¿Por qué ha tenido tanto éxito Emerita Lvdica en Mérida?

Tribuna Abierta

ana

(Profesora Asociada de Ética y Deontología de la Comunicación en la Facultad de Ciencias de la Documentación y la Comunicación de la UEx)

22 de mayo de 2026 a las 16:45h
Actualizado: 22 de mayo de 2026 a las 16:45h

Desde hace años, Emerita Lvdica ha dejado de ser únicamente una fiesta de recreación histórica para convertirse en una auténtica expresión de identidad colectiva. La celebración, que rememora la fundación de Mérida en el año 25 antes de Cristo, ha ido consolidando el carácter romano de la ciudad hasta formar parte ya de su propia manera de entenderse a sí misma.

Nada de esto ha sido fruto de la improvisación. Detrás hay trabajo, constancia y una evolución sostenida a lo largo del tiempo. Edición tras edición, la cita ha crecido hasta alcanzar en 2026 su decimosexta edición, multiplicando actividades, implicando a asociaciones, colectivos y ciudadanos, y logrando que las calles emeritenses revivan, aunque solo sea por unos días, el esplendor de Augusta Emerita.

Pero más allá del éxito organizativo o turístico, hay una cuestión mucho más profunda: ¿por qué Emerita Lvdica ha encajado de forma tan abrumadora entre la población emeritense?

Probablemente porque conecta con algo muy arraigado en la conciencia colectiva de la ciudad: la idea de que Mérida le debe casi todo a su legado romano. Y eso no significa ignorar otras etapas históricas fundamentales. Mérida también vivió el esplendor visigodo entre los siglos VI y VII después de Cristo, dejando un importante legado religioso, político y cultural. Posteriormente llegó la etapa musulmana de Al-Ándalus, entre los siglos VIII y XIII, que aportó nuevas formas de organización urbana, defensiva y social, visibles aún hoy en algunos rincones de la ciudad. Más adelante, la época medieval y la presencia de la Orden de Santiago, a partir del siglo XIII, marcaron igualmente el devenir histórico emeritense.

Sin embargo, ninguna de esas etapas dejó una huella tan visible, monumental y emocionalmente reconocible como la romana. El teatro, el anfiteatro, el puente, el templo de Diana, el circo o el acueducto no son únicamente restos arqueológicos: forman parte de la vida cotidiana de Mérida. Son el paisaje habitual de generaciones enteras de emeritenses.

Además, el uso lúdico y cultural que la ciudad ha sabido hacer de ese legado ha reforzado todavía más ese sentimiento de pertenencia. El Festival Internacional de Teatro Clásico en el teatro romano, las recreaciones históricas en el anfiteatro o el vínculo emocional y festivo de muchos emeritenses con espacios como Proserpina han contribuido a mantener viva la conexión entre pasado y presente.

Porque el espíritu de Roma no quedó enterrado bajo las piedras. Ha permanecido en el carácter abierto de la ciudad, en sus costumbres y también en la manera en que Mérida se proyecta hacia el resto del país. Emerita Lvdica no ha inventado esa identidad; simplemente la ha despertado y la ha convertido en una celebración colectiva.

En una reciente conferencia del escritor Emilio del Río para presentar su obra Pequeña historia de la antigua Roma, el autor recordó aquella célebre escena de Monty Python en La vida de Brian en la que se preguntaban: “¿Y qué han hecho los romanos por nosotros?”. En Mérida, la respuesta parece evidente: casi todo.

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Sobre el autor

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Ana González Delgado

Profesora Asociada de Ética y Deontología de la Comunicación en la Facultad de Ciencias de la Documentación y la Comunicación de la UEx

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