La monstruo

Al Paso

valbuena ok bn
23 de octubre de 2026 a las 09:03h
Actualizado: 23 de octubre de 2026 a las 09:03h

Estoy por dedicar los viernes a las cosas del comer. O al toreo. En esta historieta se mezclan. Sucedió en 1913…

Santander, verano del 13. La monstruo. Tengo el cartel. Colecciono carteles de toros por herencia. Es común entre los aficionados ir cargándose de chatarra festejo a festejo; carteles, entradas y lo que se tercie. A lo de mi padre, lo mío. Por ejemplo, el cartel en seda de la monstruo de Santander. Lo compre hace años… Aquel fue un festejo con rinconcito propio en la historia de la tauromaquia. Tres corridas un mismo día, una detrás de otra; dieciocho toros. Por allí asomaron, entre otros, toreros de la talla de Cocherito, Machaco, Bombita, Joselito y también mi paisano, el simpar baracaldés, Torquito. Ya por aquí se cruzan los fogones…

Torquito, que esa tarde recibió una cornada al dar un molinete a su primero, fue maestro de los fogones. Presumía de mano para el bacalao y la porrusalda. También de ser el creador de la zurrukutuna, algo así como la sopa de ajo con bacalao desmigado y pimientos choriceros que hoy es estandarte de la cocina vasca. Tal vez. Sea cierto o no, lo cierto es que aquel día se llevó una cornada y su segundo toro lo tuvo que matar el madrileño Vicente Pastor. Y de fogones quería hablarles.

Años después de haber comprado aquel cartel ha caído en mis manos cierto documento que considero de interés (al menos para mí). La minuta del almuerzo que sirvió el restaurante Royalty en la propia plaza al arrastre del último toro de la mañana. Tiene su gracia. Lo que no sé a ciencia cierta es si tuvo lugar o el tiempo lo impidió. Las crónicas dicen que ese día la lluvia merodeó. Que la banda tocó a la llegada del tren con aficionados de Bilbao, que en la primera triunfó Cocherito con los benjumea, que en la segunda Machaquito le mojó la oreja a Joselito con los de parladé y que en la tercera Bombita derramó torería con los de saltillo, tanta que acabó a hombros. Eso y más; las banderillas de Magritas y el brazo de hierro del legendario varilarguero Badila. Eso cuentan las crónicas, pero no sé a ciencia cierta si se sirvió o no la comida anunciada.

¿Se comió aquel 26 de junio de 1913 en el ruedo de Cuatro Caminos como anuncia la minuta? ¿O no se comió? ¿O se sirvió el banquete fuera de la plaza como parece más razonable? El coso de Santander está en un alto, oteando nubes… y la premura era mucha entre tanto toro. En todo caso aquí les dejo el menú que preparó el célebre restaurante Royalty; establecimiento inaugurado el año anterior, y que durante décadas fue tenido por muy postinero en la tierruca. Estaba en lo que hoy es el Paseo Pereda… mirando al mar soñé, cantaba Jorge Sepúlveda. El té lo servían en tetera de plata. Háganse a la idea.

Zurrukutuna, no. Entremeses variados, paella valenciana, langosta con salsa tártara, espárragos vinagreta, solomillo mechado con patatas glaseadas, fiambre variado, tarta Royalty, quesos y frutas; vino blanco alambrado y tinto quinto año de las Bodegas Paternina, champagne Viuda de Clicquot; café y licores; cigarros habanos. Y punto. Y tela.

Lo del vino alambrado tiene su gracia. ¿Se acuerdan de aquellas botellas alambradas de antaño? El alambre venía a ser garantía de que la tradicional y siempre rampante picaresca española no tenía ocasión de rellenar con peleón las botellas etiquetadas. Lo que en términos taurinos vendría a ser garantía de integridad de las astas. Y qué feliz yo con mi chatarra de papel… y seda. A mi padre le gustaría; el habano especialmente.

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Fernando Valbuena
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