Las primarias del PSOE en Extremadura no han sido una batalla interna más. Han sido, en realidad, el cierre de una etapa y la apertura de otra. Y, sobre todo, han confirmado algo que llevaba años insinuándose sin llegar a materializarse: a la tercera, ganó un candidato de Cáceres.
Ni Lara Garlitos ni Esther Gutiérrez lograron en su momento doblegar a Miguel Ángel Gallardo. Pero el contexto ha cambiado. La dimisión de este último tras la debacle electoral del 21D abrió una ventana de oportunidad que esta vez sí ha sabido aprovechar Álvaro Sánchez Cotrina, que se convierte además en el primer secretario general socialista cacereño de la historia tras los largos ciclos de Juan Carlos Rodríguez Ibarra, Guillermo Fernández Vara y el propio Gallardo.
Pero reducir el resultado a una cuestión territorial sería simplificar en exceso. Estas primarias han sido tanto un pulso de la militancia como una operación política medida al milímetro. Cotrina no ha ganado solo sumando votos: ha ganado sumando adhesiones. Primero, la de Manuel González Andrade, desde Olivenza. Después, la de Blanca Martín, de Plasencia y ex presidenta de la Asamblea. Y, en paralelo, una unión clave: la de Antonio Rodríguez Osuna, cuyo peso en Mérida —una de las agrupaciones más potentes— ha sido determinante. No es casual que dentro del partido se repita aquello de que Extremadura son dos cosas: Mérida y Badajoz.
El mapa final lo confirma. Cotrina pierde en Badajoz por 13 puntos (43,26% frente al 56,74%), donde el aparato —los herederos de Gallardo— siguen teniendo arraigo. Pero compensa, y de qué manera, en Cáceres, donde roza el plebiscito con un 83,49% frente al 16,51%.
No es solo una victoria: es la consolidación de un bloque. Porque si algo dejan estas primarias es un mensaje político claro: gana el municipalismo frente al aparato. Cotrina, alcalde de Salorino, de apenas 500 habitantes, representa una red de poder territorial que ha sabido imponerse al viejo engranaje orgánico. Pero no conviene engañarse: su victoria tampoco se explica sin estructura. Como secretario general provincial, heredero del control orgánico que en su día tejió Miguel Ángel Morales, ha contado con un partido engrasado en Cáceres que ha funcionado como una maquinaria perfectamente alineada. No es solo municipalismo; es municipalismo con organización.
A partir de aquí, empieza lo difícil. La victoria interna abre expectativas, pero también tensiones. Cotrina tendrá que integrar no solo a su rival, Soraya Vega, sino a buena parte de su espacio en el congreso regional del día 25 de abril si quiere evitar que la victoria se convierta en fractura. Generosidad para coser, pero también firmeza para ordenar.
Y, sobre todo, inteligencia para gestionar una herencia compleja. Porque el nuevo liderazgo tendrá que apoyarse, quiera o no, en buena parte de los mimbres gallardistas, empezando por la Asamblea de Extremadura, donde el PSOE afronta una legislatura en minoría y con escaso margen.
El contexto tampoco ayuda. Un gobierno sólido de PP y Vox —40 diputados— frente a un PSOE en mínimos históricos, con 18 escaños. La travesía no será corta ni sencilla. La oposición tendrá que ser firme, pero también creíble, en un momento en el que el desgaste nacional del partido condiciona cualquier estrategia autonómica.
Sin embargo, hay un elemento que Cotrina sí ha conseguido activar: la ilusión interna. Una nueva generación de dirigentes socialistas empieza a asomar, con voluntad de reconstrucción y mirada puesta en el medio plazo. Porque si algo está ya en el horizonte son las municipales de 2027.
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