La política extremeña pierde a uno de sus nombres propios de la última década. José María Vergeles ha decidido dejar su acta de diputado en la Asamblea de Extremadura y cerrar una etapa que, sin estridencias, ha marcado el pulso institucional de la región durante años. Lo hace a los 57, lejos aún de la jubilación, pero con una idea clara: hay que saber marcharse.
“Es muy importante que la gente se vaya bien de los sitios y que sepa irse de los sitios”, dijo ayer. Y en esa frase cabe casi toda su despedida.
Su salida coincide con la nueva dirección del PSOE extremeño, ahora encabezado por Álvaro Sánchez Cotrina, y llega después de un tiempo en el que su protagonismo político ya no era el mismo. Fiel a Guillermo Fernández Vara, Vergeles trató de dar el paso en el proceso de primarias abierto tras su marcha, en el que competían también Miguel Ángel Gallardo y Lara Garlitos. Sin embargo, no logró reunir los avales necesarios para formalizar su candidatura. Aquella carrera interna la terminó ganando Gallardo, que posteriormente lideró al partido en unos comicios que se saldaron con un duro revés electoral para los socialistas.
No es una retirada abrupta. Es, más bien, una transición meditada. Él mismo reconoció que llevaba tiempo dándole vueltas, incluso desde las elecciones autonómicas, cuando dudó si debía recoger su acta. La respuesta, finalmente, estaba fuera de la política: en la consulta médica.
Porque antes que dirigente, Vergeles ha sido siempre médico. Y vuelve a ello, a La Garrovilla, con la convicción de que hay pocas cosas comparables a “la cara de un paciente cuando le has ayudado”. En su propia reflexión, ha “robado diez años” a esa vocación. Ahora quiere devolvérselos.
Su trayectoria institucional ha sido sólida y extensa: consejero de Sanidad en dos etapas, vicepresidente segundo de la Junta, diputado por Badajoz y presidente del Grupo Parlamentario Socialista. También desempeñó responsabilidades clave en la administración sanitaria del antiguo Insalud desde principios de los 2000. Pero si hay un momento que definió su perfil público fue la pandemia del covid, cuando su gestión al frente de la sanidad extremeña lo situó en el centro de la escena y disparó su popularidad. Para muchos, entonces, era el heredero natural de Vara.
Ese escenario no se materializó, y quizá ahí comenzó a dibujarse el final político. No como fracaso, sino como ciclo cumplido.
Vergeles se va también con una lectura política: cree que el PSOE ha sabido recomponerse, incluso en la adversidad. Llegó a afirmar que la presidenta María Guardiola, con su gestión, ha contribuido involuntariamente a reforzar al partido. Se marcha, dice, más tranquilo por ello.
No abandona la política del todo —“no me jubilo de la política”—, pero sí deja la primera línea institucional. Lo hace convencido de que ahora toca a otros, en un grupo parlamentario que define como “18 diputados que son joyas”.
Su marcha no deja un vacío dramático, pero sí un hueco reconocible: el de un perfil técnico, sereno, poco dado al ruido y profundamente vinculado a lo público. Un médico en política que, llegado el momento, ha decidido volver a ser solo médico.
Y eso, en estos tiempos que corren, también es una forma de coherencia.
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