Le Monde Diplomatique entre Lisboa y Madrid

O Cais das Colunas

José Luis Lucas.

(Politólogo y periodista)

24 de abril de 2026 a las 08:45h
Actualizado: 24 de abril de 2026 a las 08:45h

Tal y como hizo el Presidente del Gobierno, Luis Montenegro, el pasado 15 de abril de 2024, el recién electo Presidente de la República portuguesa, Antonio José Seguro, eligió esta semana que Madrid fuese el destino de la primera visita oficial al exterior. Ni Jorge Sampãio, ni Mario Soares, ni Aníbal Cavaco Silva optaron por Madrid para sus viajes inaugurales, cadencia que rompiera su antecesor, Marcelo Rebelo de Sousa, correligionario de Montenegro, quien viajó a España hasta 18 veces durante diez años de mandato. Cada dos, los ejecutivos ibéricos celebran Cumbres, en un país u otro, con la intención de actualizar las agendas comunes que deben coordinar.

Si con el Primer Ministro ambas delegaciones pusieron énfasis en el hermanamiento entre ambos países y en las arterias que interconectarán, hasta difuminar la Raya, la frontera más antigua de Europa -del tren, de puentes, de las carreteras y de las conexiones energéticas- el Presidente Seguro aprovechó el viaje para recordar que España continua como el primer socio comercial de Portugal (las exportaciones portuguesas alcanzaron los 25.500 millones de euros en 2024 y las importaciones desde España los 40.000 millones). Ello provocó la invitación a las empresas lusas para que compitan por los contratos en España, como a la inversa; y, además, los Estados que eligen los jóvenes para los intercambios del programa Erasmus. De hecho, en la jornada previa a que el Rey de España le recibiera en el Palacio Real, el Presidente de la República se interesó ante un grupo de ellos por las diferencias considerables entre los salarios de un mercado y otro, apelando al diálogo para que los actores sociales lleguen al acuerdo para una reforma laboral que beneficie en Portugal la concertación, al tiempo que deseaba que sus compatriotas, estudiantes o trabajadores, pudieran algún día retornar con remuneraciones atractivas como para retener ese talento. El Salario Mínimo en España este año se elevó a 17.094€ y en el país vecino a 12.876€

¡Qué curioso! Hace dos años, Luis Montenegro y Pedro Sánchez condenaban los bombardeos de Irán a Israel, a la vez que los atentados terroristas de Hamás el 7 de octubre de 2024 y el posterior desastre humanitario que comenzó a gestarse en la Franja de Gaza, con la vida de setenta mil personas desde entonces. Ambos gobiernos han reconocido ya el Estado de Palestina -aunque Portugal tardara diez meses más- como el mecanismo que garantice la coexistencia pacífica y la estabilidad de la zona. Sin embargo, aunque en la visita al palacio de La Moncloa el Jefe del Estado luso, Tozé Seguro, se alineó sin ambages al lado de la legalidad internacional y del alto al fuego, tanto en Líbano como en el estrecho de Ormuz en “concordância total” con Pedro Sánchez, tanto Madrid como Lisboa consienten las diferencias sustanciales respecto al conflicto: Mientras desde la base aeronaval de Lages, en las Açores, decenas de vuelos partieron o reportaron para apoyar a las tropas norteamericanas desplazadas a Oriente, el Gobierno de Pedro Sánchez se negó a que las bases conjuntas de Morón y Rota fueran utilizadas para fines ajenos al convenio que las regula, es decir, para un conflicto que se desarrolla sin el aval legal de las Naciones Unidas. Y los diputados que sustentan la coalición conservadora del gobierno luso Aliança Democrática insisten en las obligaciones que tienen como aliado y fundador de la OTAN, mientras que Amnistía Internacional les ha denunciado por haber permitido la escala de tres cazas de combate que fueron vendidos por EE.UU. a Israel.

El vecino grande de al lado

Portugal mantiene relaciones diplomáticas con España desde el siglo XII. Su primer embajador en Madrid presentó la carta credencial en 1668. Las memorias del embajador luso en Madrid, Pedro Teotónio Pereira, durante el Estado Novo hasta 1945 muestran un sublime ejercicio de equilibrio al tiempo que en Lisboa representaba a España el mismo hermano del General, Nicolás Franco.

La visita oficial de Antonio José Seguro comenzaba la tarde noche del domingo 19 de abril en la embajada de Madrid, al mismo tiempo que Pedro Sánchez clausuraba en Barcelona la IV Reunión progresista de Defensa de la Democracia, después de las celebradas en la Asamblea General de la ONU, en sus dos primeras ediciones y en Santiago de Chile, el año pasado. Reunió en Barcelona a representantes de veinte gobiernos, después de celebrar en el Palacio de Pedralbes de la capital condal una cumbre bilateral con Brasil, que contó con la presencia del Presidente de ese país, Luiz 

Inácio da Silva. Junto a él, acudieron el Presidente de Colombia, Gustavo Petro; la de México, Claudia Sheinbaum; el primer ministro de Albania, Eda Rama; la de Lituania, Inga Ruginiené; de Cabo Verde, José María Neves; de Barbados, Mia Mottley; de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa; de Uruguay, Yamandú Orsi; los vicecancilleres de Alemania, Lars Klingbeil, y de Austria, Andreas Babler; el Presidente del Consejo Europeo, el portugués António Costa, el representante de la ONU, Guy Ryder… Y hasta la Presidenta de Irlanda, Catherine Connolly, que ha desesperado a la derecha conservadora del trébol porque también escogió España como el país para su primera visita oficial, en contra de la tradicional recepción en Londres, En Barcelona, coincidiría con el Vicepresidente inglés, David Lammy.

La alianza ibérica corre paralela al posicionamiento ideológico de los gobiernos en cada uno de los países, al del conservador Montenegro, azuzado por Chega frente al antiamericanismo que operó tanto en el Partido Comunista portugués como en los estertores del salazarismo que veía de reojo como la administración Nixon financiaba la guerrilla terrorista en Angola y Mozambique. Aquella primera visita de 2024 sirvió para ratificar los mutuos intereses energéticos y el apoyo de los dos ejecutivos para que Antonio Costa ocupara la Presidencia del Consejo Europeo. España había visto tradicionalmente a Lisboa como el segundo hermano, después de París. Sin embargo, los hechos diplomáticos demuestran el sentido contrario: El 23 de noviembre de 1977, el entonces Presidente del gobierno luso, Mario Soares, y el español, Adolfo Suárez, firmaban el Tratado de Amistad y Cooperación por diez años prorrogables, el primero en democracia. Y hasta el pasado 19 de enero de 2023, el presidente español Pedro Sánchez y el francés, Emmanuel Macrón, no firmaban un Acuerdo similar con el vecino rico -aún pendiente de su ratificación en las Cortes tras el recurso de inconstitucionalidad que presentó el PP porque un ministro de cada país podría ser miembro del Consejo de Ministro en alguna sesión- y pese a la decena de pequeños convenios, intercambio de notas y acuerdos que desde 1969 se incrementaron entre ambos Estados, y con el común nexo de las conexiones energéticas y políticas de cooperación en materia de migración.

Sin embargo, ambos Estados han ratificado el Tratado Internacional entre la Unión Europea y Mercosur (Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay y Bolivia) firmado el 17 de enero de este año en Asunción por el que se crea una zona de libre comercio entre 700 millones de personas. Se van a eliminar el 90% de los aranceles entre bienes agrícolas e industriales, y en contratación pública, a partir del próximo 1 de mayo. Se oponen las formaciones populistas y autárquicas como Chega y Vox, insertos en un contexto de amenazas permanentes por la Administración Trump al orden internacional, bien a través de aranceles que ahora tiene que devolver, bien haciendo añicos el principio de soberanía en Venezuela, sin diferencia a lo que ya había ejecutado el ruso Putin con Crimea y Ucrania. El campo se siente amenazado, con algo de razón, porque acuerdos de esta dimensión -como ya ocurriera con China en los años noventa- beneficia a las grandes compañías y ahoga al pequeño productor. Por contra, ambos saben que el enlace atlántico entre América y Europa pasa tanto por Lisboa como por Madrid… Y Paris, Berlín y Roma son conscientes de ello. España, este año albergará la XXX Cumbre Iberoamericana que agrupa a 22 países con una cultura y diálogo común, después de la primera celebrada en México en 1991.

Sin pareja fija en el baile

El propio Pedro Sánchez, quien ya había visitado India la semana de la fatal dana en Valencia, ha dividido su cariño entre la visita institucional este mes a Pekín, donde ha firmado una decena de acuerdos comerciales con el gobierno y las empresas chinas, y la presencia de su Vicepresidente, Carlos Cuerpo, a Washington, Nueva York y Boston, para certificar que el pasado año la inversión norteamericana alcanzó por primera vez los once mil millones de euros en España. Pese a toda especulación, el Departamento de Defensa y el NavSup describen a la base de Rota como “la mayor instalación de la Marina en Europa” y “el nodo crítico de logística y mantenimiento” para las fuerzas navales en Europa, África y la Sexta Flota. En la actualidad, alberga cinco destructores del escudo antimisiles OTAN con diversos contratos con Navantia y la Autoridad portuaria de Cádiz. La posición del gabinete Sánchez, contraria al unilateralismo de Trump le acerca como socio fiable al partido demócrata norteamericano y al comodín del laborismo inglés; y, algo vital para el futuro de la península, la condena a la masacre en Gaza, la defensa del orden internacional frente a la política bélica de Israel, en coordinación con los “Antonio” portugueses: Guterres en la ONU, y Costa, en la

Comisión Europea, ha asegurado a España y Portugal el suministro a precio bajo del gas argelino para los próximos cuatro años, y la cooperación marroquí en la lucha contra redes de inmigración ilegal… Y por supuesto, alejar la península ibérica de los objetivos del terrorismo yihadista que golpeó tan dramáticamente la red de cercanías de Madrid en 2004 y las Ramblas de Barcelona en 2017 (219 muertos en total) aún a costa de ser diana de los ataques del Presidente Trump, quien duda en público del compromiso como aliado fiable de la OTAN porque se ha negado a destinar el 5% del presupuesto del Estado a gastos de Defensa.

Paralelamente a este conflicto dramatizado por las televisiones y redes sociales, la multinacional española REPSOL se situó como la única empresa ajena a los Estados Unidos que va a comercializar el petróleo venezolano, y los inversores tanto desde allí como desde Miami entran en Europa a través de inversiones inmobiliarias en Madrid y la costa. Y desde esta semana, hasta el régimen iraní ha eximido del pago del peaje de dos millones de euros a los cargueros españoles que pasen por el estrecho de Ormuz, por la postura mostrada por el Gobierno exigiendo el alto el fuego y la vuelta al Orden legal Internacional

La crisis desde 2009 a 2011 que encadenó a Portugal, Irlanda, Grecia y eSpaña (PIGS) a deuda losa con Europa durante una década, enseñó igualmente al sur a procurarse la soberanía tanto en la financiación como en la dependencia energética. Y aquello ha quebrado la política tradicional de bloques inmóviles: Europeos, sí, pero con África al lado; Atlánticos, sí, pero con una comunidad iberoamericana definida a la anglófila; Aliados, sí, pero no para recibir el primer golpe… Y abiertos a cualquier empresa que quiera invertir en el desarrollo, porque las multinacionales no tienen madre fija, ni bandera; ni sede, ni escrúpulos… Como las navieras que operan por el océano o el Mediterráneo cargadas de crudo, de mercancías o gas que nadie sabe de dónde procederán e igual llegan a Sines o a Barcelona como puerta de entrada a Europa, o a la inversa… que era eso que le estaba demandando el Presidente Seguro a los jóvenes portugueses en la embajada: Que algún día arriaran la bandera española en sus vidas aunque ahora les permita navegar sin pagar peaje alguno, por mar o tierra.

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