La humareda de lo irreconciliable cae en semillas y nos alcanza. En esta novedad de vivir se nos pone el corazón a la intemperie cuando la mano mete sus cinco dedos como cuervo en la herida. No vayan a buscar musas en las trincheras que allí todo está corroído por el ácido y una salazón de rosas nos impide batir las alas juntas. Nos dejan otra vez descalzos, arrojados entre los mirtos como malditos asesinos. El rencor es esa gran cosa sin nombre que vive de noche y se inclina sobre su presa.
Lamento cada relincho de la guerra y más si se hace al margen de la estrofa del POETA. Lamento la profunda ulceración que recorre los mármoles, antepuerto de la muerte. Que ya están otra vez tensando el arco de la ternura. Nadie está a salvo del mal, ni de la noche ni de las malvas. Nadie se salva si las palabras no son palabras sino otra vez las mismas rosas con sus espinas.
Es necesario comprender sin acusar y como bien dijo el abate de Fleury “no es la Historia, son las historias”. En paralelo habría que decir “no es el hombre, son los hombres”.
Dichoso el país en el que los hombres piensan libremente, sin el embarazo de un miedo servil e ideológico. Una sociedad sin coraje mental está condenada al enfrentamiento y los agravios. ¿Por qué se respetan más unas confesiones líricas que otras? ¿Acaso el corazón de todos no tiene el mismo color rosado? ¿Será que el alma no está hecha para todos de la misma transparencia aguamarina?¿Cuántas maneras hay de sugerir el mundo y por qué hay que tomar partido?
A fuerza de esta excitación que nos domina y nos parte por la mitad, nos han convertido en una sociedad incapaz de pintar o expresar el amor; algo, para lo que se requiere una serenidad generosa y mareas de templanza. En cambio, la política ha puesto otra vez los pimenteros en flor, excitando a las multitudes y poniéndolas de color alumbre con el lejano ladrido de la llamada sobre las jarcias.
¡Qué desgraciado aquel que saliva sobre la tierra nupcial y los jacintos! Tantos copos de avena blanca en la quebrazón de las cosas...
Esta dolencia incomprensible reparte su leche y pone su huevo azul. El desasosiego por todas partes. Así es imposible que el poeta camine entre puras laminarias.
Una desgracia es por ejemplo no haber leído a Miguel Hernández por prejuicios. Qué poeta, elevó lo real a la altura de la poesía. Y justo es eso lo que han ejecutado los Javis con La bola negra, pues tal y como sucede en las cosas humanas, bajo el dolor íntimo de cada uno, se esconde un sentimiento verdadero. Lorca nos duele a todos y como dijo Luis Rosales, <<tras el hecho de su muerte no volví a creer en la política ni en la sociedad>>. Pero a Lorca lo mató algo más profundo, agravios personales, una envidia honda y familiar mal curada; también la hostilidad política, sí, pero de algunos familiares y allegados que encontraron en la guerra el argumento propiciatorio, porque eso es lo terrible de una guerra, que multiplica como una bomba de racimo los odios durmientes.
Convendría acudir a referencias literarias o argumentales en virtud, no ya de las necesidades sentimentales o espirituales de cada uno, sino por puro afán de la verdad.
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