La periodista extremeña no pensaba leer el libro de Iván Redondo, pero por deferencia a quien se lo regaló, ahí la tienen, con resaca narrativa tras una noche en vela leyendo El Manual. La periodista en cuestión, tras tomarse un café cargado y ducharse con agua fría, logró salir de la nube en la que Iván Redondo la había sumergido durante toda la madrugada; no sin cierto bloqueo intelectual, la sonámbula escritora consiguió llegar al ordenador y zurcir las primeras consideraciones de su artículo en La Portada de Extremadura.
La noche había sido larga para la periodista pero a la vez densa en reflexiones y observó, al abrir de nuevo El Manual, que lo había llenado de anotaciones, subrayados como “ególatra”, “ileísmo”, “extravagancia”, “pelota” o “jajajajjaja”. De pronto, pensó ella, le parecía estar leyendo el inicio de La Metamorfosis de Kafka: “Una mañana tras un sueño intranquilo, Gregorio Samsa se despertó convertido en un monstruoso insecto”.
Esa periodista soy yo y aquí me tienen tras haberme bebido como una copa de champám o chimpúm el libro de El Director. Un libro escrito en tercera persona, un recurso narrativo denominado ileísmo, tal y como hizo Julio César con sus campañas. Es una manera de hablar que encierra mecanismos psicológicos profundos; de entrada supone un distanciamiento de la realidad, una especie de mecanismo disociativo conocido como el síndrome del personaje principal, pero con esteroides en el caso de Iván Redondo. Los narcisistas disfrutan mirándose al espejo.
Zambullirme en el libro ha sido por una necesidad de comprender y constatar una sospecha: que el manoseo febril de las Instituciones y el estratégico manejo de nuestra emociones han servido como base de experimento para la autoafirmación de algunos aspirantes a dioses del Olimpo como Monago, Pedro Sánchez y el propio Iván Redondo. Tres narcisos jugando con el poder en un tablero de ajedrez.
Página a página se deshoja la flor todopoderosa de una ambición en la que confluyen cientos de personajes de todo tipo tocados por la varita de El Director. Un mercader, pero no de Venecia sino de AliExpress. Sin pudor expone en cada capítulo su ansiedad por triunfar, lo cual está bien siempre que no manejes lo público; relata que se rodeó de guionistas, numerólogos y escritores el edificio SEMILLAS, donde, oh casualidad, dejaba su semillita el exhibicionista Paco Salazar. Dudo si fue una idea genial llamar a aquello Gabinete Total, una ilusión común.
El libro es un tratado sobre cómo adorarse a uno mismo y luego adorar al SOL, Pedro Sánchez, “el nuevo rey”, ojo ahí, el héroe que le “salvó la vida”. Tanto rayo deslumbrante junto, Dios mío, Monago ¿tú qué opinas? “bombero que querías ser presidente”. En un suspiro acompasado Iván no ha escrito un manual, no, él ha escrito EL MANUAL, pero... la periodista opina que es el mayor tangazo, un caballo de troya metido en política para jugar a soldaditos en su “sala de guerra”, tan típico de oradores motivacionales. Pobre Iván Redondo, “buscador de cartera de clientes” que encontró el chollazo en Moncloa... esa cosa tan llena de semillas.
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