PISA nos pone frente al espejo

La Trastienda

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13 de septiembre de 2026 a las 12:04h
Actualizado: 13 de septiembre de 2026 a las 12:04h

Los resultados del informe PISA publicados esta semana vuelven a situar a Extremadura ante un problema que sería un error minimizar. No es nuevo, tampoco exclusivamente nuestro, pero eso no puede servir de consuelo. La educación extremeña no avanza al ritmo que necesita la región y los últimos datos revelan algo todavía más preocupante: en algunas de las competencias fundamentales vamos hacia atrás.

PISA 2025 deja a Extremadura con 454 puntos en matemáticas, 451 en lectura y 473 en ciencias. Hace tres años eran 469, 468 y 479, respectivamente. Es verdad que España también retrocede y que la caída alcanza a buena parte de los países desarrollados. Pero cuando se parte de una posición más retrasada, perder terreno resulta aún más preocupante.

Aquí no debería haber demasiado espacio para buscar culpables. Habrá tiempo para discutir las causas. La Junta ha señalado a la LOMLOE y la consejera de Educación, Sandra Valencia, ha sido crítica con una ley que considera perjudicial para el sistema. Es legítimo hacerlo. Pero me parece bastante más importante lo que ha apuntado después: asumir los resultados y reforzar la lectura y las matemáticas desde las primeras etapas.

Ese es el camino. Reconocer una realidad adversa es siempre el primer paso para intentar corregirla. Y probablemente haya que empezar muy abajo, justo donde se adquieren las herramientas que acompañarán al alumno durante toda su vida académica: leer, comprender lo leído, escribir correctamente, calcular y razonar.

No habrá soluciones inmediatas. En educación casi nunca las hay. Las decisiones que se adopten hoy probablemente no podrán evaluarse hasta dentro de varios cursos. Precisamente por eso hay que empezar cuanto antes y trabajar con objetivos que sobrevivan a una legislatura.

Supone un paso en la buena dirección el reciente acuerdo alcanzado entre la Consejería y los sindicatos para mejorar las condiciones de los docentes extremeños, con una subida retributiva de 210 euros, el pago de las tutorías, el reconocimiento del sexto sexenio y otras mejoras. Prestigiar la profesión docente no consiste únicamente en discursos. También significa reconocer su trabajo y ofrecer unas condiciones acordes con la responsabilidad que asumen.

Más aún en un momento en el que el descenso de la natalidad ha reducido de forma importante la ratio de alumnos por aula. Menos estudiantes deberían permitir una mayor dedicación del profesor a cada uno de ellos, una atención más personalizada y, sobre todo, detectar y corregir antes las dificultades de aprendizaje. Es una ventaja que la región debe saber aprovechar y traducir en un mayor rendimiento académico.

Invertir en enseñanza es invertir en el futuro de Extremadura, probablemente mucho más que hacerlo en cualquier infraestructura

Pero el desafío educativo extremeño excede a una consejera, incluso a un Gobierno y a una legislatura. Invertir en enseñanza es invertir en el futuro de Extremadura, probablemente mucho más que hacerlo en cualquier infraestructura cuyos frutos puedan inaugurarse antes de unas elecciones.

Y tenemos un precedente que convendría recordar. En 2010, Guillermo Fernández Vara y José Antonio Monago, PSOE y PP, fueron capaces de ponerse de acuerdo para sacar adelante la Ley de Educación de Extremadura. De aquel entendimiento nació una norma aprobada en 2011 que incluso fijó compromisos de financiación para el sistema educativo.

Aquello fue un ejercicio de responsabilidad política: poner los intereses de Extremadura por encima de los de los partidos.

Gobierno y oposición deberían ser capaces de acordar qué modelo de enseñanza quiere Extremadura para los próximos diez o quince años

Quizá haya llegado el momento de recuperar ese espíritu. Gobierno y oposición pueden discrepar sobre la LOMLOE, los métodos educativos o las causas que nos han llevado hasta aquí. Pero deberían ser capaces de acordar qué modelo de enseñanza quiere Extremadura para los próximos diez o quince años.

Porque PISA no debería convertirse en otra munición para el debate político. Sus datos son una advertencia. Y cuando una generación pierde competencias en lectura, matemáticas o ciencias, no pierde puntos en una simple clasificación: pierde oportunidades para el futuro de su tierra.

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Antonio Cid de Rivera
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