Mapa de situación o prefacio:
Este es un manual de supervivencia para bimilenarios, escrito por un emeritense que nació en Algemesí.
Mérida es un misterio, especialmente para los emeritenses; es verdad que los de fuera no nos suelen entender, pero los del centro tampoco nos entienden a los de las barriadas. De lo que se deduce que hay dos patas (con perdón) en Mérida; una en torno a la Conca (de Santa María) y a la Plaza de España y otro paradigma en línea recta entre la barriada de Navarrete también llamada de la Argentina y la parroquia de don Antonio Campos, denominada de las Tres Caídas (Polin en sus diversas acepciones). Alberto Oliart, como era del centro se llevó el hospital al quinto pino, en el Polin. Claro que más lejos se quieren llevar el AVE.
Mérida está hecha de su gente, en general emeritenses (y no son emeritenses quienes en la Mártir y Semana Santa se van a su pueblo, no se visten de patricios en la Lúdica o nunca han entonado “Tu afición sin duda es”). En Mérida se está por eso, por todas esas cosas que hacemos en Mérida.
Es un hecho científicamente constatable que los de Mérida tenemos un latido más, algo así como mi Jorgito que tiene un cromosoma más (por lo menos, hay sábados en Mirandilla que anda sobrado de cromosomas). Ese latido de más es un hecho diferencial emeritense, seña de identidad y trabajo ímprobo, pues hay que ver lo que nos cuesta parecernos a nosotros mismos. De ahí que se pueda pensar en buena lid que Mérida es una nación, unidad de destino en lo eterno. (aunque mi tío Paco decía que la patria era un escote de mujer, aunque, claro, eran otros tiempos)
Lo que no tiene tradición no tiene historia, hasta que a Pelín no le pongan una avenida (más grande que la de Ramallo) seremos un pueblo sin historia, a menos que Fernando Delgado Filius Valhondus engatille la Gran Enciclopedia Pecholata y con ello reescriba el relato de nuestro pueblo.
Tal cual, si a Boni, alias Bonifacio Estrada Ruiz, no le ponen el nombre de la tribuna del Romano Fouto, además de ingratos el destino nos condenará a volver a jugar contra el Badajoz, partido internacional por otra parte pues ya se sabe que la frontera está en Talavera.
Mérida ha tenido dos alcaldes: Augusto y Antonio Vélez. El resto son temporales, aunque ARO lleve pinta de eternizarse. Es lo que tiene ser costalero. (y del Atleti). Hubo dos emeritenses que merecieron ser alcaldes de Mérida: Antonio y Guillermo. Ahí lo dejo.
Desde que Angelito Tirado Carroza cerró la taberna culta del Chinche a los emeritenses de cantina nos ha dejado goteras de por vida en el alma.
El caos divierte, emérita lúdica es un anticuerpo contra el mal, la Marara es para siempre, Miguel Celdrán se ha reencarnado en ARO, el fondo norte es una entelequia desde que Fouto no nos ampara; como no suenan clarines en Mérida, Antonio Rodríguez anda en un sinvivir; en San José se consuela a los afligidos y en el Romano Fouto días hay en los que se aflige a los felices; tras la espalda del rey Baltasar en la cabalgata de los Reyes Magos va la Cruz de Guía de la Sagrada Cena… y todo vuelve a empezar.
Tengo un ratón en la mano que me chiva que llevo 563 palabras. No pienso cambiar el título, Antonio Cid de Rivera Silva, lo de las instrucciones lo dejamos para la semana que viene. Vale.
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