francia ocurre lo contrario. El 62% de la población española o portuguesa se encuentra en edad de trabajar, frente al 84% de la población nacida en el extranjero, que explica unas cotizaciones sostenibles: que mayores, desempleados y dependientes cuenten con liquidez para las prestaciones, sin necesidad de acudir tanto a la emisión de deuda, y sectores encuentren mano de obra para oficios de esfuerzo físico en el campo, construcción, transporte e industria.
El pasado año 2025, por primera vez en una década en ambos países nacieron más niños que el año anterior, un 3´3 % en Portugal y 3.159 nacimientos en España, aunque desde 2020 el saldo natural o vegetativo sigue siendo negativo, más fallecimientos que nacidos: -34.244 y -122.167, respectivamente. La inmigración que vive en la península, con ocupaciones precarias, menor nivel educativo de promedio y con más conexiones culturales, religiosas y sociológicas, que ayudan a que se integren, proviene más joven de Sudamérica, América Central o Caribe, que suman el 47% o la europea un 27%. La inmigración africana o asiática, que ocupa en España el 24%, cuenta en Portugal con nexos lingüísticos que le facilitan salvar ese obstáculo: Angola, Mozambique, y las antiguas colonias de Cabo Verde, Guiné, Goa, Macau… que en España se limitaría a algunas minorías de Guinea Ecuatorial, el Sáhara, Marruecos y Filipinas.
Sin embargo, Portugal ha aprobado en diciembre dos leyes que endurecen la adquisición de la nacionalidad para cualquier extranjero después de que Chega se haya convertido en la segunda fuerza, especialmente para los brasileños, nietos de oriundos, que deben mostrar su relación con la comunidad, hablar portugués, no constituir una amenaza para la seguridad o defensa, carecer de antecedentes penales (anulado por el Tribunal Constitucional, como la pena accesoria de la pérdida de la nacionalidad en caso de delito, por desproporcionada) o llevar al menos cinco años con residencia legal. España, va a regularizar medio millón de inmigrantes para que abandonen la economía sumergida -sin derecho a voto porque eso lo aporta la nacionalidad- la sexta después de las aprobadas por los gobiernos Aznar (503.327 en 2001), Rodríguez Zapatero (576.506 en 2005) y las tres con Felipe González (174.000 desde 1986 a 1996) y después de la crisis de 2007 que obligó al retorno para miles de ecuatorianos a su país.
La dialéctica parece más simple, más allá de las razones éticas o humanistas con que los obispos defienden esta normalización, o el coste policial para devolverlos a su origen, muchos de ellos en guerra: ¿Quién va a financiar las pensiones o la sanidad pública con el envejecimiento occidental? ¿Perros, gatos, las máquinas expendedoras o servidores de los centros de datos? Igual estamos sólo hablando de potenciales negocios privados detrás de este nuevo discurso xenófobo y racista: Sanidad de calidad privada, mutuas para jóvenes con poco coste, pensiones suficientes sólo para quienes las puedan ahorrar. Mientras, nos entretienen con el circo de las paguitas, un plan secreto para alterar el censo electoral, y los servicios públicos se resienten ante tal alza. Y funciona: El Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) publicó el pasado 16 de febrero que la inmigración se ha convertido ya en el segundo problema para los españoles, por detrás de la vivienda. Subió un 4’4% desde el cuarto lugar, hasta alcanzar el 20’3% de encuestados. En Portugal le achacan el bajo sueldo a quienes también sufren los precios de alquileres.Y la derecha europea, inspirada por el Presidente húngaro, Viktor Orbán -quien desertó de las juventudes comunistas para crear el movimiento de los Patriotas- prepara ya reforma y restricciones para dificultar la residencia legal o la nacionalidad como en Lisboa, pese a que eso vaya contra el ser humano, el amor al prójimo y la ciencia que avala cuánto necesario será la mano de obra extranjera para mantener el crecimiento y el sistema de bienestar social que nos hemos dado… y para meter goles en la Copa de Europa.
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