Me encantaría escribir que los tilos y alerces se tiñen de amarillo, que todavía en octubre, acá o allá un roble y un olmo conservan su verdor del verano; que hay una ternura balanceándose en forma de castañas...sin embargo, ante lo que vemos, parece necesario evitar las palabras inútiles.
La verdad requiere un silencio previo. Sin él, es imposible averiguar la verdad de las mentiras. Es una locura insistir en las mentiras para hacer prevalecer unas supuestas verdades sobre otras que son tan sólo medias verdades, mentiras disfrazadas. Y estas mentiras son las que ahora nos ocupan, las que no obligan a respirar en medio de este irrespirable clima político.
Así no se puede. Todo está inflamado.
La mirada se pierde en una tiniebla amenazadora, una sombra errante. Parece haber vuelto ese tiempo sin piedad en el que toda bondad saltó por los aires. Y entones ya no hubo regreso ¿Es que se nos olvida que la paz es la verdadera felicidad?
Yo acuso a los políticos del grito, del rumor casi constante que tiñe el ánimo. Y acuso a los que hablan sin rigor sobre el lienzo blanco de la verdad y la razón. Se nos olvida que la textura trágica de la Historia empieza por empujarnos a los unos contra los otros avivando la soñolienta víscera.
Pero aún estamos a tiempo, no sucumbamos al pesimismo al que nos somete esta clase dirigente metida de lleno en el fango electoral. No desistamos de buscar la próspera cosecha de entendimiento y tolerancia, de moderación y buen humor que nos caracteriza. Ya que los políticos se niegan, seamos nosotros los reincidentes exploradores de altas mesetas verdes; vamos a buscar claros en el bosque.
Me niego a estar con el corazón desgarrado. Prefiero hablar de las coqueluches; reírme y salir al balcón sin ninguna bandera; dejar de ser este YO abatido y triste. Prefiero ser llamada adonde sea posible una respiración ancha, donde no haya frentes ni plazas ocupadas. Como diría Cernuda, esto es un vivir sin estar viviendo.
Quiero tener un amigo como Timothy Osborne, que en los días oscuros de María Zambrano se la llevó a Grecia formando un eje invulnerable y la sacó de la espesura.
Y quiero que la política deje de ser esta regresión trágica y oscura donde el argumentario del grito y el CIS se han llevado lejos la razón y la palabra. Es como estar calibrando una brújula en la tiniebla, viviendo un caos de ideas claras. Podemos afirmar sin mentir que flota en el ambiente un ligero vaho de burla y un cierto olor a jardín pisoteado.
En todo caso sólo existe una verdad inalterable y es que entre unos y otros y todos a la vez, están matando a la ninfa del lugar.
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