¿Qué es eso de ser español?

Cartografía de dos tierras

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(Geógrafo)

19 de julio de 2026 a las 17:58h
Actualizado: 19 de julio de 2026 a las 17:58h

Cada mañana, camino del trabajo, paso por la misma avenida. Según avanzaba España en el Mundial, han ido apareciendo nuevas banderas en los balcones. Primero una. Después otra. Luego varias más. Siempre de forma progresiva, casi tímida, como si hubiera que esperar una victoria para justificar su presencia.

En España la bandera necesita una excusa.

Se ha escrito mucho sobre ella, sobre los nacionalismos, sobre la leyenda negra y sobre el uso político de la Historia. Pero hay una pregunta anterior: ¿por qué los españoles valoran peor su país que quienes lo observan desde fuera?

El modelo Country RepTrak mide la reputación de los países a partir de tres grandes variables: calidad de vida, calidad institucional y nivel de desarrollo. En el informe de 2021, España aparecía como el país con peor autopercepción entre los seis europeos analizados. Los españoles puntuaban su país por debajo de la valoración recibida desde el exterior. Canadá y Turquía mostraban el fenómeno contrario: sus ciudadanos valoraban mejor su país que los observadores extranjeros.

No parece una cuestión de modestia. Es una anomalía.

La explicación habitual recurre a la leyenda negra. La propaganda antiespañola existió, fue eficaz y dejó huella. El problema es que una parte importante de los españoles terminó incorporándola como interpretación propia. La visión más negativa de la historia española no siempre procede ya del extranjero: se produce y se consume aquí.

También influye la política. La izquierda española ha tendido a mirar la idea de nación con desconfianza, como si fuera necesariamente conservadora, autoritaria o excluyente. La derecha, por su parte, ha contribuido a reducirla a gestos y símbolos. El resultado es una identidad nacional mal explicada y peor administrada.

Los hechos históricos, sin embargo, son difíciles de discutir.

España construyó uno de los mayores imperios de la historia, conectó Europa, América y Asia y participó de forma decisiva en la primera globalización. Sus ejércitos dominaron los campos de batalla europeos durante más de un siglo. Su capacidad naval sostuvo rutas comerciales intercontinentales. La Escuela de Salamanca formuló ideas sobre soberanía, derecho natural, economía y legitimidad política que anticiparon buena parte del pensamiento moderno.

La literatura española produjo el Quijote, la picaresca, el teatro del Siglo de Oro y una tradición escrita varios siglos anterior a muchas literaturas nacionales hoy consideradas centrales. España no fue una periferia cultural; durante mucho tiempo fue uno de los centros de producción política, económica y artística de Occidente.

La paradoja llega hasta los símbolos. El himno español no tiene letra, pero el himno de los Países Bajos contiene una referencia expresa al rey de España. Es difícil encontrar una metáfora mejor: España apenas se nombra a sí misma, mientras aparece en la memoria nacional de otros.

La situación actual tampoco responde a la imagen de un país irrelevante. España es una potencia turística mundial, posee algunas de las mayores empresas de infraestructuras del planeta y cuenta con directivos en grandes corporaciones internacionales. Su gastronomía modificó la alta cocina contemporánea. En el deporte, nombres como Induráin, Nadal, Alonso, Márquez, Carolina Marín, Jon Rahm o Alcaraz forman parte de la élite mundial.

Incluso el vino español necesitó muchas veces la validación extranjera para ser reconocido dentro. Hasta que un crítico estadounidense no otorgó cien puntos a determinadas etiquetas, muchos españoles no parecieron descubrir lo que llevaban siglos produciendo.

El caso de Hernando de Soto resulta ilustrativo. Su figura está representada en el Capitolio de Estados Unidos, da nombre a ciudades, condados, instituciones y hasta a una antigua marca de automóviles. En España, su presencia pública es marginal. No se trata de glorificarlo, sino de ponerle el nombre a una calle que no tiene en Madrid

Ser español no es una cualidad moral ni una hazaña. Es pertenecer a una comunidad histórica concreta. El problema comienza cuando esa comunidad desconoce su propia trayectoria o solo la contempla a través de la condena y la caricatura.

Las banderas aparecen cuando gana la Selección porque entonces resultan socialmente aceptables. El resto del tiempo vuelven al cajón. Quizá ese gesto explique mejor que cualquier encuesta la relación de España consigo misma.

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Felipe Grande

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