El PP pone el foco en las Diputaciones

La Trastienda

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19 de julio de 2026 a las 11:08h
Actualizado: 19 de julio de 2026 a las 11:08h

El Partido Popular ha puesto este fin de semana en marcha su reloj electoral. Los congresos celebrados en Cáceres y Badajoz, con la elección de Elena Manzano y la reelección de Manuel Naharro como presidentes provinciales, han sido mucho más que un simple trámite. Han escenificado el arranque de una estrategia con un horizonte perfectamente definido: las elecciones municipales de mayo del año que viene y, sobre todo, la conquista de las dos diputaciones provinciales.  

No es un objetivo cualquiera. Son, probablemente, los dos grandes bastiones institucionales que aún sostienen el poder territorial del PSOE en Extremadura. La Diputación de Badajoz jamás ha sido gobernada por el Partido Popular. Tras la etapa de la UCD entre 1979 y 1983, los socialistas han conservado su control durante más de cuarenta años de manera ininterrumpida. En Cáceres únicamente hubo un paréntesis, el protagonizado por Laureano León entre 2011 y 2015. El resto de la historia democrática también ha tenido color socialista.

Y no es una cuestión menor. Las diputaciones siguen siendo la columna vertebral del municipalismo extremeño. Su influencia trasciende la mera gestión administrativa porque son el principal nexo con cientos de pequeños municipios donde se ha cimentado, durante décadas, la fortaleza electoral del PSOE. Mientras las grandes ciudades alternan gobiernos y muestran un voto más volátil, el mundo rural continúa siendo el terreno donde se deciden buena parte de las mayorías políticas en Extremadura.

Por eso, tras las elecciones autonómicas anticipadas del pasado 21 de diciembre, en las que el PSOE sufrió el peor resultado de su historia con 18 diputados frente a los 29 obtenidos por el PP, en la dirección regional consideran que el cambio iniciado con María Guardiola en la Presidencia de la Junta está incompleto. La siguiente estación pasa inevitablemente por las diputaciones.

Su conquista supondría mucho más que ampliar el mapa institucional de los populares. Representaría la consolidación de un nuevo ciclo político en Extremadura, alteraría un equilibrio que parecía inamovible durante más de cuatro décadas y dotaría al PP de una estructura territorial de enorme fortaleza. Un respaldo que permitiría a María Guardiola afrontar los próximos ciclos electorales con una posición política mucho más sólida y con la aspiración de ampliar su espacio electoral para reducir su dependencia de Vox.

Porque las elecciones nunca empiezan el día en que se firman los decretos de convocatoria. Comienzan mucho antes, cuando los partidos ordenan su organización, fortalecen sus liderazgos y fijan el rumbo. Y este fin de semana, entre los aplausos de los compromisarios y los discursos de unidad, el Partido Popular ha dejado un mensaje nítido: la carrera hacia mayo de 2027 ya está en marcha.

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Antonio Cid de Rivera
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