Poco sabemos de las rosas que puedan quedar a salvo tras esta poda. El jardinero suele ser infiel si ha conocido mejores prados en los que ejecutar sus trabajos. Lo cierto es que la sensación inevitable a esta hora es que estamos ante un gobierno recortado sobre el vacío, la nada. No hay que ir muy lejos, hasta la propia musa del PSOE más caviar, la periodista Esther Palomera lo proclamaba: “en Ferraz no hay nadie, nadie coge el teléfono, el PSOE no existe, salvo Pedro Sánchez y tres ministros”. Más allá de la rosa temblorosa, todo se ha vuelto insignificancia, un repertorio podrido en mi menor desazonante, sofocante.
La corrupción como eje temático; la noche de la política a un nivel dolor. Parece una oda a la ceniza, salvando las distancias con el poema de Bousoño. Lo cierto es que cada día huele más al cuarto oscuro del que habla Eduardo Madina, también en ese redil de musas que ha sido hasta ahora la Cadena SER. Qué dilema, ser o no ser. Sus oyentes parecen hileras de almas humanas tristes.
Es palpable una sensación absoluta de desasosiego...tan tan portugués. Una deriva hacia la miseria primaveral en la que el viaje es aguanoso; ese pisar primero de la orilla en Cascáis después de haber pasado la frontera sin guardinha. ¡Qué tiempos! Aquella liturgia del café semioculto entre toallas y manteles, el frenesí esmeralda de la saudade en el maletero, la luz de Elvas tan del viento... La sed de mar en cada kilómetro, las barcas, el bacalao, las nubes como sombrero de verano. Lisboa como centro del mundo y sus Bodegas de Abel Pereira da Fonseca, despacho de vino, bombón y miel.
Nos queda como consuelo el hartazgo de lo bello, algún trazo de azucena, pues parece inútil penetrar entre estos rosales podridos, suena todo a trueno o terraplén. Nos caemos o nos tiran, no se sabe. Todo es posible en la imposibilidad, nos falta poco para coronar el abismo.
Pregunto al diccionario por las palabras de colores, qué difícil resulta salirse de lo deleznable de lo infinitamente deleznable. Quiero salir del círculo de las palabras diminutas, airadas, palabras arrancadas de la vibración animal. Busco palabras pegadas al corazón, alejadas del hígado.
Los pocos brotes que quedan en el jardín de las rosas apenas resultan refrescantes, sólo sabemos que una niebla gris ha puesto un mantel callado sobre todo y que una manta nos envuelve.
Más allá de este rosal queda tan sólo lo que tiembla y un poco más allá de la curva del camino algunos rebaños esparcidos como platos de porcelana rotos.
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