La gentry rural

Agua de mar

Mar Gómez Fornés.
23 de diciembre de 2025 a las 19:17h
Actualizado: 30 de diciembre de 2025 a las 09:56h

Jane Austen escribía desde su casita sobre la gentry rural, gentiles hombres dibujados en la niebla de la campiña y lo hacía sin más pretensión que la precisa descripción de los ambientes que la envolvían. Me gustaría ser ella y captar el zumbido de esa gentry, la imagen estática de una nueva Extemadura sin el croar de la izquierda como resonancia ibérica.

Han tenido que celebrarse unas elecciones en solitario para que Extremadura acapare gran parte de la atención mediática. Muchos se han enterado que el campo va más allá del espacio que rodea a una vaca y han hecho su incursión entre los brezales sin haber leído una hojita de Darwin o Dickens.

El sopapo del PSOE ha sonado a música de pájaros en los oídos de un PP que sigue entonando 'Oda a una urna' sin haber leído tampoco al joven John Keats. Un festival de turbulencias y aleteos con el dron de la gobernabilidad dando vueltas entre los picachos.

Tras los resultados del pasado lunes, la lección aprendida es que en política o dialogas o te dialogan, o bajas unos tonos o te los bajan desde fuera.

Tras la euforia inicial toca estudiar la anatomía de unos resultados que venían cantando los de Vox por la serranía; había flecos del poncho de Abascal por todos los caminos dejando pistas como las de Pulgarcito; su trote de jaca iba dejando la particular cadencia del dios Pan ante una ninfa Guardiola que tocaba la flauta.

Sería recomendable que alguien aconsejara a Guardiola templanza, prudencia, que tenga la calma de un estanque, pues aun teniendo enfrente al peor de los candidatos posibles, no ha removido la silla de los indecisos. ¿Cómo es posible que en el lodazal de un PSOE metido en los mil charcos de corrupción y abusos sexuales, el PP no haya arrasado? Menos autocomplacencia y más análisis.

De otro lado está esa fe ciega que en política tan malos augurios engendra; me refiero a las encuestas, que siguen mal calibradas y que chirrían como el portón de una cuadra en la cortijada. Quieren hacerse los estadistas y se rodean, como Sánchez, de Ivancitos Redondos que producen sólo la sustancia dulce que al jefe le interesa; son grillos modernos que con suaves chirridos construyen su particular monte de piedad.

Las crestas y montículos extremeños desde Miravete hasta Elvas se inclinan a la derecha. Gallardo se debate entre ir a coger aceitunas o plantar colinabos, tan ricos para el caldo navideño y familiar. Los niños de Vox y PP ya están a codazos por la piruleta de la Asamblea de Extremadura, el sillón codiciado del Parlamento. Estarán unos días reñidos por el ovillo de lana, peleados por las chuches de la vibrosfera pero finalmente acudirán a las campanas de su iglesia donde escenificarán el casamiento. Abascal le traerá a Guardiola mimosas pero antes le dará cangrejos de río con ese modo eólico y pastoril tan de Anatolia.

Termino mi relato navideño escarbando huesos, recogiendo del suelo colémbolos y ácaros de la resaca electoral, es como si viniera chorreando de una fiesta que termina por culpa de la lluvia en el campo y un chaparrón hubiera destrozado las mesitas, los manteles y las cestas con margaritas. Pero a la vez hay mucha belleza porque los habitantes del suelo llevan a cabo sus vidas con ronquidos de ururú.

Ya lo dijo Baker: “no son los árboles los que hacen un bosque, sino la forma de la luz restante”; en la vida no todo es política, hay vida desperdigada por el suelo, auténtica vida tropical.

Y conviene recordar que hasta el dinosaurio trombón desapareció de la faz de la tierra.

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Mar Gómez Fornés.
Mar Gómez Fornés

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