Portugal: Energías renovables por necesidad

O Cais das Colunas

José Luis Lucas.

(Politólogo y periodista)

30 de enero de 2026 a las 09:41h
Actualizado: 30 de enero de 2026 a las 09:41h

En mayo de 2016, Portugal se vanagloriaba ante el resto del mundo de que, durante cuatro días, toda la energía que se consumió en el país se produjo mediante recursos renovables. El milagro duró poco porque, con la sequía que sufrió la península ibérica al siguiente año, la totalidad de energía eléctrica de fuente renovable cayó del 55’5% al 41%. La energía eólica en 2017 abarcaba el 21’6 de la producción; la hidráulica el 13´3%, la bioenergía el 5´1% y, sorprendentemente, la energía solar, bien fotovoltaica o la térmica, apenas un 1’6%. El 14 de julio de 2020 el gigante energético luso, EDP, anunció el cierre de la mayor central eléctrica de carbón en Sines, que ejecutó el 15 de enero siguiente, casi diez años después de lo previsto inicialmente y responsable del 12% de las emisiones con efecto invernadero. Y el 19 de noviembre de 2021 cerraba también la única central de carbón que aún estaba activa en Pego, con 630 MW de potencia, propiedad de la empresa Tejo Energia, una sociedad formada por la UTE Trustenergy con el 56,25% -propiedad de la francesa Engie y la japonesa Marubeni- y por la Italo-española Endesa con el 43,75%, donde invertirá 600 millones de € en un electrolizador para producir hidrógeno verde. EDP ha presentado un plan de inversión de 24 mil millones de euros para el desarrollo de la industria fotovoltaica, que conlleva la creación de veinte mil puestos de trabajo, y que se une a la apuesta lusa por la energía eólica, solar, y el hidrógeno verde que irá sustituyendo al biogás y la geotermia.

En 2024, el país vecino alcanzó el récord del 71% de producción desde una fuente renovable, con la hidroeléctrica (28%), la eólica (27%) y la solar (10%). Sin embargo, el pasado jueves 8 de enero el país alcanzó por vez primera los diez gigavatios como punta de consumo, según datos de la Red Eléctrica Nacional (REN). Portugal plantea en su estrategia híbrida (solar + eólica) a través de parques combinados que alcancen en 2030 el 80% de la producción renovable, para llegar a la definitiva independencia de los combustibles fósiles en 2050. Para ello, esperan transformar la capacidad de producción en energía solar sobre esos parques híbridos de 5’6 al 20´8 Gw en 2030 y aumentar, igualmente, los sistemas de almacenamiento para que esta energía no se desperdicie y pierda en la red.

La evolución en este aspecto constituye un ejemplo para el resto de Europa, también forzado por la necesidad histórica de esa dependencia con el exterior, que se mantuvo neutra en términos de la balanza comercial hasta la definitiva pérdida del imperio colonial, en 1974. Durante estos años, si bien en el periodo 2002-2007 introdujo el gas natural a través de Sines y de la conexión con el gasoducto ibérico, desde Carrizo a Campomaior y a Badajoz, en 2013 aún las fuentes renovables apenas suponían el 25’7% y en 2016 el 28%, añadiendo la biomasa al sol, el viento y el agua. Sólo en Castelo Branco, la producción de energía solar ha crecido un 33.500% en siete años: El proyecto fotovoltaico Sophia ha expandido 425.600 espejos entre 390 hectáreas, supervisado por la Universidad Nova de Lisboa, pasando de 1 a 187 Mw desde 2017 a 2024. El centro fotovoltaico da Beira, también conocido como Lightsource bajo la gestión de una empresa subsidiaria de la británica BP, está realizando eso mismo entre 525 hectáreas, aún ambos alejados del distrito de Faro, que concentraba una capacidad instalada de 689´5 Mw el pasado año.

La división energética en Portugal responde a una doble disposición geográfica: En la mitad sur, la energía solar aumentó un ocho mil por ciento en los últimos años, en el interior, baixo alentejano, Algarve y menos aún en el Alto Alentejo y Ribatejo (Castelo Branco, Portalegre y Leiria). La energía eólica se aproxima al 80% desde que Porto llegó al 73%, Guarda al 65%, Santarém al 68’8%, Vila Real al 62’2% y la costa de Faro el 62’5%, sabedores que -después del desarrollo de las centrales hidroeléctricas durante el Estado Novo- el viento atlántico y el sol del interior se han convertido en las fuentes para el futuro, con menor dependencia de las importaciones fósiles y de las compras a España del stock eléctrico, por el hecho diferencial de las centrales nucleares, a través de las conexiones de Cartelle-Lindoso, Aldeadávila-Lagoaça, Cedillo-Falagueira, Brovales-Alqueva y Tavira-Puebla de Guzmán (400Kw) complementado por otros nudos medianos de 220Kw en Castilla y León y los menores, de 100Kw, de Badajoz-Alcáçovas o de Rosal de la Frontera- Vila Verde de Ficalho, por la provincia de Huelva.

Portugal quiso, pero no pudo, tener una central nuclear

Las posiciones antinucleares en Portugal han reactivado desde 2018 un choque contra España, y con la central nuclear de Almaraz en concreto, por cuanto refresca sus dos reactores con agua del río Tajo que riega los distritos agrícolas de Ribatejo, Alto Alentejo, y llega a Lisboa. Conocidas han sido las posturas del Bloque de Izquierdas, apremiando al Estado español al definitivo cierre de Almaraz, tanto en el gobierno de Mariano Rajoy como en los primeros meses del primer gobierno Sánchez. La Revolución de los Claveles el 25 de abril de 1974, que puso fin al Estado Novo, coincidió con el auge de la oposición internacional a la energía nuclear, encabezada por Ralph Nader, el líder de la ONG “Ciudadano Público” y candidato después del Partido Verde. Además, el coste para la inversión de producir un kilovatio pasó, de 1967 a 1980, de cien a mil treinta dólares y la empresa pública Companhia Portuguesa de Electricidad se nacionalizó, dando paso a la creación de EDP (Energías De Portugal). En 1975, contaba con un grupo de ingenieros, liderados por Barreiros Marques, contrario a que se pusiera en marcha el primer grupo nuclear en Ferrel. La oposición a que se abriera la primera central nuclear coincidió, igualmente, con la entrada en vigor del programa energético del presidente Jimmy Carter, fuertemente boicoteado por los lobbies de las energías convencionales, y origen hoy de alianzas tan extrañas como las de Trump y Putin, los dos al frente de países productores de petróleo.

Ferrel es una freguesía del municipio litoral de Peniche, a pocos kilómetros de Lisboa, y de la que fuera prisión de los presos políticos para el régimen de Salazar, entre ellos el histórico comunista, Álvaro Pinhal. Allí, estaba previsto inaugurar el primer grupo de producción de energía nuclear en Portugal. Desde la creación de la Junta de Energía Nuclear JEN en 1954, dirigida desde 1968 por el general Kaulza de Arriaga, y el gabinete de planificación por el coronel Alburquerque e Castro, Portugal ya contaba con un pequeño reactor nuclear para la investigación en Sacavem, freguesía de Loures, el municipio donde el concejal André Ventura en 2017 representó al PSD. España tuvo también el suyo, Coral-1 protagonista de un “pequeño Chernóbil" que el franqusimo ocultó durante décadas: La fuga radioactiva de 80 litros de agua contaminada hacia el río Manzanares durante el trasvase de los residuos radioactivos: Setecientos litros con isótopos de estroncio, cesio, rutenio y plutonio que se filtraron al alcantarillado, y ochenta de ellos llegaron al Jarama, al Tajo y a Lisboa. El reactor Coral-1, sito en la Ciudad Universitaria de Madrid, formaba parte del proyecto “Islero para dotar a España de armamento nuclear en plena Guerra Fría y fue desmantelado en 1981 por la presión internacional. Su existencia, en una zona densamente poblada, y aquel incidente que provocó niveles de radioactividad en Aranjuez o Toledo setenta y cinco mil veces más altos que el límite científico, provocó el desmantelamiento después de comprar durante años las cosechas que se contaminaron, enterradas alrededor de la Ciudad Universitaria, y la prohibición del riego para numerosas parcelas.

Fue en otro 25 de abril, el de 1961, cuando el reactor nuclear portugués funcionó por primera vez en el Laboratorio de Física y Energía Nuclear, dirigido por Antonio Ramalho y el ingeniero David Andersen, de la empresa norteamericana AMF Atomics, en una piscina de nueve metros de altura y 450 mil litros de agua con uranio enriquecido en el núcleo del reactor. El interés de Portugal por la energía nuclear comenzó en 1952, con la creación de una Comisión Provisoria de Estudios que creó la JEN, presidida entonces por José Federico Ulrich, dependiente directo de Salazar, en el mismo año que cerca de Moscú entraba en funcionamiento el primer reactor nuclear destinado al abastecimiento eléctrico.

Desde 1958 a 1964, funcionó en el país vecino un consorcio de empresas que conformaron la Compañía Portuguesa de Industrias Nucleares. El consultor de la Junta de Energía Nuclear hasta 1963, José Veiga Simâo, ha mencionado en un libro que existían planes para construir una central nuclear luso-española junto al río Guadiana, promovida por Empresa Termoeléctrica Portuguesa y la compañía Sevillana de Electricidad, que así entregaron su propuesta a ambos gobiernos en 1967, como ejemplo del mercado ibérico único que propusieron los desarrollistas. De hecho, la energía nuclear surgió en el mismo título preliminar del IV Plan de Fomento 1974-79 que Marcelo Caetano aprobó antes de la Revolución, y que puso fin a su efímera primavera gubernamental. Íntimo amigo del ministro Laureano Lopez Rodó, los estudios habían concluido que seguía siendo competitivo incluir las centrales nucleares en la red eléctrica. Sin embargo -y aunque Caetano en 1970 visitó a Franco en Madrid para recabar apoyo en la construcción de una central de ocho mil megavatios que debía estar terminada a finales de siglo- el conflicto entre Washington, Madrid y Lisboa por las colonias africanas -que les llevaría a financiar el Frente Nacional para la Liberación de Angola, y después la creación de Unitá para sujetar la Operación Carlota financiada por Cuba y a la guerrilla comunista del MPLA- provocó consecuencias indirectas, los “daños colaterales” que denominan en la jerga militar: los motores de la Westinghouse Electric jamas llegarían a Portugal; La administración Kennedy se opuso a Salazar, y Nixón en eso se mantuvo; y Francia o Alemania no estaban en disposición de facilitar piezas o tecnología para ello.

El final de la dictadura no significó el fin de planes nucleares. En 1976, el gobierno luso nombró una Comisión Técnica que redactó el Libro Blanco sobre Centrales Nucleares, que fue entregado en 1977. En él constaba la opción nuclear, que se inserto en el Plan Energético Nuclear de 1984. Defendía la creación de cuatro centrales nucleares en el país, de no más de mil kilovatios y aún se mantuvo en funcionamiento hasta 2016 el reactor experimental de Sacavem, renovado en 2007. Poco después, entraría en parada permanente. El gobierno de Mario Soares, donde el socialista Antonio Capucho ejerció la cartera de Salud y Calidad de Vida, y Veiga Simâo la de Industria y Energía, desistió de la creación del primer grupo nuclear de 950 Mw propuesto por EDP, siguiendo las conclusiones de la Agencia Internacional de la Energía. Finalmente, en el segundo gobierno de Cavaco Silva, EDP concluyó en un estudio que una posible avería súbita de un grupo nuclear de tan gran dimensión provocaría “tal inestabilidad en la red portuguesa de electricidad y hasta un apagón general, así como teniendo en cuenta la interconexión con España” un problema ibérico, que terminó por convencer a algunas de las estructuras gubernamentales de la inoportunidad de la opción nuclear, pese al objetivo inicial del Plan Energético Nacional de Portugal… El riesgo de un apagón -dijeron- porque desestabilizaría la Red Eléctrica. ¿Les suena?

El riesgo de un apagón -Apagão en portugués-. Esta semana de viento, frío y agua, entre las borrascas Joseph y Kristin, 440.000 portugueses estarán sin luz hasta la próxima semana, no tanto por por el fallo del Servicio de Respuesta Activa de la Demanda y la carencia en los niveles de reserva en el sistema como porque en 774 kms sufren la caída de 61 postes: “Una bomba de destrucción masiva” -según el Gobierno de Luis Montenegro- que va a declarar el Estado de Calamidad el próximo domingo, 1 de febrero, aunque la presa de Alqueva esté desembalsando por cuarta vez en su historia, desde 2010, aunque riegue a más de 120.000 hectáreas, y produzca un vino cada añada más excelente, con tapón de corcho, como nos gusta aquí. Es que cinco personas fallecieron, cuatro en Leiria y otro en Vilafranca de Xira, éste último aplastado por un árbol que cayó sobre su coche, como un toro a un forcado. Y eso siempre resulta peor, mucho peor… Aunque sea una cuestión de sangre. ¡Descansen en paz! Seguro, que todo volverá a florecer: Força Portugal!!! Vamos-lá!!! Seguro, Antonio José.

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