Los que están libres de pecado van por ahí tirando piedras y nos estamos quedando sin vacas sagradas del dandismo patrio. Tras la embestida a Adolfo Suárez ha venido por la izquierda un empellón descomunal a Julio Iglesias justo cuando estaba leyendo a Julio Maruri cuya poesía es una mano que arranca cielos, muros, siglos. Una poesía que es una queja y se eleva como el aire iluminando la triste sien de los dormidos. Amén.
En esto de las acusaciones al alioli vivimos un delicado momento; se siembran por el suelo imputaciones y denuncias como quien tira cáscaras de pipas y luego a ver quien barre, quien rehace esa biografía.
El pasado ha dejado de ser un punto fijo para revivir acalorados rencores y clavar en él la mirada de aguas pasadas que sí vienen a remover molinos. Esto es el wokismo, un despertar de la izquierda radical que emana precisamente de una entidad autoritaria y vertical.
Bienvenidos a la era de la gran deconstrucción o "desublimación"; es decir que, en una especie del lenguaje del delirio, la ultra izquierda nos sitúa -según le convenga a ella- en el lado del bien o del mal por pensar cada uno sus propios pensamientos; esta izquierda radical decide en cada momento el punto de vista correcto o el impensable; eso que Nietzsche llamaba “filosofar a martillazos”.
No sé si Julio Maruri consentiría esta pena de telediario pero seguro que escribiría un poema, cogería esa flor que hoy nace alegre y se convertiría en una de esas almas alcoholizadas de belleza y madrugada. Un Baco de campesinos, de truhanes embriagados por el pan de la poesía. Hey, no seas bohemio, por ahí no. Quizá entendamos mejor ahora la letra de “De niña a mujer”. Julio Maruri lo hubiera escrito mejor, sin duda y sin pegarse demasiado al objeto amado, guardando distancia en vez de rencor.
¡Cuánta pulcritud ha traído el wokismo a nuestras infames y podridas vidas! Jacques Derrida es el padre de la criatura y en virtud de lo políticamente correcto vino a explicarnos cómo urge deconstruir lo que él llama “falogocentrismo” que en la jerga derridiana y resumiendo mucho significa ir a por los plastas de barra de bar o en un plano teórico más elevado supondría ir a por los ligones de servilleta, ese sujeto autónomo de mano larga y naturaleza gelatinosa.
La ultra izquierda ha aprovechado que Maduro pasaba por la cárcel para sacar del armario otro cadáver, pero ojo, porque mientras dure el azote venezolano e iraní anuncian disecciones sobre lo vivo, a la manera de Galeno. Cualquier cantante, marqués, escritor o político está sobre aviso. El wokismo español irá de la manita con Pedro Sánchez a por todo lo que se mueva y no sea de izquierdas. Hey. Están avisados
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