El Otoño

De Retales a Relatos

Concha Luis.

(Periodista)

22 de septiembre de 2026 a las 19:21h
Actualizado: 22 de septiembre de 2026 a las 19:26h

Es lunes, 21 de septiembre. Como me he quedado en Llerena, aprovecho para recoger a mi madre del centro de día al que acude cada mañana. Se monta en el coche y lo primero que dice, con una voz que parece venir de muy lejos, es que hoy hace sesenta años que se casó.

Le digo en voz baja que lo sé. En mi casa, el primer día del otoño siempre coincidía con el aniversario de la boda de mis padres. Pero sé que no me ha oído. Entre la sordera que arrastra y que no ha parado de refunfuñar, mi respuesta se queda en ninguna parte.

Habla del calor. De este calor absurdo que parece haberse equivocado de mes. Y entonces recuerda que aquel día, el de su boda, sí era de verdad otoño. Que hacía fresco. Que el aire era distinto. Y que empezaban a caerse las hojas de los árboles.

- Hasta eso nos han cambiado.

Lo dice con cierto fastidio, como si alguien no demasiado simpático hubiera decidido modificar las reglas sin consultar a nadie.

- Antes el otoño empezaba hoy. Ahora no sé a quién se le ha ocurrido que hay que esperar dos días más.

Dos días. Su tono denota que le parece una extravagancia innecesaria, una de esas pequeñas alteraciones del mundo que a cierta edad empiezan a resultar sospechosas.

La miro y entiendo que no es el cambio de estación lo que le preocupa… Que para ella hoy no es una fecha cualquiera en el calendario. Es el día en que se casó. El día alrededor del cual empezó todo lo demás. Y durante sesenta años ha sabido que, cuando llegaba este día, empezaba el otoño.

Así de sencillas eran algunas cosas. Una fecha. Un aniversario… Una estación.

Ahora el tiempo se retrasa, los veranos se estiran y el calor llega tan lejos que, a veces, nos pilla en Navidades. Y yo siento que hay algo profundamente extraño en que el mundo siga avanzando y, al hacerlo, vaya borrando las señales con las que aprendimos a orientarnos.

Mi madre sigue refunfuñando. Yo la miro de reojo mientras conduzco.

Su pelo tiene el color del frío. No sé cuándo empezó a ponerse así. Quizá fue sucediendo tan despacio que no hubo un día en que pudiera advertirlo. Gris, blanco... plata. Entonces entiendo que el cambio de estación está en su cabeza. En esa voz que recuerda una boda de hace sesenta años. En las cosas que todavía conserva intactas mientras otras se le escapan. En la necesidad de que hoy sea el primer día...

Vuelve a decir que antes el otoño empezaba hoy. No la contradigo. 

Afuera hace un calor insoportable. Y yo miro su pelo y sé que, para nosotras, hoy sí ha llegado el otoño.

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