¿Para qué le sirve al político la política? ¿Y al poeta la poesía? La poesía ve más que el poeta, es como el perro lazarillo para el ciego, pero hay que adiestrarlo antes. El poema está hecho de palabras vivas. La política en cambio está hecha de palabras necias, que arden y queman en lo profundo. La política tiene que engañar para parecer más verdadera, un absoluto desgarramiento. Ahora llegan algunos a saber que la Z de vileza rondaba por los talleres, por el bulevar de Sabina, piezas de los sueños rotos. Y la P es la pura y profunda patada a la poesía como anunció Enzo Paci.
El poeta sabe que todo está dicho. El político sabe que nada convence y por eso grita y le prende fuego al discurso. El poeta vive en un tiempo puro de rosas y jazmines. El político se mete en jardines para chafar las rosas. La poesía sopla la política destroza. Sólo la poesía nos otorga el conocimiento de la vida. La política es pura lamentación cuando no putrefacción.
La política es la invertida bóveda donde suena el hueco mundo o el abuso en contra de la ley.
Es pulsación y estallido. Pocas veces es brillo. Tal vez la primavera de la muerte. Un cuerpo triste.
Y el periodista no es otra cosa que un narrador de urgencias.
De pronto el caminar se detiene, el árbol detiene su verdor, la boca los besos y la verdad.
La incredulidad es el viento de nuestros días y la hermosura es pura fugacidad. No hay más mecanismos que la verdad y la luz.
Porque... sobre este polvo ¿qué casa podremos edificar? Ceniza se escribe con Z, hueco atroz de las sombras, luz lavada de jardín, sollozo, elemento fugaz y efímero.
Salid, salid de una vez, salvad lo que podáis del muro desconchado. Danzad con Z, coged la flor mientras podáis. Los poetas han enmudecido. Nada se salva, ni las briznas del aire, ni los Rodriguez ni los Zapateros.
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