Es buen momento para reflexionar sobre las cosas celestes y terrenales; justo en estos días en los que sobrevuelan y circulan como el polen por el aire algunas ideas disparatadas. Lo único cierto es que habrá un instante de oscuridad, una brisa de eclipse, un silencio sobrecogedor y una luz fantasmal. Será cierto que las gallinas harán aspavientos, que las vacas querrán irse al establo y las aves volarán desorientadas.
“Y el sol dejó de brillar” dice el libro de Josué. Porque la Escritura enseña cómo se va al cielo, no como va el cielo, contestó Galileo.
Ya los clásicos sabían que la observación no es otra cosa que aplicar los sentidos a las cosas que nos rodean; es por ello de justicia reconocer que los breves instantes de oscuridad que viviremos serán años de luz para la Ciencia cuyo objetivo es ayudarnos a comprender mejor el universo. Es cuestión de Astrofísica.
En tan sólo unos minutos el cielo se convertirá en un gigantesco laboratorio para que los expertos estudien y calibren los movimientos celestiales. Nada de misticismos. Pura Ciencia. Los dioses no juegan a mover estrellas o planetas, se limitan a respetar sus ciclos o procesos matemáticos. De ahí la importancia de un eclipse, pues sirve para estudiar acontecimientos que el todopoderoso sol no deja en condiciones normales.
La oportuna intromisión de la luna tapándonos la esfera quemante permitirá que los estudiosos del cielo, por ejemplo, capturen imágenes de estrellas próximas a él, y todo gracias a la oscuridad.
Clásicos, clásicos. Algunos fueron tan decisivos como Parménides de Elea, pionero en sospechar que la tierra, lejos de ser plana, era redonda y en Chíos, Enópidas, el filósofo pitagórico que tan importantes contribuciones hizo a las matemáticas y a la astronomía, pronunció la oblicuidad del eclipse, es decir, la inclinación del eje de la Tierra con respecto a su órbita alrededor del Sol. Este fenómeno, que posteriormente sería explicado con mayor profundidad por astrónomos como Hiparco y Claudio Ptolomeo, ya era conocido por Enópidas en el siglo V a.C. Sin los clásicos rebeldes no estaríamos donde estamos.
En cambio, a lo largo de la historia han tenido más peso aspectos como el encantamiento, o los malos augurios que suponía un eclipse total; en algunas culturas se relacionaba con las plagas de langostas o la crucifixión de Jesús.
Existen registros de eclipses desde catorce años antes de Cristo y habría que mencionar a Plutarco quien en el año 71 ya dio una primera descripción de la corona solar. Sin embargo no es hasta el siglo XVIII cuando los eclipses ganan en interés científico.
Podríamos continuar con este bla bla bla celestial hasta el infinito o hasta hoy mismo, 12 de agosto de 2026, día para observar que el borde la luna no es perfecto, lo que nos permite ver las perlas de Bayli. Observen más que mirar fijamente que para eso están los astrofotógrafos. Dejen por un instante su teléfono en absoluto silencio y oscuridad, respiren. Ejerciten el arte de observar.
Observen el instante de oscuridad para tener más luz en su interior.
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