¿Quién es Bad Bunny?

Al Paso

valbuena ok bn
08 de junio de 2026 a las 08:55h
Actualizado: 08 de junio de 2026 a las 08:55h

Vaya por delante que tengo mal oído. De niño, en el colegio, me echaron del coro. Un coro que me duró solo unas horas, o quizá no más de unos minutos. El cura me echó. Su invitación a que saliera al patio no me causó trauma alguno a pesar del frío y de la soledad del patio vacío aquella mañana de diciembre. No le guardo rencor ni a las sotanas, ni a las corcheas. Lo recuerdo con media sonrisa.

De los curas les hablo otro día. Vamos con los cantantes. El tal Bad Bunny. Saben ya que padezco retraso auditivo grave. Invalidante según mi hija. Mi hija opina como el cura. O peor. Además de invalidante, que es lo que pensaba el cura, mi hija considera que es hilarante. Y que de hilarante pasa a exasperante si canto más allá de dos o tres segundos. Opiniones. Al pan. Retraso auditivo grave al que se suma una edad también grave. La edad grave tiene como síntoma, entre otros, cierta incapacidad para tragar novedades. Se nos amontonan en la glotis del pensamiento.

Vistas mis taras diré que, hasta que Trump me sacó del error, confundía a Bad Bunny con Bugs Bunny. Yo he sido más bien del Conejo de la Suerte y de su archienemigo, Elmer Gruñón. Del conejo malo no supe nada ni siquiera cuando actuó en Puebla de la Calzada, pueblo donde -otro recuerdo simpático- en una ocasión comí una caldereta de sabrosísimos tropezones. De lo otro, de lo de Bad Bunny en La Puebla, no recuerdo siquiera que en su momento tuviera noticia. De Bad Bunny tampoco recuerdo canción alguna. Lo que oigo a salto de mata me resulta una papilla poco más o menos como la que le preparaba Torrente a su padre. Es curioso el mecanismo del recuerdo y curiosos los materiales que almacenamos con desprecio de otros. De Bad Bunny la única estampa que me viene a la cabeza es la de letras inmundas entre mujeres perreantes. Ya me perdonará el artista. El perreo me recuerda lo que les recuerda a ustedes. Tampoco es como para sorprenderse, los bailes siempre han sido un remedo de la coyunda. Más o menos veladamente, por supuesto. Lo de las letras casi tampoco me sorprende. Lo que me pasma en ambos casos es que hemos traspasado los límites que antes separaban el buen gusto de la zafiedad. Aquí es cuando viene lo de viejo. Viejo soy por fuera y por dentro, lo reconozco, pero de este burro no me bajo.

Lo de Puebla de la Calzada fue cosa de nada comparado con lo de ahora. Seiscientas mil personas han pagado precios astronómicos por verle (pixelado) y oírle (ruido de batidora) aquí, en España. Y son muchos, casi tantos como los espectadores de la pasada feria de San Isidro, así que no es fenómeno que se deba despreciar. En mis tiempos Elvis lanzó un disco titulado “50.000.000 millones de fans no pueden estar equivocados”. Un título que siempre me ha provocado una extraña tiricia. Ya se sabe lo de las moscas... Yo he sido devoto de Elvis -y lo sigo siendo- más allá de cuántos seamos sus monaguillos. Sin embargo, ahora, aquel título me sale al paso y me enseña que la marea de lo nuevo siempre se enfrenta a los diques de lo viejo. Quizá sean casos, en alguna medida, paralelos. Nunca tuve oído, pero hubo un tiempo en que fui joven. ¿Quién soy yo para juzgar lo que no entiendo? Quizá cuando medio recuerde una de sus canciones, quizá cuando me saque de la cabeza a las recauchutas que le perrean o la inmoralidad de sus letras, quizá, quizá entonces pueda opinar sobre su música. De momento me quedo con las caderas de Elvis y sus perras de caza.

Añadir La Portada de Extremadura como fuente preferida de Google de forma gratuita.

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora

Sobre el autor

valbuena ok bn
Fernando Valbuena
Ver biografía
Archivado en
Lo más leído