Hasta luego, Mari Carmen

O Cais das Colunas

José Luis Lucas.

(Politólogo y periodista)

26 de septiembre de 2026 a las 01:40h
Actualizado: 26 de septiembre de 2026 a las 01:40h

La desahuciada Mari Carmen Abascal pasará a la galería de celebridades nacida por las crisis de este siglo. En ella ocupan lugar reconocido el niño Aylan Kurdi, refugiado sirio que murió ahogado con su madre y hermano en 2015. El cadáver yacía en una playa turca. O Dimitris Christoulas, el farmacéutico jubilado que se pegó un tiro en la sien a pocos metros del parlamento griego porque las deudas le ahogaron la pensión por la que había cotizado durante 35 años. Mari Carmen ya está en ese elenco, a su pesar. Si acaso, con el único azar de que ella conserva la vida. Ya no la casa en Madrid, donde fallecer a sus 87 años. Sin embargo, nadie puede negarle que diarios y televisiones de todo el mundo se han hecho eco de la locura inmobiliaria que de nuevo azota a la península ibérica, el paraíso turístico y para el retiro de miles de occidentales que también llegan aquí para morir placenteramente: “Soy jubilado. No puedo vivir en estas condiciones. Me niego a buscar comida en la basura. Por eso he decidido poner fin a mi vida”, dejaría escrito Dimitris en el bolsillo del pantalón. 

El diario lisboeta Público se apresuraba el jueves a recordar que en Portugal aún podrían ejecutar ese desahucio más fácil. El precio del alquiler en Lisboa oscila entre los 1.100€ de un apartamento con una habitación alrededor del centro, o los 1.900 en él; los 2.200 en esa zona céntrica para dos habitaciones y los 2.500€ para tres cuartos, bajando en 800€ como media si te alejas a un barrio residencial. El coste medio por metro cuadrado es de 22 a 25€ y en la Baixa-Chiado, Pombal, Praça de Espanha, São Sebastião, Restauradores, Laranjeiras o Santa Apolonia, un piso de dos habitaciones pasa de tres mil euros, según el portal Idealista. Alquilar sólo un cuarto individual con derecho a cocina y baño oscila entre 400 y 600€ mensuales, la solución que eligen estudiantes y emancipados. Según la información del Deutsche Bank, un residente en la capital portuguesa que reciba un salario medio tendría que gastar el 110% para alquilar un apartamento típico de una habitación en el centro de la ciudad. En Madrid y Barcelona, la proporción es del 75%. 

Los contratos de inversión para el alquiler habitacional (CIA) y el régimen simplificado del alquiler accesible (RSAA), dos programas creados por el Gobierno en mayo con el objetivo de aumentar la oferta de construcción o alquiler a cambio de desgravaciones fiscales, entraron en vigor este mes, sin la reglamentación precisa para que propietarios o fondos de inversión puedan acogerse a ello. Y las tasas de Euribor, como en España, han superado ya el 3% como consecuencia de la guerra entre EE.UU. e Irán, que agrava las hipotecas para la compra inmobiliaria. Entre abril y junio, se vendieron en Portugal 40.142 viviendas, un 6’4% menos que en 2025 y este año acumulan ya el tercer trimestre consecutivo con datos negativos: el 80’5% viviendas de segunda mano y solo 7.835 viviendas nuevas. En los últimos doce meses, el índice de precios a la vivienda subió un 17’7%, dos puntos más para las usadas y cuatro menos en las recién terminadas. Según el INE esta subida media del 16’5% en los últimos trimestres se asumieron en un 87% por las familias como vivienda habitual. Miles de jóvenes emigran buscando mejores trabajos, porque el precio de las casas crece tres veces más que los salarios -según un estudio del semanario Expresso- un 182% frente al 50% para el rendimiento laboral. 

Hay quien califica la situación como “emergencia nacional”, que las imágenes de Mari Carmen en una camilla abandonando la casa donde creció con sus padres desde 1950 para ingresar en el Hospital Gregorio Marañón, han multiplicado: Por un lado, Financial Times publicó un estudio en Diario de Noticias a mediados de agosto que cifraba el déficit en 300.000 viviendas, casi todas en Lisboa y Oporto, al tiempo que las ciudades del interior se vaciaban. En España, entre ese mismo periodo 2021-2025, el Banco de España calculaba en 750.000. A Portugal han llegado en los últimos años millón y medio de inmigrantes desde 2019 y en España los trabajadores extranjeros ya los superan en dos millones más, un 16% de la fuerza laboral. Según el gobernador del Banco de Portugal, Santos Pereira, “los elevados flujos migratorios en los últimos años aumentaron el número de agregados residentes”. El aumento del precio está horadando el flanco más serio de vulnerabilidad en el sector financiero y hay quien habla ya de “burbuja inmobiliaria”, como si nada se hubiera aprendido desde 2009. 

Lisboa y Madrid están de moda, sube el precio de la vivienda y terminan expulsándote 

A eso, el efecto llamada para rentas altas o poner de moda la ciudad ejerce una presión doble en una ciudad apretada ya por siete colinas y el Atlántico. Esta semana, el príncipe noruego Sverre Magnus, el más joven heredero, se mudaba al Forward College para estudiar gestión de empresa, como ya hiciera la infanta Sofía de España el pasado año. La utilización del parque de viviendas para el alojamiento turístico es una seña de identidad para dos países que preservan la gallina de los huevos de oro durante el verano y, desde hace unas décadas, también para el turismo de los mayores, que terminan residiendo en el litoral peninsular. Y en Lisboa o Madrid, las Visas Gold, la posibilidad de adquirir la nacionalidad portuguesa o española (y por tanto la europea) a cambio de la compra o rehabilitación de inmuebles de lujo, depósitos y un periodo de residencia que, durante la crisis de 2010 se redujo a 8 días en Portugal, ha cooperado en rehabilitar y embellecer la vieja ciudad a costa de encarecer tanto el alquiler como la compra de inmuebles. 2.685 concedidas este año en Lisboa, con estadounidenses a la cabeza, y 18,254 desde que se aprobaron en Portugal. Esta realidad provoca la fuga de trabajadores cualificados para el propio sector de la construcción, como reconoce el presidente de la patronal, Manuel María Gonçalves, y el ministro de Finanzas, Miranda Sarmento, quien señaló el agravamiento de los precios desde 2016 y 2017. La directora del Departamento de Mercados monetarios y de Capital del FMI (Fondo Monetario Internacional) afirmó en Lisboa que desde 2015 los precios subieron un169%, un 55% más que en la zona euro. Lisboa está ya en riesgos de burbuja al lado de ciudades como Miami, Dubai, Ginebra o Seúl, según el banco suizo UBS. 

El gobierno luso ha fijado el objetivo de construir 59 mil viviendas públicas hasta 2029. Durante los últimos años, esta cifra apenas llegaba a las 26 mil casas en 64 municipios. El paquete “Construir Portugal” pretende convertirse en punto de inflexión ante la dejación de funciones que endilgó al mercado feroz la regulación de un derecho básico. En Portugal, cualquier competencia recae en el Estado, a diferencia de España, ejercidas por las CC.AA, en exclusiva y por los ayuntamientos, en menor medida, según el artículo 148.1.3 de la Constitución. La mayoría de ellas cuentan con empresas públicas, sociedades u organismos autónomos para promover o incentivar con suelo viviendas de protección oficial (90 metros cuadrados), de protección pública (110 metros) o de precio limitado (hasta 150). El Estado fija las bases y facilita el acceso a la vivienda mediante ayudas estatales, subsidios, incentivos fiscales o marcos para la financiación, tanto para la construcción de viviendas como para la rehabilitación del parque existente. 

El edificio en el que vivía Mari Carmen cambió de propietario en 2018, quien reclamó que el contrato no podía volver a subrogarse. La empresa le exigió un incremento del 275%, hasta 1650€ mensuales para una jubilada con 1.350€ de pensión. Vivía allí desde 1956 y logró aplazar el desalojo con dos prórrogas y el apoyo de los vecinos. Denunciar a un inquilino vulnerable suele tardar entre ocho y 18 meses. Hasta en dos ocasiones en 2026, los votos de PP, VOX y Junts impidieron renovar la vigencia de un Escudo Social que mantenía la protección para inquilinos vulnerables cuando la vivienda perteneciera a fondos de inversiones, grandes tenedores o quien poseyera más de tres inmuebles, una moratoria nacida tras la crisis de la pandemia de 2020. En España y Portugal, nuestros jubilados, como Mari Carmen Abascal, crecieron con leyes como la franquista de 1964, derogada en 1995 por la Ley de Arrendamientos Urbanos que limitó la continuidad de los contratos de renta antigua, y después del Real Decreto-ley que a partir del 9 de mayo de 1985 que eliminó la prórroga forzosa en cualquier nuevo contrato de alquiler, algo tan lógico en la entrada de ambos países en Europa, como en la obligación de intervenir el mercado de vivienda, tanto la oferta como el precio, para preservar un derecho constitucional… Y ahí vino el naufragio. En 2026 ya se han ejecutado 31.416 desahucios, que comienzan a superar ya los años del periodo desde 2019. Entre 2009 y 2014, superaban las setenta mil. 

Jamás vivieron Lisboa o Madrid (o Bilbao y Barcelona) un flujo mayor de inmigración que durante los Planes de Desarrollo que idearon Marcelo Caetano o López Bravo en los sesenta. Entonces, en un Estado ni democrático, ni federal, alguien pensó que necesitarían viviendas para que nadie muriera en una chabola, un trastero o en un hospital. Y eso en un jubilado, harto de trabajar para que su país evolucione, chirría tanto como acordarse del yugo y las flechas que identificaban con una placa cualquier promoción del entonces Ministerio de Vivienda. Y que aquí tanta gente lleva años preocupándose de Venezuela, de Miami, de México, de Argentina… Mirando desde un ático una realidad demasiado lejana a la competencia que juró, o prometió, cumplir, que si alguien les recuerda para qué ejercen el poder te sueltan un “Hasta luego, Mari Carmen”, que en España se usa para despedir a alguien de forma tajante, mostrando hartazgo, indiferencia o el deseo de acabar una molesta conversación, un sermón o una discusión sin importarle los sentimientos de la otra persona. Algo así como “Bye, Felicia” en inglés o “Chao, Pescao”, en modernices. Como dijo adiós a tantos recuerdos, Mari Carmen, por mandato judicial. 

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