Gigantes

Al Paso

valbuena ok bn
02 de junio de 2026 a las 08:32h
Actualizado: 02 de junio de 2026 a las 17:39h

Ternura. Ya sé que un caso de corrupción tan palmario no debería causarme ternura. Quizá me cause también otras sensaciones, y hasta puede que un día les escriba sobre lo mismo en otros términos. Sin embargo, ahora, visto lo visto del juicio, o sea, casi nada, como que me causa ternura. Ya me disculparán. Una ternura bobalicona. Como de sí pero no. Como algodonosa.

Que la Diputación de Badajoz tiene sus manijeros creo que es sabido de todos. Tiene, más o menos, lo que votamos, mal que nos pese. Durante décadas ha sido refugio de piratas. Se sabe, sin más. Lo saben los que desayunan a dos pasos de palacio y los que desayunan en la más apartada dehesa. Se habla de que el que puede arrastra. De que fulano ha colocado a su cuñada y de que a mengano corta cabezas. Y sorbes el café y hasta untas la cachuela sin más, sabiendo que así ha sido y que así será. No tengo ya edad para ver amanecer otro sol. Detrás de la lavadora uno espera encontrar cucarachas y en la diputación, enchufados. Sin más. Sin sorpresas. El que un presidente con fama de mandón coloque a un amiguete no sorprende. No en los bares. No en las dehesas. Quizá un poquito en los juzgados que sospecho siguen siendo un tanto ciegos.

Y sobre el lodazal apareció él, el gigante, tan calladito, tan modosito. Uno de esos gigantes que en los cuentos asustan a los niños, pero cuando los niños se pierden en los bosques los rescatan y los devuelven a sus padres sanos y salvos. Un gigante al que no le veo manos de violinista, pero sí pulmones de tubista. O tubero. Manos de tubero. El gigante de las manos grandes es el beneficiario de este embrollo. Un beneficio que se le ha vuelto rana como si sus besos tuvieran el mal fario de convertir a las princesas en ranas. Un tipo sin suerte, al que lo de cobrar sin trabajar no le ha durado más que un par de años. Un tipo sin suerte, el patito feo de su hermano, que a diferencia de otros no consiguen perpetuar sus bicocas -en diputaciones o en lo que se tercie- in saecula saeculorum. Viéndole así, sentado en un asiento en el que no asientan sus posaderas, tan calladito, tan a la siniestra del malo del cuento, tan bobalicón, me causa ternura.

No tiene pinta de ser una buena pareja para una partida de mus, pero tampoco parece mala gente, a lo más, un simple. Tan simple que ni él ni su abogado tuvieron la precaución de preguntarse antes de ser preguntados dónde estaba la supuesta oficina en la que trabajaba ni qué trabajo desempeñaba en ella. O quizá el abogado dio por hecho que su cliente se sabía las generales de la ley. Y no. O a duras penas. Da la sensación de que el coordinador de la oficina de artes escénicas se dedicara a ordeñar nubes. Supongo que a eso se dedicará más de uno en nuestras muchas administraciones. Y no están en los banquillos. ¡Qué suerte! Ya sé que mi razonamiento crece torcido, pero es la brisa de cierta ternura por los desvalidos de buen corazón, por esos pobres de solemnidad que no dan una voz más alta que otra y comen de sus limosnas sin dar guerra. Un gigante tan grande, tan que no entrar en su butaca barra banquillo, tan ido, tan perdido en un bosque repleto de lobos de colmillos retorcidos. No lo niego, por muy tonto que fuera no lo sería tanto como para no saber que vivía del cuento de su hermano. Y, sin embargo, eso es lo normal, que los gigantes planten piedras para cosechar montañas… y que vivan en los cuentos.

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Fernando Valbuena
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