La guerra entre la ultraderechista Chega contra el primer partido en el gobierno, el centro-derecha del PSD, está llegando a terrenos policiales en Lisboa, llevándose por el medio a los pequeños partidos que están coligados en el espacio ideológico de gobierno: PP y CDS, y en menor medida a los liberales. Al resultado eufórico tras las legislativas del pasado año (22’76%), donde el populismo ganó en número de escaños al Partido Socialista como segunda fuerza parlamentaria, le han añadido, después del comicio a la Presidencia de la República, alguna interpretación triunfalista porque André Ventura disputó la Jefatura de Estado al socialista Tozé Seguro, frente al candidato gubernamental, Luis Marques Mendes, superado por la ola de la derecha radical; han comenzado a extender el análisis de que miles de ex-votantes de la derecha moderada y nuevos votantes llevan a Chega como la primera fuerza de la oposición y al liderazgo de las derechas en Portugal (33’17%). No cabe duda que, el liderazgo de Ventura ha resucitado las expectativas de Chega, después de la decepción tras las municipales de finales del pasado año (11’86% de los votos), donde sólo obtuvo 134 concejales y tres alcaldías: Entroncamento (distrito de Santarém), Albufeira (Faro) y São Vicente (Madeira), un municipio donde volvió a ganar en las Presidenciales, junto a la vecina Elvas: “No era la victoria que queríamos” -reconoció Ventura aquella noche electoral del 12 de octubre para gobernar las cámaras municipales.
Chega, entonces con 50 diputados, había votado en contra de las dos mociones de rechazo que presentaron el Bloque de Izquierdas y el Partido Comunista (PCP) contra Luis Montenegro en abril de 2024, que dieron soporte al gobierno minoritario de Aliança Democrática, con 80 escaños. Sin embargo, el error de cálculo del socialista Pedro Nuno Santos, provocando nuevas elecciones el 18 de mayo de 2025 donde el electorado les castigó por ello, produjo el aumento de escaños en la coalición moderada (31’21% y 91 escaños), el sorpasso de Chega al socialismo y que tanto el presidente del PS, Carlos César, como André Ventura comunicaran al Presidente de la República que no obstaculizarían la investidura de Montenegro, nombrado finalmente el pasado 29 de mayo.
Antes de aplacar la tensión en la vida parlamentaria, sabiendo que Portugal no volverá a convocar unas elecciones de cualquier tipo hasta que pasen tres años -salvo circunstancias de fuerza mayor- y que ha vuelto la cohabitación entre socialistas y socialdemócratas para ese período entre el Palacio de Belém y el de São Bento, la política lusa ha entrado en una lucha intestina entre las derechas por el liderazgo del espacio.
A la dimisión de la ministra de Administración Interna, María Luzía Amaral por su “falta de capacidad” ante los desastres de las borrascas, le ha sucedido el nombramiento de un duro del sistema en su lugar, Luis Neves, el Russo. Estuvo ocho años al frente de la Policía Judiciaria (PJ) y un total de treinta combatiendo todo tipo de crímenes: los fraudes online de los skinheads, o las estafas de Multibanco en Tancos, y hasta cómo compró una vivienda el Presidente en Espinho. El pasado 29 de enero, varios diarios portugueses publicaron que los dos principales movimientos neonazis en territorio portugués estuvieron presentes en la manifestación de Chega contra la inmigración descontrolada, después de los incidentes y algún asesinato en la plaza Martim Moniz de Lisboa. Entre ellos, el Grupo 1143, un centenar de ellos liderados por Mario Machado desde prisión. Poco después, un ex-dirigente de Chega, Rui Roque, fue detenido con un bate de béisbol y propaganda del 1143 en su casa, acusado de reunirse y cenar con estos simpatizantes.
El pasado 4 de febrero, el abogado António García Pereira, invocó las conexiones entre éstos y Chega y solicitó la suspensión de Chega como partido político después de la sentencia que les obligó a retirar una propaganda electoral contra los gitanos. A finales de octubre de 2025, García Pereira presentó una denuncia ante el Procurador General de la República para que el ministerio público accionara la ilegalización de un partido “que viola la Constitución” por su “evidente naturaleza sucesívamente reafirmada y reforzada, racista y fascista” -según su denuncia. El 24 de enero, el Tribunal Central de Instrucción Criminal decidió que cinco de los 37 miembros investigados del 1143, y con Mario Machado ya encarcelado por incitación al odio y a la violencia contra la comunidad musulmana, guardarán prisión preventiva hasta que el ministerio fiscal acabe la investigación, y que 29 de ellos se presenten semanalmente en comisaría.
La operación Irmandade resolvió que el 1143 se organizó “con naturaleza paramilitar como una anticipación a una eventual guerra racial” para desarrollar en 2026 acciones que ofendieran al profeta Mahoma. Y lo más grave: Tanto el coordinador del núcleo de Santo Tirso de Chega, Tirso Faria, uno de los sospechosos investigados por la Policía Judicial, como el adjunto a la dirección del distrito, Artur Carvalho, afirmaron que el diputado Rui Afonso “inscribió a decenas de miembros del grupo en el partido y les pagó varios meses de cuotas y cantidades para que fueran a votar. Lo único que sé -afirmó Faria- es que la cuantía anduvieron entre los 3.500 y los 3.800 euros”. Tirso Faria es militante de Chega y antiguo vicepresidente de la concejalía del partido en Santo Tirso. La dirección liderada por Rui Afonso ganó las elecciones internas en Oporto en septiembre de 2023, por 172 a 120 a Israel Pontes, después de que el diario Público denunciara que jamás se habían publicado esos datos, tras la investigación del periodista Miguel Carvalho. El grupo 1143 surgió hace ya veinte años como una facción de las peñas jóvenes del Sporting de Portugal. En ausencia de Machado, está liderado por Gil “pantera” Costa.
En este contexto llega Luis Neves al Ministerio de Administración Interna. Cuenta con la oposición del ex-Presidente, Passos Coelho. Han avanzado que el próximo director de la Polícia Judiciária será un policía y abrió apuestas para saber quién será: La prensa lusa aboga por José Monteiro, ahora frente a la PJ de Braga, después de dos últimos directores nacionales oriundos del Cuerpo, el propio Luis Neves y Almeida Rodrigues. La ministra de Justicia, Rita Alarcão Judice, a cargo de quien compete la sustitución de Luis Neves, aún no ha confirmado la decisión, si finalmente será José Monteiro, natural de Santo Tirso, que pugnará con Veríssimo Milhazes, el director adjunto, y con Pedro Machado, de la PJ en el norte, por un cargo que está investigando relaciones entre la ultraderecha y los neonazis lusos.
El salazarismo castigó con dureza al comunismo que surgió tras la revuelta de Marinha Grande en 1934, y la de Almada en 1936, para consolidar el Estado Novo acusando a los sindicatos, tanto anarquistas como a las células de la Comisión Intersindical Socialista en Silves, de “antipatriotas” alegando que traidores internos se aliaban con la dupla enemiga externa de Portugal: el español y comunista, que combatía en una guerra civil. Pero, con la misma determinación, tras la revuelta de Mendes Norton en 1935, Antonio Salazar prohibió cualquier movimiento de la extrema derecha y condenó al exilio de su líder a Londres. Salazar aprovechó la polarización para ocupar un espacio aún más amplio: Disolvió la creación de una quinta columna comunista e iberista con la apertura del campo de concentración de Tafarral, y luego el penal de Peniche; y se aprovechó a la violencia política en las calles desde 1910 para reforzar un Estado Novo, libre de los viejos partidos y sus vicios, creando la Legião y la Mocidade Portuguesa (como la OJE, pero con el uniforme pardo) tras sobrevivir a un intento de atentado, el 7 de julio de 1937, por un grupo de anarquistas, liderados por Emidio Santana.
União Nacional jugó un papel secundario, con una ideología rectora basada en la estabilización, cuya única función pasaba por captar las élites del poder como una verdadera organización que asalta el Estado, un régimen ordenado después de la represión que trabajaba por el bien común. Si acaso, para nombrar a dedo a los alcaldes y presidentes de freguesía, siempre que respetaran el cártel empresarial que ejecutó la economía autárquica, a diferencia de la España del INI. Pero para ello, Salazar rompió el fascismo a su favor, como Franco hizo después con la Falange. La derecha fascista o radical se había postulado con la Liga del 28 de mayo en 1927 y el Movimiento Nacional Sindicalista (MNS) en 1932, dirigido por Francisco Rolão Preto y Duarte Nuno, desde las publicaciones Nacão Portuguesa y el integralismo lusitano en la Revista de Estudios Portugueses.
Consiguió agrupar en torno al líder la derecha integralista de los monárquicos; el centro católico; el “ingenierismo" tecnocrático -con figuras como Oliveira Martins o Antonio Sergio- tras el Plan de Fomento; la derecha liberal o republicanismo conservador que inundaba las Fuerzas Armadas tan contrarias al bipartidismo y el sidonismo, con Mendes Cabeçadas al frente; y aquella embrionaria derecha fascista que fue fagocitada por el partido único con la Constitución de 1933.
La unión de las derechas se ha convertido también en una obsesión en democracia para alcanzar un gobierno estable. Portugal la ha roto de manera casi definitiva, y André Ventura confía en este divorcio para poder sobrepasar a la Alianza de gobierno, ser la derecha más votada e invertir la simbiosis. En España, estamos a un tris de continuar con la misma tendencia. Los próximos resultados determinarán el camino futuro: El modelo portugués de Chega, como el valenciano de Vox, pasa por el rechazo de cualquier gobierno en coalición, y mantenerse vigilados desde el parlamento… Antes con la PIDE contra el enemigo rojo común; y ahora entre ellos, con denuncias ante la Policía Judicial. La guerra esta abierta para los próximos tres años en Lisboa por liderar el ala diestra… ¿Y aquí?
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