Tengo para mí que en esta apartada orilla las inmundicias deben ser más de una y hasta más de ciento. De siempre y por siempre. Condición humana la de manchar. En general los humanos somos marranetes. De cuando los pañales hasta hoy. Marranos.
Antes los pañales se lavaban en casa, como trapos sucios que eran, y no tan mal. Se oreaban al sol y hasta constituían un timbre de alegría expuestos, así, blancos, al sol. La de cal. Ahora en cambio… quién sabe en qué vertedero acaban los pañales, quién sabe en qué antro se fabrican y quién sabe con qué basuras.
Marranetes al cuadrado. Todo dentro de un orden, un orden legal, que leyes no nos faltan. Tampoco inmundicias a salto de mata. Lo digo porque la inmundicia nacional ya no son los mejillones entre servilletas de papel al pie de las barras de toma pan y moja, ya no. Que tampoco es que fuera una inmundicia grave, que tenía su destello de gloria culinaria y su puerta grande los sentidos. No. Ahora -ustedes me comprenderán- la inmundicia que mejor representa la desidia nacional es la nube de humo que cerca la entrada a los hospitales. Abracadabrante. Ver -y cruzar-semejantes lazaretos resulta descorazonador.
Marranetes al cuadrado. Todo dentro de un orden, un orden legal, que leyes no nos faltan
En España los hospitales están, invariablemente, al otro lado de un túnel de humo. Tan es así que por el humo se sabe dónde están… los hospitales. Y sin bomberos. Y no digas nada que te comen. Y las colillas por doquier. Allí ellos, los fumadores, al aguardo, en silla de ruedas y hasta en pijama, como mendigos a las puertas de las iglesias. Con desprecio de los demás. Ayunos de la más mínima educación. Un despropósito frente al cual la autoridad se limita a colocar un rotulito en la pared y salir huyendo. Un rotulito como aquel que prohibía el cante en las tabernas. O el que prohibía blasfemar. Sin más. A eso y a rellenar de letras mojadas los boletines oficiales… y que María Auxiliadora nos tenga de su mano.
Lo dicho, una inmundicia. ¡Qué tiempos aquellos de las cáscaras de mejillones a pie de barra y de los pañales al sol! Y que tristes estos, tan inmundos… Estoy tan triste que me voy a los toros a fumarme mi habano como Dios manda.
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