Uno de los asuntos más intrigantes de la política nacional, al menos a mi juicio, es la defensa que de Zapatero hace Sánchez. Para ser ordenados debería decir la defensa que de Rodríguez hace Sánchez, que también al elegir vocativos asoman los misterios. Al pan. ¿Por qué sigue defendiendo a quien le mancha? Zapatero mancha. Mancha al partido y -como se diría entre taurinos- es veneno para la taquilla. ¿Por qué entonces le defiende? La primera respuesta, la más obvia, pudiera ser que la opinión antes expresada sea errónea, es decir, que no manche, al menos que no manche tanto como parece. No lo creo, y no porque sea mía la opinión, sino porque es de muchos, entre esos muchos la de la mayoría de los cargos socialistas que ya despotrican entre bambalinas. Lo del trapisondista Zapatero además de grave tiene foto, que casi es peor. Es veneno no solo por la gravedad de los delitos de los que se le acusa, acusaciones a las que no es capaz de dar cumplida respuesta, sino porque tiene foto, y en estos tiempos todo tiende a la foto, al meme; nada más venenoso para la taquilla socialista que el trago de ver a Zapatero enjoyado. Así que no debe ser ceguera. Será por otro motivo. ¿Cuál? Tampoco creo que sea una muestra de respeto y gratitud del joven alumno al viejo maestro; como es bien sabido el alumno ha superado al maestro en maldad, al menos en toda esa catarata de maldades que se deriva de la propia egolatría, así que no creo que Sánchez ponga en peligro su propia ventura por salvar a un náufrago. No, no parece ser lealtad. Pero si no es ceguera (que para eso tiene setecientos asesores) y tampoco es lealtad (que para eso es inmoral), ¿qué es? Así, entre nosotros, si no es ceguera ni bondad a mí solo se me pasa por el caletre que sea complicidad.
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