Gobernar o fracasar antes de empezar

La trastienda

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18 de enero de 2026 a las 11:26h
Actualizado: 18 de enero de 2026 a las 11:31h

Extremadura entra en una de esas semanas clave para su futuro. Sin focos, sin filtraciones interesadas y con más llamadas que fotos, PP y Vox negocian algo más que un gobierno: negocian su credibilidad. Porque aquí no está en juego solo quién se sienta dónde. Está en juego si el llamado cambio político es un proyecto de legislatura o un parche para salir del paso.

Los números dan, de eso no hay duda. Lo que no está tan claro es la confianza. Vox no quiere volver a ser socio externo. Quiere entrar en el Gobierno. Y lo dice sin rodeos. No por el sillón —aseguran— sino por el control. El PP, por su parte, pide hoja de ruta y moderación. Quiere estabilidad sin perder el timón. Dos discursos distintos que persiguen lo mismo: mandar. Pero no de la misma manera.

Y aquí aparece el verdadero choque de perfiles. María Guardiola ha construido su liderazgo desde la moderación, el tono institucional y una distancia evidente con Vox. Durante mucho tiempo su relato fue casi antagónico al de la formación de Santiago Abascal. Ahora, esa misma presidenta se ve obligada a pactar con un socio que representa justo lo contrario de su estilo político. No es solo una negociación de poder: es una negociación consigo misma y su partido.

Pero Vox ya no es el de antes. Pasó de 5 a 11 escaños. Dobló su fuerza. Y eso cambia todo. Su nuevo líder, Óscar Fernández, no llega a la mesa a pedir permiso: llega a reclamar su sitio. Y lo hace con el aval de las urnas y el respaldo de una dirección nacional que ya no acepta medias tintas. Aquí no se discute una abstención: se discute quién gobierna y cómo.

La negociación es delicada porque llega con mochila. Vox arrastra la sensación de haber sido engañado otras veces. El PP, el temor a integrar a un socio con agenda propia, tono duro y poca paciencia con los matices. Así que todos hablan de responsabilidad mientras se miran de reojo.

Y todo esto con el reloj corriendo. Este martes se constituye la Asamblea. Llegar sin acuerdo no sería solo un problema institucional. Sería un problema político, narrativo y de imagen. ¿Cómo se explica a los extremeños que, con mayoría suficiente, no se haya sido capaz de construir una alternativa de gobierno? ¿Para qué se adelantaron las elecciones entonces?

Aquí no se discute una investidura. Se discute si Extremadura entra en una legislatura con rumbo o vuelve al bucle del bloqueo y, por consiguiente, a una nueva convocatoria electoral.

Porque gobernar no es firmar un pacto: es sostenerlo. Presupuestos, leyes, inversiones, decisiones impopulares… todo eso exige algo más que afinidad ideológica. Exige confianza y sentido de región.

Guardiola dice que Extremadura no puede parar. Vox dice que no permitirá que se frustre el cambio. Ambos creen llevar razón. Pero la razón, en política, solo sirve si se traduce en acuerdos estables.

El martes no se elige solo la Mesa de la Asamblea de Extremadura. Se elige si este tiempo político nace con proyecto o con coartadas.

Y eso, en una región como la nuestra, no es un detalle: es el principio de todo.

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Antonio Cid de Rivera
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