Portugal, como Francia, Irlanda y Luxemburgo, se negó a firmar la carta promovida por Italia y apoyada por el resto de Estados miembros de la Unión Europea para escenificar una reunión de urgencia respecto a la avalancha de miles de personas que llegaron a nado a Ceuta, vísperas a que en Marruecos se festejara el día del Trono, el aniversario de la llegada de Mohamed VI al reino alauita. No sólo porque Ceuta fuese una plaza portuguesa antes que española -como se puede observar en su bandera, similar a la de Lisboa y el escudo de los Avis en el centro- si no porque el primer ministro, Luis Montenegro, comprendió desde el primer instante que hoy sería España y mañana bien podría extenderse a él quien tuviera que lidiar con ese drama humanitario, con bebés y gente que ni nadar sabían, lanzados al agua para salvar el espigón como único obstáculo fronterizo para llegar a la idealizada Europa aunque -como buena parte de los bulos divulgados esta semana- desconocieran que la orilla aún estaba alejada del Espacio Schengen que tanto temían que se violara por los que exigieron la cumbre de Interior. Un mar de chanclas y flotadores como trágicas armas de destrucción masiva para cualquier país, con las que tu madre te calentó alguna vez durante una siesta en verano, un ridículo mayúsculo para quienes hablan de la invasión mora por jóvenes en edad militar, que huyen del reino y la miseria como de la peste.
Alguien les había asegurado que los jueces en el Tribunal Supremo habían obligado al Gobierno de España a impedir la devolución a su origen a todo aquel que llegara a nado sin haberse topado con algún obstáculo que les impidiera atravesar la frontera, esa salchicha que ahora rodea la playa del Tarajal donde doce años atrás la Guardia Civil española, durante el gobierno de Mariano Rajoy, abrió fuego con balas de goma y botes de humo a quienes llegaban desde el mar. Catorce ahogados entre los trescientos inmigrantes aquella vez, una ridiculez si se comparan con 141 -que entre la parte marroquí, 63 y la española, 78 - se ha llevado este abuso y utilización de quienes más ignorantes y necesitados rotan en este mortífero Juego del Pulpo. La gran diferencia esta vez, hasta reconocida por la prensa internacional, estriba en la mayor actitud humanitaria demostrada por el Ejército y Fuerzas de Seguridad con tantos menores y desvalidos que llegaron a la playa.
La herida que aún sangra, una cierta tardanza que los ministerios responsables de la inteligencia y los servicios de información han mostrado al resto de Europa, para no adelantarse a lo efectos de la sentencia del Tribunal Supremo, que aprovecharon las redes para amplificar este bulo, las mafias para organizarse y alguien en la parte alauita para dejar hacer. De esa forma. el Presidente norteamericano, Donald Trump, saldaba alguna deuda con el gobierno rebelde de Pedro Sánchez -quien no se pliega a reducir el gasto en sanidad pública a cambio de armamento, se opuso a autorizar vuelos de los bombarderos hacia Oriente próximo desde las bases compartidas en suelo español y ha mostrado su rechazo público a la masacre de Palestina- y de paso agrietar a la Unión Europea, que le estorba en su combate de boxeo contra China para dominar el ring planetario. Las redes sociales se han convertido en un mecanismo para el pánico o la falsa esperanza tan efectivo y más veloz que la vieja propaganda patriótica.
Si quieres crecer y cuidar a los heridos, hay que aportar al sistema
Pese a la solidaridad mostrada por el gabinete luso, Montenegro ha aprovechado esta semana para reivindicar su legislación respecto al endurecimiento para la obtención de la nacionalidad y el retorno de los inmigrantes descendientes. Responde a la competición electoral contra el ascenso de Chega, y le han limitado su objetivo inicial por el Tribunal Constitucional. El gobierno conservador de Aliança Democrática (conformado por el PSD, PP y CDS) jamás opuso obstáculo alguno a que las tropas norteamericanas utilizasen la base de Lajes, en las Azores, para aterrizar y aprovisionar los bombarderos que sembraron de terror el mapa iraní, a diferencia de España: Luis Montenegro criticó la “falta de regulación” para atender el fenómeno de la inmigración, “lo que tiene muchas veces un efecto llamada” -afirmó en Torres Vedras, en la inauguración de la primera unidad de salud familiar privada- para disparar desde una escopeta con dos cañones tanto a su predecesor, António Costa, como a su homónimo español, Pedro Sánchez, ambos socialistas. Entre la izquierda y la derecha, como Salazar; como Durão Barroso en la foto.
Finalmente, la reunión del pasado 3 de agosto reforzó la delicada posición de España, el país más cercano al paso fronterizo del norte africano por la ruta de occidente, desde que en 2018 el entonces Vicepresidente italiano, el ultraderechista de la Liga Norte, Matteo Salvini, utilizara a los servicios secretos de su país para endilgar a España una parte de la ruta oriental que llegaba en exclusiva al puerto de Lampedusa desde Libia y Siria. Fue juzgado por negarse a prestar auxilio a un buque cargado con 147 refugiados libios, pero consiguió desde entonces nivelar el peso del flujo migratorio hacia España. En Túnez comenzaron a ver tan posible llegar a costas españolas como a la italiana. Bruselas conoce esta estrategia calabresa. Igualmente, la presión territorial que sufre España por el triángulo maldito: Ceuta y Melilla como ambición idílica para construir un gran Marruecos; el Sáhara, reconocido como marroquí por el gobierno Trump a cambio de una compra de armamento militar que ansía reitere España; y las obligadas relaciones con Argelia, el principal proveedor de gas para la península, artífice de que los costos energéticos disminuyeran respeto al resto de Europa, tan dependiente de la Rusia bajo boicot, la “excepción ibérica” ¿Nada casual? El desastre de Tarajal se desencadenó tres semanas después de la sentencia del Tribunal Supremo y una más tarde desde que España firmó un nuevo acuerdo para el suministro gasístico con Argel, el día después de ganar el Mundial de fútbol, y de que hubiese incluido una cláusula especial para que los saharauis en el proceso de regulación obtuvieran la nacionalidad española. El gasoducto marroquí sigue cerrado; sólo llega a España por Almería y aún no por Algeciras.
El pasado 3 de agosto, España batió todos las estadísticas previas respecto a empleo y el estado de la Seguridad Social: 642.000 más en el último año; la cifra de desempleados más baja desde 2007, con el mínimo histórico de 159.562 jóvenes en paro; 66 meses consecutivos de creación de empleo, y 22’5 millones de personas afiliadas a la Seguridad Social el mes de julio, tres millones y medio de ellos de origen extranjero (el 15’6%), casi el mismo número de autónomos, que han crecido en 58.000 el ultimo año. Este último trimestre, como Portugal, creció a un ritmo del 0’8% y las estimaciones reiteran un avance del 2’5% en Madrid y el 1’9% en Lisboa para estos doce meses de 2026, según el OCDE y los bancos soberanos respectivos.
Sin embargo, en Portugal aún mantienen una tasa moderadora para la atención primaria en el Sistema de Salud de 60€ desde que se intervinieran las cuentas por los “hombres de negro” de la Comisión Europea, el FMI y el Banco Europeo en 2014. El crecimiento de las mutuas y la Sanidad privada llega ya al 40% de la población, como esa unidad que estaba inaugurando el Presidente, Luis Montenegro. Mantener un crecimiento así -aparte de despertar envidias en el resto de los socios europeos que crecen la mitad, un 0’4%- con la voluntad política de ofrecer un sistema de protección sanitaria y prestaciones (pensiones, subsidios, bajas laborales…) les obliga a que se incorporen y/o se legalicen miles de personas que llevan tiempo trabajando a oscuras en el país que les acogió sin documentos. El envejecimiento tanto en España como en Portugal acelera esta prioridad económica. Detrás del choque entre Estados, entre gobiernos, entre modelos donde quien tenga, pueda pagarse un seguro médico y su retiro como en EE.UU. intentan imponer ese sistema a cambio de más gasto en la industria armamentística o la disminución de las redes de protección bajo el falso argumento que está al servicio de quienes vienen de fuera sin nada.
A eso se reduce: Un sistema u otro. A que las empresas ocupen el espacio hasta ahora de la sanidad y las pensiones públicas a través de empresas de seguros y mutuas; o mantener hasta el fin el orgullo del sistema de bienestar que construyó Europa después de guerras que destrozaron su futuro. Y para ello hay que contribuir, cotizar, financiar… y eso precisa de gente, no con edad militar, sino con edad laboral para ello. El Comisario Europeo de Interior y Migración, Magnus Brunner, se abstuvo de relacionar la regulación de migrantes en España con la crisis de Ceuta. Más de 1’174 millones de solicitudes para 514.000 legalizaciones previstas, unos miles más de las que aprobó el gobierno de Aznar a comienzos de este siglo para asegurar un crecimiento de la economía similar, aunque -como miembro de la internacional conservadora- Brunner la ve “una mala señal” para Europa. A esa misma hora, la bolsa española rompía la barrera de los 20.000 puntos en el índice IBEX, mientras que los ministros de Interior acordaban reforzar las fronteras, retornos y el sistema de alerta temprana tras lo vivido, a la vez que constataban que -pese a los bulos- en España se controló la avalancha y jamás peligró el Espacio Schengen.
¡¡¡Bulos, no!!! De acuerdo. Pero un Gobierno jamás debe dejar la bola / la pelota a quien puede usar veredictos, más o menos acertados, para ello: ni para nombrar un candidato procesado a un gobierno; para aplicar el urbanismo o la producción energética contra la protección que el mismo gobierno aprobó; o para olvidarse de las consecuencias de esta hermenéutica jurídica respecto a la devolución de inmigrantes. Quejarse del árbitro, jamás te permite cambiar el resultado. Eso es saltarse una barrera, que el sistema pena con la derrota. Y está en juego la Sanidad y la vida.
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