Leer a Tomás Martín Tamayo

Al Paso

valbuena ok bn
03 de noviembre de 2026 a las 08:36h
Actualizado: 03 de noviembre de 2026 a las 09:27h

Tomás Martín Tamayo es, en Extremadura, parte del paisaje. A veces secano, a veces regadío. Higuera del patio nuestro, encina de nuestro camino. Tomas al pie de la sierra de los Argallanes, Tomás a la orilla del Guadiana, y vuelta a la tinta. Así que si no le leemos es como si alguien, de la noche a la mañana, se hubiera llevado la higuera del patio. Le echamos en falta de sol a sol. Su opinión -compartida o no, eso es lo de menos- en Extremadura era cada semana la línea continua (o discontinua) de las carreteras. La que cuando vas a dormir, cuando la habitación queda a oscuras, ves, el conductor ve, con los ojos cerrados.

A más de un gerifalte gomoso he oído perrerías de Tomás. Eso bastaría para que leerle, al menos poder leerle, fuera necesario. Casi por decreto. Parafraseando a José Luis Cuerda… "¡Tomás, todos somos contingentes, solo tú eres necesario!" Más de cincuenta años de artículos te hacen parte del paisaje. Así que no es de extrañar que haya ocasiones, ante tal o cual suceso, en que me pregunto, nos preguntamos, qué hubiera escrito Tomás sobre el asunto.

Y es que Tomás además de buena pluma tiene buen ojo. Cuento algo un tanto chusco pero que sirve como botón de muestra. A mí me ganó un cocido negando que Sánchez fuera a convocar elecciones en un momento dado. A Ángel Ortiz se lo ganó tiempo después apostando por lo contrario. Está claro que tiene olfato político (al menos más que yo). Garbanzos no le van a faltar… que no nos falten a nosotros sus letras.

Luego está lo otro. Lo otro es la mirada, una cierta mirada, atenta a cuanto ocurre, a cuanto le ocurre. Una mirada personalísima y un tanto descreída que ahora, con la edad, resulta especialmente sabia (y calma). La calma del encinar ahora ya entre dos orillas, mares y ríos, y, al fondo, Campillo de Llerena, el secreto del agua. Sus muchos cuentos del día a día que ni se agotan ni queremos que se agoten. Ahora La Fundación Caja Badajoz -siempre despierta- acaba de publicar una (otra más) recopilación de artículos suyos. Artículos de largo aliento, de los que no se pudren. Artículos de espaldas a la política, artículos que tratan más bien de los caminos que ha recorrido y de los caminantes que le han salido al paso. Lo titula “Pequeñeces y otras grandezas”. Estoy deseando leerlo (volver a leer lo que quizá ya leí en su día) y terminar de llevar a mis estanterías una parte esencial del paisaje extremeño de mi tiempo como el que guarda una hoja del árbol de su patio en un libro de su biblioteca.

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Fernando Valbuena
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